Luca:
—Esto es inhumano—gruñó Luca Lee mientras se reclinaba en su asiento, buscando colocar la mayor distancia posible entre él y la pantalla sobre el escritorio.
—No, Luca, no es inhumano, es trabajo de oficina—lo corrigió Elena con los brazos cruzados sobre su pecho, intentando contenerse a sí misma para no asesinarlo en la oficina de Dorian.
Luca soltó un bufido.
—¿Cuál es la diferencia? Es una tortura—el chico de mirada tormentosa paso una mano por su cabello revuelto, como si fuera capaz de sacar ideas de entre las hebras de su cabello.
Elena apretó los dientes con fuerza y aguardo un par de instantes, mientras contaba hasta diez para liberar un poco del enojo que la convertía en una bomba de tiempo.
—Si sigues quejándote no vas a aprender a hacer las cosas y vas a defraudar a Dorian—dijo ella con rudeza.
Luca se quedó petrificado en su lugar, mientras el miedo a decepcionar a Dorian lo abrumaba.
>—Recién comienzas, este es tu primer día, es normal que te cueste entender la agenda y el sistema de organización de la empresa—repuso Elena, viendo el desconsuelo y la desesperación que abordaban al exagente.
Luca guardó silencio, permaneciendo con los ojos cerrados y la cabeza hacia el techo.
>—Si quieres puedes ir a la cafetería por lo que resta del día, te prometo que no le diré una sola palabra a Dorian—.
Al finalizar aquello, la Diosa de oro guardó silencio algunos segundos expectantes de una respuesta de Luca, pero al no obtener nada a cambio simplemente se dispuso a marcharse del lugar.
Estaba llegando a la puerta, cuando el exagente se atrevió a hablar.
—¿Que debo hacer, Elena? —soltó Luca con dolor—¿Cómo sigo?
La hermosa mujer era demasiado lista y astuta como para comprender que Luca no se refería a ningún tema relacionado a la empresa de Dorian.
Con pasos ligeros ella volvió hacia él, sentándose en el escritorio con la mirada fija más allá del mundo que se impone detrás de las ventanas de cristal.
—Reconfórtate en el dolor—soltó ella con tranquilidad.
Luca abrió los ojos y los clavó en ella, con un gesto de sorpresa en sus facciones.
—Lamento mi escepticismo, pero suelen recomendarme otra cosa... algo así como "suelta el dolor" o "déjalo ir"—por un momento sintió que aquella mujer estaba peor que él.
Sin embargo, Elena volvió a hablar con la misma calma que un pez nadando en el río.
—Y yo te dije que te reconfortaras en el dolor—respondió ella con simpleza—. Aiden se fue, está muerto y no vas a volver a verlo en este mundo, sin embargo, no se fue en su totalidad.
>—Sientes dolor, tristeza y desesperación, una agonía que te ahoga—Elena tomó la mano de Luca al ver que sus ojos se llenaban de lágrimas—. Debes estar feliz de sentir eso, ya que significa que lo que sentiste por él, todo ese amor, fue real y seguirá siendo real en tanto tu corazón siga latiendo.
>—Caminaras por este mundo sabiendo que experimentaste un amor tan grande que al perderlo sientes que tú también te mueres—Elena le obsequió una sonrisa gentil—. Pero no te morirás, aun no es tu momento. Y hasta que ese día llegue, tu deber será mantener vivo el recuerdo de ese gran amor, y ser la envidia de todos los que morirán sin haber experimentado algo minúsculamente comparable.
Luca separó los labios ligeramente y observó a la hermosa mujer con asombro. Él sabía que ella era lista, pero jamás imaginó que pudiera cargar consigo tal sabiduría.
—Gracias—susurró él, sin soltar su mano.
—No me lo agradezcas, me resulta demasiado patético trabajar con un hombre que no puede aguantar una hora sin llorar en silencio—dijo ella, sacando la mano de la de Luca—. Los demás empleados hablarán y creerán que te hago sufrir. Solo harás que mi mala reputación crezca.
Luca esbozó el fantasma de una sonrisa, mientras se preparaba para recriminar tal acusación.
Sin embargo, en ese preciso instante llamaron a la puerta y dos hombres pasaron. Uno era empleado de la compañía, el otro un completo extraño.
—Señorita Lorcha, hay alguien que quiere hablar con usted de asuntos relacionados a la empresa—anunció el empleado.
Elena asintió a él, mientras se bajaba del escritorio y adquiere una postura más profesional.
El desconocido avanzó un par de pasos al interior de la oficina, con pasos elegantes y en extremo sofisticados, mientras una sonrisa encantadora bailaba en su hermoso rostro.
—Hola, buenos días. Me presento, mi nombre es Gabriel Chan y estoy interesado en entablar lazos comerciales con esta empresa—dijo el hombre con tranquilidad, logrando disfrazar a la perfección las mentiras y su verdadera identidad.
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Hola corazones de fuego ¿Cómo están? ¿Qué les pareció este nuevo capítulo? Espero que haya sido de su agrado.
Les tengo una buena noticia (finalmente algo bueno), pero no lo podre anunciar con seguridad hasta el lunes próxmino. Lo hare a traves de mi grupo de lectores en f*******: ya que ahi se encuentran miembros de muchísimas plataformas ( nombre del grupo: Hearts of fire).
Estoy muy feliz, emocionada y anciosa, porque estoy segura de que esta noticia les va a gustar a todos ustedes ♥.
Les envio un enorme abrazo de oso lleno de amor, nos vemos pronto, en el proximo capítulo.
Valentina M. Laborde