La música iba desde las paredes hasta los oídos de Tate, iba y venía como las horas del reloj. El castaño estaba sentado en uno de los grandes sofás de la casa, las cervezas y bebidas con grandes cantidades de alcohol iban y venían. Nuestro personaje no había ingerido ni la más mínima cantidad de aquellas fuertes bebidas, tenía la vista pegada en el suelo lleno de vasos y latas, sin hablar de algún que otro envoltorio de condones, nunca faltaban aquellas cosas. — Tate. — llamó Cameron, el nombrado giró la cabeza abriendo grande los ojos preguntado con ellos que requería — ¿Me prestas un condón? — interrogó, con una mano en la nuca mientras señalaba con la cabeza a una chica de contextura delgada, alta y cabello corto hasta la mandíbula. — Perdona, no tengo ninguno. — co

