autor : José Miguel vivone
Una historia original
INTRODUCCIÓN
La Vía Láctea ardió en silencio.
Los humanos, los menos preparados para la tecnología que ambicionaban controlar, creyeron que podían dominarla.
Creyeron que podían doblegar a otras galaxias.
Fue un error.
Su ambición encendió una guerra sin precedentes.
Mundos contra mundos.
Sistemas enteros borrados del mapa estelar.
Civilizaciones reducidas a cenizas.
La Vía Láctea se convirtió en un campo de exterminio.
Planeta tras planeta cayó.
La Tierra ardió junto al resto.
Cuando la guerra terminó, no hubo vencedores.
Solo ruinas flotando en el vacío.
Pero antes de desaparecer, los terranos dejaron algo más que destrucción.
Habían enseñado un juego.
El fútbol.
Un juego capaz de sacar lo mejor de cada ser:
habilidad, fuerza, ingenio y pasión.
Un juego que unía incluso a los rivales.
Cuando la Vía Láctea murió, el juego sobrevivió.
Y las galaxias comprendieron una verdad inquietante:
si ese juego había logrado contener la naturaleza humana…
quizá también podía contener al universo entero.
Así nació el Torneo de las Mil Galaxias.
Un solo torneo.
Mil galaxias observando.
El destino del universo en juego.
Los humanos fueron siempre los menos preparados para la tecnología que ambicionaban controlar.
Aun así, creyeron que podían dominarla.
Y con ella, dominar a otras galaxias.
Fue un error.
Impulsados por su ambición, intentaron doblegar mundos que no comprendían.
Despertaron fuerzas antiguas.
Provocaron alianzas imposibles.
Encendieron una guerra que nadie pudo detener.
Mundos contra mundos.
Sistemas enteros borrados del mapa estelar.
Civilizaciones reducidas a cenizas en cuestión de ciclos.
La Vía Láctea se convirtió en un campo de exterminio.
Las flotas humanas cayeron una tras otra.
Sus armas, insuficientes.
Su tecnología, superada.
Su orgullo, intacto hasta el final.
La Tierra ardió junto al resto.
No hubo evacuación.
No hubo último mensaje.
Solo un destello final antes del silencio.
Cuando la guerra terminó, no hubo vencedores.
Las galaxias supervivientes observaron el vacío dejado atrás, conscientes de una verdad brutal:
la guerra abierta llevaba a la destrucción total.
Así murió la Vía Láctea.
Y con ella, todos sus planetas.
Incluidos aquellos que creyeron que podían gobernar el universo.
Del polvo de esa catástrofe nacería
El Torneo de Las Mil Galaxias