Estoy nerviosa. Quizá fui muy estúpida al invitarle un trago, tal vez se fue y yo estoy aquí como una estúpida esperándolo. Me acomodo el vestido en el escote y me muerdo los labios, esperando un milagro tal vez, porque ya llevo quince minutos aquí, esperando. Entonces me distraigo admirando el borde de una botella que sujeta el bartender cuando alguien se sienta en la silla de al lado. -¿Qué vamos a beber? -Es Jack. Aff... Que alivio saber que no me ha embarcado. -¡Señor! -le grito al hombre del otro lado de la barra- Lo más fuerte que haya por favor, somos dos. El hombre asiente. -¿Ahora bebes como albañil? -pregunta el castaño. Me río. -No. -vislumbro su rostro, me está viendo fijo- Pedí algo fuerte, ¿pero quién dijo que serian litros? -Me parece bien, porque no tardaré mucho e

