Paris estaba boca arriba atada de brazos y pies a una cama, miró a su alrededor, la habitación era muy pulcra, todo estaba en tanto orden que le producía escalofríos. Era consciente de cómo había llegado hasta allí, aún le dolía el abdomen a penas y le habían saturado la herida. En el momento en el que Denalio entró a la habitación, sintió la ira inundarle... — ¡Eres un desgraciado! —gritó con todas sus fuerzas. —Silencio —se acercó a ella, pudo notar que en sus manos llevaba una caja de madera —. Todo estará bien —musitó sonriendo, en esos momentos se veía tan enfermo, su expresión tan suave y tan calculadora era inquietante —. No temas, no tendrás que forcejear conmigo nunca más. Seguido besó los labios de Paris delicadamente, ella inmediatamente apartó su rostro como pudo. — ¡Eres

