—Mírame —ordené, y su mirada se fijó en la mía. La mantuvo así. Bajé sus brazos y me moví para que mi espalda estuviese contra la pared; le di la vuelta y tiré de ella para que quedase frente a mí, posicionando su espalda de un modo que estuviese presionando contra mi pecho. Blade observaba con una sonrisa de complicidad en el rostro, esperando pacientemente por lo que estaba a punto de ofrecerle. El dulce y húmedo coño de nuestra compañera. —¿Qué estás...? —Mi compañera nunca terminó su pregunta, pues enredé mis manos en su cabello, en la base de su cuello, e incliné su mentón hacia arriba hasta que nuestros labios casi colisionaron. Esa posición la dejaba girada y vulnerable. Abierta a las atenciones de Blade. Bajé mis labios para rozar los de ella, y susurré: —Blade va a bajarte l

