Jimena mantiene su juego

1729 Palabras

—Romina… necesito que te encargues de que el abuelo tenga un funeral digno —pidió Melissa, con la voz entrecortada al otro lado de la línea. Romina sintió que el alma se le comprimía. Aún no podía creer que el viejo se hubiese ido tan de repente. Pero al escuchar la voz de su hermana, comprendió que algo más pasaba. —¿Qué sucedió, Mel? ¿Por qué hablas así? —preguntó con suavidad. —Él estaba esperando que yo llegara para morir —susurró Melissa—. Me lo dijo en sus últimos minutos. Y yo… me despedí. Romina no supo qué responder. Las lágrimas le rodaron sin permiso. El abuelo había sido un bastión, una figura firme en sus vidas. Su partida les removía todo. —Pero hay algo más —añadió Melissa, más firme esta vez—. Me voy, Romina. Me iré lejos, esta noche misma. —¡¿Qué?! ¡No puedes! ¿Y Mas

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