Prologo

2483 Palabras
Frontera de Washington D.C. con Virginia, Estados Unidos. Marzo, 2017 Los jóvenes se movían a toda velocidad, con la adrenalina corriendo por sus venas y a coordinación como una máquina bien engrasada. Nunca habían imaginado que ese día pudiese llegar, pero allí estaba como una misericordia del cielo. No habían tenido una oportunidad como esa, encontrar uno de los escondites de Denalio y entrar, era una victoria que no habían conocido. Tenían altas probabilidades de hallar cualquier cosa que pudiera incriminarlo, dejarlo al descubierto y liberarse él de una vez por todas. Añadiendo como un extra el hecho de que Boneka había logrado burlar a sus guardaespaldas para acompañar a Lucas y a Paris en algo tan importante. Pero era muy bueno para ser verdad, no había ni un solo nivel de seguridad en esa casa, y todo estaba demasiado tranquilo, aun así, quisieron continuar y esa fue su peor decisión. Paris había intentado entrar a una computadora del lugar y lo único que habían logrado era activar una alarma que segundos después les cortó la electricidad. Ahora, estaban a oscuras, peleando contra los hombres de Denalio para salir de allí. Pero el caso era que Boneka Kallen, no tenía ninguna habilidad de batalla, se sentía inútil, ni siquiera tenía un arma, pero necesitaba hacer algo. Distracción. Eso podía hacerlo, miró a su alrededor, la puerta trasera estaba a unos metros detrás de ella y bajo las escaleras. Miró hacia arriba de las escaleras, donde Paris luchaba cuerpo a cuerpo con uno de los sujetos, mientras Lucas acababa de aparecer por el pasillo, parecía que se había librado del hombre con el que peleaba. Sus miradas se encontraron y agradeció que su simple gesto en dirección a la puerta, fuese entendido. Lucas sacó algo de su bolsillo y lo lanzó hacia ella. Boneka entendió que se trataba de las llaves del auto, intentó atraparlas, pero era torpe con el cuerpo por lo que las mismas cayeron a su lado en el suelo. El sonido fue notorio porque además habían golpeado un cuadro antes de caer, el sonido del cristal rompiéndose fue lo que captó la atención del atacante con el que luchaba Paris. Este pateó lejos a la chica, mientras que entonces el otro al que Lucas había dejado atrás volvía a parecer. —¡No vas a huir, muñequita! —gritó uno. En ese momento, La adrenalina recorrió su cuerpo, tenía que salir, alejar a esos hombres de sus amigos. Ambos intentaron ir tras de ella, mientras que Lucas y Paris intentaban evitarlo. —¡Corre! Boneka se agachó lo más rápido que pudo, tomó las llaves de en medio de los cristales rotos y se dispuso a salir. En cuanto abrió la puerta, comenzó a correr. El auto estaba a un costado de la casa, unos cuantos metros que podría recorrer presionando sus piernas a máxima velocidad. ¿Realmente era un buen plan? No lo sabía, pero la idea era que fueran detrás de ella para así dejar libres a Lucas y Paris. Debía concentrarse, no podía dejar que le hicieran daño a ninguno de ellos. Boneka corrió hacia el lateral del lugar y a largos metros de distancia visualizó el Jeep de Lucas. Continuó corriendo, sabía que los hombres estarían buscando las formas de llegar a ella, porque ese era el asunto, Boneka era el objetivo. Ya estaba más cerca del Jeep, tenía en su mano derecha las llaves… —No vas a huir. Todo se detuvo para ella. El tiempo, su cuerpo, sus sentidos, todo menos los latidos de su corazón. Apareciendo detrás del Jeep, estaba él, Denalio. —¿Qué es…? —ni siquiera podía formular la pregunta. No sabía ni qué era lo que iba a preguntar. —Lo sé, estás asombrada de verme, ¿no es así? Él avanzó unos cuantos pasos que Boneka comenzó a retroceder. —Tú casi matas a mi padre, ¿no es así? —preguntó con su voz hecha un desastre. La forma en la que él sonreía, en la que la miraba, incluso en la que caminaba hasta ella, la producía nauseas, su mente se nublaba… estaba aterrada. —Oh, mi muñeca, ¿cuándo entenderás que yo haría cualquier cosa por ti? Allí estaba. Él lo había hecho, Denalio había confirmado ser el atacante de su padre, de alguna u otra forma, había sido él. Casi se repite el incidente Kennedy, una bala que apareció de la nada en un discurso que daba su padre para el país solo podía ser obra de Denalio. Se quedó estática, su mente no la dejaba hacer nada más, estaba tan cansada de que él hiriera a todos lo que quería, estaba tan harta de temer por los que la rodeaban. Sintió la mano de él deslizarse por su rostro. Cada molécula de su cuerpo gritó de miedo, de pánico… —No hay nada en este mundo que no intentaría por tenerte. Boneka no quería sus manos sobre ella, no lo quería cerca. —Aléjate. —No, tranquila, escúchame —tomó su rostro entre manos—, vamos a irnos juntos, justo ahora, yo sabía que vendrías hasta aquí. —Pero no está sola —la voz de Lucas la trajo de vuelta a la vida. Sin embargo, Denalio la tomó por la cintura pegándola a él. —Hijo mío — su voz inquietantemente tranquila —, creí que tenías una novia que salvar. Boneka estaba de espaldas a Lucas, no podía ver la expresión en su rostro. Intentaba alejarse de Denalio, pero este había comenzado a presionar sus costillas con una fuerza que comenzaba a dañarla. —Estamos en el siglo veintiuno —le respondió —, las princesas vuelven prendas la piel del dragón y colocan al guerrero a sus pies. Denalio rió de forma amarga y entonces apretó con más fuerza a Boneka. —Me estás lastimando — se quejó Boneka. En un par de oportunidades, cuando era pequeña, eso había sido suficiente para que Denalio se alejara… pero en otras, él solo aumentaba la presión, tal como lo hacía en ese momento. —Vamos a casa, muñeca — fue lo que dijo al depositar un beso en su cabello. Boneka no podía observar mucho, pero lo que vio fue suficiente. Paris caminaba con extremo cuidado en su dirección haciéndole señas que pudo comprender. —Hiciste que viniéramos aquí a propósito, ¿no es así? — preguntó Boneka para evitar que Denalio escuchara a Paris acercarse. —Por supuesto — le respondió acariciando su cabello —, te necesito conmigo, ¿lo entiendes? —¡Claro que no! Luego de esa frase, Paris golpeó la columna de Denalio con un tronco. La acción lanzó a Denalio al suelo con Boneka, sin embargo, esta logró caer fuera de los brazos del psicópata. Boneka se arrastró sobre su espalda para alejarse más, observando entonces cómo Paris golpeaba una y otra vez la espalda de Denalio. —¡Vamos, Boo, vamos! — Lucas tomó sus manos y la hizo colocarse de pie. —Vamos — respondió aún un poco aturdida. —¿Las llaves? —Aquí. —Increíble que no las soltaras —se enorgulleció él. Seguido, ambos caminaron hasta el auto rodeando a una Paris realmente furiosa. —¡Sube, Paris! —le indicó— ¡Paris, basta, vámonos! Tomó sus brazos y la hizo retroceder. Boneka abrió la puerta trasera observando cómo Paris parecía intentar enfocarse. —¡Hay más hombres alrededor, tienen que haberlos! —dijo Paris al reaccionar —¡Tenemos que irnos, ya! Boneka se subió a la parte trasera mientras que Paris subió al puesto del copiloto y Lucas al del conductor. —Puedo pasarle por encima —dijo él mientas cerraba la puerta. —No, cuando encuentren su cuerpo lograran localizarte —explicó Boneka. El auto hizo un ruido para nada agradable. —Pero ¿qué…?  — se quejó Lucas. Boneka observó cómo intentó encenderlo de nuevo y este respondía con el mismo sonido. —¡Nunca había hecho eso! —¡Acabas de sacarlo de la agencia, es obvio que no es una falla! —se alteró Paris. La puerta junto a Boneka se abrió de pronto. —¡No voy a dejar que te vayas! — Denalio habló determinado. Boneka gritó e intentó alejarse, pero Denalio había conseguido tomar su pierna. —¡Maldito enfermo! — gritó Paris. Boneka utilizó toda su fuerza para para patear con su pierna libre a Denalio, mientas que con sus manos se sujetaba de la puerta contraria. —¡Ya déjala en paz! — gritó Lucas. Y entonces toda fuerza que la halaba se perdió. Lucas había comenzado a asfixiar a Denalio. —¡Vamos, vamos, vamos! —Paris la tomó por los brazos. Su cuerpo pronto estuvo fuera del Jeep y sus pies llegaron a tierra. —Hay que correr hacia allá —Boneka le señaló hacia la derecha—, hay fogatas, mira. Paris giró la mirada y ambas pudieron observar varias columnas de humo separadas por cortos metros. Era un bosque de acampada. —Vamos —asintió Paris tomando su mano—. ¡Lucas! Y sin esperar respuesta, rodearon el Jeep, Boneka pudo ver al chico colocarse pie y dejar a Denalio en el suelo, así que le gritó con urgencia: —¡Corre!  -¡Como el viento, tiro al blanco! — respondió él. Así todos comenzaron se alejaron de allí como si no hubiese un mañana. Y es que no lo habría si no lograban escapar. Los primeros metros no presentaron gran dificultad, Lucas iba delante de ellas y todos echaban una mirada hacia atrás para intentar verificar que Denalio no estaba allí. Pero entonces, como si se tratase de una película, un ruido los detuvo. —¿Eso es…? —Un auto —lo interrumpió Boneka. —¡Debemos conseguir uno también! —Rápido, por acá — indicó Paris halando a Boneka hacia la izquierda. Denalio había conseguido encender el Jeep de Lucas o bien había tomado otro vehículo, sea como fuere, él tenía la ventaja. Era bastante difícil correr por el bosque, más cuando Boneka ni siquiera estaba acostumbrada a correr. Sentía que la respiración comenzaba a faltarle y su vista a nublarse debido al cansancio, pero no podían parar. Corrieron por un par de metros más hasta que finalmente observaron unas tiendas de acampar. —¡Más rápido! —apresuró Lucas. Boneka pudo entender por qué, en cuanto el camino se iluminó. El auto de Denalio los había encontrado y estaba detrás de ellos. Paris era ágil llevándola a través de árboles para que al auto se le fuese más difícil atraparles o bien dispararles. Sin embargo, Boneka sabía que, por el hecho de que ella andaba allí, ya no dispararían más, Denalio no se arriesgaría a perderla. —¡Hay una camioneta allí! —Paris se entusiasmó y Boneka también. El vehículo de Denalio dio la impresión de haberse detenido, no sabía con certeza si eso era bueno o malo. Pronto se adentraron en el campamento y entonces visualizaron a un par de jóvenes sentados en la camioneta y otro par alrededor de una fogata. —¿Se les ofrece algo? —preguntó un chico colocándose de pie. Boneka miró la sonrisa formarse en el rostro de Paris. —Sí, su camioneta —exigió sin titubear. Había sacado el arma de nuevo y les apuntaba a todos completamente decidida. Los presentes se asustaron inmediatamente. —Oye, chica, creo que debes calmarte — habló otro muchacho saliendo del vehículo. De pronto, disparos se escucharon detrás de ellos. Boneka se giró de inmediato para observar así a Lucas escondido detrás de un árbol con pistola en mano. Los hombres de Denalio, y quizás este también, les estaban disparando. —¡Muévanse, ahora! —repitió Paris comenzando a caminar entre ellos y apuntándolos decidida. —¡Paris, ahí vienen! —¡Corran! —esta vez habló Boneka — ¡Escóndanse, huyan! ¡Ya! Y eso fue suficiente para que todos los muchachos salieran corriendo sin más. El que antes estaba sentado en el asiento del conductor, fue el primero en salir de allí seguido por la que seguro era su novia. Paris se posicionó en el lugar del conductor y Boneka se subió de inmediato al copiloto. —¡Vamos, vamos! — llamó a Lucas. Él corrió y se lanzó dentro del asiento trasero, luego de eso, Paris arrancó de inmediato. Antes de dejar atrás la fogata, Boneka miró a través del retrovisor y pudo observar así a Denalio dando ordenes a sus hombres, lo vio señalar la camioneta y luego moverse a la suya. —Van a perseguirnos —afirmó Boneka. —Lo sé — dijo Paris pisando el acelerador. —Debemos llegar rápido a la autopista — insistió Lucas. —No, tardaremos más en librarnos de ellos — explicó Boneka. —Esto es lo que vamos a hacer, ustedes realizarán el clásico, yo dirigiré el auto al acantilado y nos veremos en la estación de autobuses —propuso Paris. Boneka la observó completamente espantada. —¡No! ¡No vamos a dejarte por…! Y antes que Boneka pudiese reprochar, disparos golpearon la lata del auto. —¡Ese malnacido! —se quejó Lucas — ¡Está manejando! —¿Denalio está manejando? — se extrañó Boneka. —Sí. —¡Eso es mejor! — Paris habló emocionada — Puedo con él, ya sé lo que haré. —Es Denalio, no te confíes — Lucas asomó su cabeza por el espacio de los dos asientos. —Tranquilo, estaré bien, ustedes hagan el clásico, regresa a Boneka al hotel como estaba en el plan, yo los alcanzo allí. —Te doy una hora como máximo, si no, vendré a buscarte —advirtió Lucas. Una ráfaga de tiros los hizo a todos agacharse. El vidrió trasero había explotado. Boneka estaba asustada, no por ella, no por saltar, sino por dejar a Paris por su cuenta. —¡Prepárense! —gritó Paris — ¡Voy a cruzar! Boneka tomó la manija de la puerta en su mano y miró a Paris. ¿Por qué tenía la inminente sensación de que iba a perderla? —Cuídate — le exigió. —No vayan a detenerse, Boneka tiene que estar de regreso como planeamos o ns descubrirán y habrá problemas —dijo Paris. —Como si no tuviésemos problemas más grandes que Lanny regañando a Boneka por escaparse a una fiesta con nosotros —fue lo que Lucas dijo. —En tres, dos… —¡Uno! La voz de Lucas fue lo último que Boneka escuchó. Su cabeza daba vueltas, su cuerpo se golpeaba una y otra vez con el suelo, la tierra se adhería a su piel y para el momento en el que todo se detuvo, su rostro pegaba del suelo. Ella y Lucas habían saltado del auto en movimiento, al instante en el que Paris cruzó, de esa forma, Denalio no notaría su hazaña. —¿Boo? ¿Boo, estás bien? Ella se giró para caer sobre su espalda, la voz de Lucas se escuchaba forzada. —Sí, ¿tú? — respondió con dificultad —Sí. Lo vio a unos metros a su derecha, tenía sus brazos abiertos a ambos lados de su cuerpo, tal como ella lo hacía. —Ella es la mejor en estas situaciones al estilo escape, recuerda quién es su padre. Boneka dejó salir un suspiro. —Estás asustado por ella, ¿no es así? —Inminentemente. —Hay que confiar en ella. Ambos se quedaron allí intentando recobrar el aliento. Boneka pensó entonces en la situación, una vez más había puesto a sus seres queridos en peligro, Lucas y ella estaban bien y debía confiar en que Paris lo estaría, pero le molestaba en gran manera que su misión fuese un fracaso. En unos meses Boneka cumpliría la mayoría de edad, era más que obvio que Denalio intentaría acabar con sus padres otra vez. La idea llegó entonces a su mente. —Necesitamos tiempo —dejó salir. —¿Para recobrar el aliento? Ya lo creo, pero no podemos, hay que movernos — Lucas se esforzó por colocarse de pie. —No —negó sentándose—, para dejar en descubierto a Denalio. —Eso es obvio, Boo, pero se nos están agotando todas las posibilidades y… —Voy a huir. Lucas la miró incrédulo. —¿Qué? ¿Te has golpeado la cabeza? —Sí, reiteradas veces. —Boo… Se colocó de pie, avanzó hasta Lucas y colocó las manos en sus hombros, estaba decidida, por su mente pasaban miles de análisis e hipótesis al mismo tiempo. Respiró profundo y entonces afirmó: —Huiré, eso va a desestabilizar a Denalio, seguro cometerá errores, no cuenta con que un día, de la nada, yo no esté en su radar y entonces… Lucas entendió y completó su oración: —Podremos atraparlo.
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