Capítulo 8

4241 Palabras
Me revuelvo en mi cama como cual gato desperezándose al despertar. Llevo días sin dormir tan bien como hoy, por lo que me permito unos minutos extras de relax, me cubro la cabeza con la sábana ocultándome de la realidad, cubriendo mi visión de aquella solitaria y fría habitación , suspiro restregando mi rostro aún somnoliento contra el pedazo de cielo que tengo debajo de mi, como si de un sueño se tratase, unos brazos se hacen dueños de mi cintura, tira de mi pegándome a un cuerpo caliente y familiar, se siente tan bien... “!espera un momento! ¿un hombre?” De un salto me reincorporo y con rapidez abandonó la cama, mis pies descalzos deberían de tocar un piso frío y con imperfecciones, pero lo que piso es una suave alfombra perfectamente blanca, impoluta sin ninguna mancha, sobre la cama matrimonial descansa Derek, o al menos lo intenta pues con el ceño fruncido me mira, mientras yo solo miro a mi alrededor, sé reconocer la que antes era "nuestra " habitación, a cada lado de la cama hay un tocador que por cierto, yo elegí, la habitación es completamente blanca, así lo quiso él, en el lado izquierdo hay una doble puerta que da a su vestidor, a lado de esta hay otras dos con acceso al mío propio, en el lado derecho hay una puerta con acceso al cuarto de baño privado, mi tocador sigue en el mismo sitio donde lo dejé, esta vez repuesto de nuevo maquillaje, de la misma línea que los míos, del mi mismo tono, lo sé. — vuelve a la cama — murmura un adormilado Derek. Instintivamente cubro mi cuerpo con mis manos como buenamente puedo, el castaño observa divertido mi reacción, realmente no es que esté desnuda del todo, aun conservo mi ropa interior, por no decir que él ya me ha visto con menos ropa de la que llevo encima. — ¿Que pasó anoche?— pregunto decidiendo por dejar de lado cualquier tipo de pudor. Después de aquel tórrido reencuentro en aquella misteriosa habitación no recuerdo con claridad el resto de la noche, vagos recuerdos llegaban a mi mente como ráfagas, Derek golpeando a un chico, copas y copas que el barman y desconocidos me invitaban, Stefany especialmente apegada a otro desconocido, cosas que no tiene sentido, me mataba no recordar lo sucedido, si después de ese desliz hubo más…sacudo la cabeza ahuyentando pensamientos que no parecían apropiados. — si crees que nos volvimos a acostar después de todo lo que bebiste, mi respuesta es no — habla esta vez con un tono mas seco— no me va la necrofilia, Alex, me gusta que mis mujeres estén totalmente conscientes— dice con una media sonrisa, esta vez divertido, nuevamente. Relajado se recuesta sobre el respaldo de la cama, con los brazos detrás de la cabeza a modo de almohada, pero mi mente está en otro asunto, no deja de repetir una y otra vez "mis", mi mente masoquista imagina el paso de miles de mujeres por esta misma casa, que han pisado esta misma alfombra y de solo pensar en ello algo en mi interior se remueve, un malestar en el estómago y se que es el momento de marcharme, no quiero estar aquí. — ¿por que estoy aquí? — pregunto esta vez haciendo notar mi molestia. — estabas borracha y no te quería dejar en ese sitio que llamas "casa ", no creo que sea segura . — ¿ Desde cuando te importa mí seguridad— pregunto cortante. No espero que me responda, con la poca dignidad que me queda, salgo de la habitación dando un fuerte portazo, el Penthause sigue como siempre, nada ha cambiado, al final del pasillo está la habitación de invitados, inútil por cierto, bajo lentamente por la escalera de caracol, siempre me gusto esta casa, un amplio salón de doble altura, grandes ventanales que daba salida a un amplio balcón llenos de flores y una barbacoa que nunca usamos, la cocina y la sala-comedor está dividida por una barra de desayuno hecha de mármol gris, en el interior se escuchan los ruidos de las sartenes, curiosa me acerco hacia el ruido, una pequeña isla adornaba el centro de la cocina, amplia y cómoda. — Buenos días Theo— saludo llamando la atención de la dueña de ese desastre. La ama de llaves, parpadea un par de veces sorprendida, como si no se lo acabase de creer, lentamente y algo dubitativa se acerca para después envolverme en sus cálidos brazos, encantada le devuelvo ese abrazo y me dejo mimar, con ternura me coge la cara y deposita un suave beso en mi frente, ese simple gesto hace que algo dentro de mí se rompa, un nudo se forma en mi garganta, ella lo nota y niega con la cabeza, no es momento de romperse, entendí eso. — ponte esto, no quiero que te resfríes— dice donándome su ancha sudadera. No me opongo, pues pese a estar en pleno verano, la temperatura del interior de la casa siempre es mucho menor, la sudadera me llega casi a los muslos, Theo es una mujer grande, blanca de cabello oscuro y ojos negros como la noche mas oscura, cabello recogido en un moño alto, algunas canas revelaban su vejez pero su piel bien cuidada engañaba al que la viera, siempre con vaqueros negros y camiseta blanca, a veces con delantal y otras en pijama como la típica ama de casa, pero los tatuajes de su brazo derecho desvelaban parte de su pasado. — desde que te has ido las cosas aquí se han vuelto raras — dice bajando la voz, como si fuera nuestro secreto — el señor Derek ha estado comprando ropa de mujer, decía que sabía que ibas a volver — me da un codazo como dándole la razón — y mírate! Su confesión me sorprende, no me imagino a Derek en tiendas buscando un vestido o simple ropa interior, antes solo me hubiera cedido su tarjeta crédito con un "cómprate algo lindo ", esa era su forma de hacerme un regalo, ¿que había pasado con el romanticismo?, murió, ya no existen hombres dispuestos a conquistar a una mujer como se merece, se acabaron los paseos cogidos de la mano en algún parque, de los tontos helados compartidos, de los ramos de flores con sosas cortas de amor, ahora se piensan que por tener muchos ceros en su cuenta bancaria ya son el hombre perfecto, no es así, pero que puedo decir, tal vez estén en lo correcto, tengo que admitir que hoy en día también hay mujeres que se mueven por el dinero, yo en cambio me identifico más con ese pequeño grupo que no le importa ese pequeño dato, va más allá y Derek esta obsesionado con el. — El no nos deja acercarnos— dice señalando ese hermoso piano en una esquina del gran salón. Camino hacia él atraída como un canto de sirena, Theo tiene razón, una fina capa de polvo cubre la tapa negra del piano, con la manga de la sudadera limpio el polvo de esta, tomo asiento en el pequeño taburete de cuero n***o, la música siempre fue esa válvula de escape que necesitaba cuando necesitaba no pensar en nada. Titubeante tocó un par de notas comprobando así que aun sigue afinada, con delicadeza empiezo a tocar mi obra favorita Nocturne de Chopin, las notas fluyen como si la tuviera tatuada en mi mente, cierro los ojos y me dejo llevar por el ritmo suave y melancólico de la melodía, siento como estas notas me devuelven a mi niñez, a cuando mi padre con paciencia y amor me enseñaba a tocar esta misma canción, recuerdo esa cálida sonrisa que me regalaba cuando me equivocaba, él paciente esperaba mi progreso. Reacciono cuando una lágrima solitaria se abre paso entre mis párpados cerrados, dejo de tocar al momento, mi manos tiemblan por aquel recuerdo, supongo que aun lo tengo muy presente. — No pares de tocar — la voz de Derek me despierta de mi ensimismamiento. Allí está, apoyado en la barra de desayunos, junto a Theo, vestido con un pantalón jean oscuro, polo gris, zapatillas negras, en la mano tiene una chupa de cuero n***o, que a mi parecer no le pega nada, nunca lo había visto vestir tan informal, a excepción de aquella semana en la casa familiar, tengo que reconocer que vestir así le quita años de encima, a sus treinta y cinco años vestido así aparenta de unos veintisiete, sus ojos tan azules como el cielo parecían poder ver dentro de mi, pero todo ese cambio exterior no alteraba lo que de verdad es, con esa pose del dueño del mundo, frío, calculador, pero su mirada era distinta, no refleja lo mismo, estos brillan con ¿admiración?¿deseo?¿amor? Descartó todas las anteriores, nunca antes me había mirado como me mira ahora, con tanta intensidad. — ¿y mi ropa Theo? — pregunto ignorándolo deliberadamente. Quiero irme de esta casa que tantos recuerdos me traen, tanto buenos como malos. — lo tiré— dice con tranquilidad, como si hubiera hecho lo correcto. Theo decide que es mejor no presenciar esta disputa y vuelve a entrar a la cocina, yo por mi parte tomo una bocanada de aire intentando controlar mi temperamento ¿quien se cree que es? — ¿por que? — pregunto con un suspiro cansada. Tal vez era irrescatable, a lo mejor lo había roto yo, o en el peor de los casos vomité encima de mi vestido y entiendo que haya optado por deshacerse de él. — era muy provocador — se limita a responder. —perdona?. Desde mi distancia puedo ver sus nudillos maltratados y decido que lo que le suceda no es de mi incumbencia, estamos divorciados, punto. — no te preocupes que ya decidiré yo si es provocador o no — gruño con los puños apretados. No soy una persona especialmente agresiva, pero este se está ganando una ostia a pulso, con esos comentarios machistas fuera de lugar. — parecías una mujerzuela, ¿tú madre te educó así?— pregunta con desdén. Y esa es la gota que colma el vaso de mi paciencia, en dos zancadas ya estoy enfrente de él, mi mano se mueve con rapidez e impacta una sonora y dolorosa bofetada en su mejilla, dejando como tatuaje el contorno de mi mano, me faltó el respeto y si bien no conoce mi historia con la mujer que me dio la vida, no tiene ningún derecho a nombrarla. Theo nos mira sorprendida y un tanto dubitativa se acerca a mi y me aleja de ese hombre no sin antes lanzarle cuchillas con la mirada, como madre protectora, me obliga a tomar asiento en el sofá y seca las lagrimas que no sabia que estaba derramando. Patética. — eso ha estado muy mal — murmura con voz triste— pero el no sabe nada, no lo culpes por ello — me pide. Ni siquiera Theo conoce la historia a grandes rasgos, solo Stefany y Brayan, pero no por ello voy a perdonarle tan fácilmente, siempre he sufrido por ausencia de una figura materna en mi vida, aun conociendo la verdadera historia de mis padres, lo quería, la necesitaba egoístamente. — por favor, háblame — Derek se acuclilla frente a mi con esa inquisitiva mirada — ¿por que no te gusta hablar de tu madre? — pregunta con voz dulce, como si yo fuera una niña de siete años. Sonrío un poco escéptica, lo miro fijamente intentando buscar la principal razón de mi estupido enamoramiento, no me conoce, ni yo lo conozco a él, más allá de lo físico, ninguno de los dos nunca antes se molestó en saber más de la vida del otro, vivíamos "felices" en la ignorancia de nuestro pasado que poco a poco parecía ganar más terreno. — ¿de verdad quieres saberlo? ¿Por que ahora? No entiendo porque es ahora cuando empezamos a conocernos más, después del divorcio, después de haber tirado la toalla, no lo entiendo. — yo solo quiero poder entenderte, Alex. Mi nombre dicho por él sonaba casi poético, parece realmente interesado en saberlo y no puedo evitar admitir lo buen actor que sé que es. — no hay mucho que entender — me encojo de hombros, hago ademán de levantarme pero este me lo impide posando sus manos sobre mis piernas desnudas — no lo sé ... — por favor — me pide con esa mirada de perrito. Su mirada brilla decidida, se que cuando algo se le mete en la cabeza es muy difícil hacerle cambiar de opinión, sopeso la idea de hacerme la ofendida e irme, pero sé que si hago eso él optará por investigarme, lo sé, lo conozco, y eso es lo último que quiero y necesito. — verás, desde que nací mi padre me dedicó la mayor parte de su tiempo, aunque no tuviera, allí estaba el, mientras que mi madre aún mendigándole atención, este se rehusaba atendiendo siempre mis necesidades, por supuesto ella estaba celosa, celosa de mi, de su hija, pronto las ingresos empezaron a decaer y con el, el supuesto amor que mi madre le profesaba, discutían todos los días, ella me echaba la culpa de todo, recuerdo que en mi octavo cumpleaños ella decidió que era momento de marcharse, le supliqué que se quedara pero no lo hizo, ¿sabes lo que me dijo?— Derek me escucha con atención y me mira con indignación, por mi, por esa niña que no se merecía eso, o si…— " no te confundas niña, te utilice para llegar a tu padre, fuiste una mala inversión que me llevo a la ruina, no soy tú madre, finge que he muerto" — repito las palabras que aquella mujer me dijo aquel día, estuve convencida durante años que todo era mi culpa. — Alex lo... — no te preocupes, que me utilicen no es algo nuevo para mi — lo interrumpo con una sonrisa. Sabe que no me refiero a mi madre, sino a la finalidad de nuestro supuesto matrimonio. — te llevaré a casa — me informa cabizbajo. Luce culpable y eso hace que me sienta un poco mejor, me devuelve el bolso con mis pertenencias dentro, me ofrece uno de esos vestido que él compró pero me decanto por un simple pantalón de chándal, quiero irme a casa y descansar. En el camino me ofrece parar en algún restaurante a comer algo, se que esa es su forma de disculpase, pero lo cierto es que no me apetece y con toda la educación que me inculcaron, deniego la oferta amablemente, esta arrepentido, lo sé, y eso no hace más que hacer este corto viaje más incómodo de lo que debería. — quiero cenar contigo hoy — dice cuando aparca el coche frente a mi departamento. Aun el sol no se ha ocultado por lo que me atrevo a decir que falta algo más de un par de horas para la cena, lo miro un poco dudosa, no creo que sea buena idea, creo que simplemente se siente en la obligación de invitarme, realmente no quiere hacerlo. — no creo que... — por favor — me pide haciendo un adorable puchero. Lo cierto es que nunca me he negado a este nombre, tiene ese aura atrayente y ese brillo en la mirada que me incitaba siempre a caer, por supuesto hoy no sería la excepción. — está bien, voy a vestirme, espera aquí. No espero que me responda y emprendo camino al interior del edificio, tomo una rápida ducha pero decido tomarme más tiempo en buscar ropa, maquillaje y peinado, dejo mi melena suelta y rebelde, me decanto por un maquillaje "natural", simple delineado y pinta labios rosa, me pellizco las mejillas dándole un rubor un poco más natural, me enfundo en ajustado vestido blanco corto hasta medio muslo, espalda totalmente descubierta sujetada por una final cadena de oro blanco, opto por unos tacones negros con la suela blanca a juego con mi bolso de marca Gucci, guardo lo esencial en el interior y hago una nota mental de ir a recoger mi coche o pedirle a Stefany que lo haga por mi. Al bajar no puedo evitar sentir cierta emoción, toda esta situación me recuerda a nuestras primeras citas, él como siempre esperándome apoyado sobre su magnífico coche, su mirada que no abandona la mía mientras poco a poco acorto las distancias, con esa galantería que antes me enamoraba me abre la puerta del copiloto. El camino se hace ameno llenando ese silencio con alguna canción que no reconozco pero que sin embargo parecía encajar perfectamente con el liviano ambiente que nos envolvía, se siente bien, todo esto se siente tan natural y correcto que me aterra pensar que estoy tomando un camino erróneo. Pronto detiene el coche frente a unos de los restaurantes más cotizados de la ciudad, me abre la puerta y con su mano me ofrece ayuda para salir, desliza su mano a lo largo de mi espalda desnuda, le tiende la llave al valet antes de emprender camino hacia el interior, uno junto al otro como cualquiera pareja que dentro disfruta de su cena. El maître cuando nos ve llegar emprende camino hacia nosotros con esa sonrisa que se que es especial para los clientes. — bienvenidos señor y señora Black— nos saluda con un leve asentimiento de cabeza. Quiero decirle que no soy su esposa pero la sonrisa que Derek me regala hace que me lo piense dos veces, luce casi orgulloso de estar a mi lado, o eso es lo que me transmite. — tengo una mesa especial para vosotros, seguidme. Caminamos por el salón y no me pasa desapercibida esas cabezas que se giran en nuestra dirección, más concretamente hacia el adonis que camina cogido de mi mano, no me importa, y parece que al resto tampoco le importa pausar su cena por unas bonitas vistas. Nos sentamos en una mesa vacía a lado de la ventana, desde nuestra posición se puede ver el puente de Brooklin y de fondo las luces de la ciudad de Nueva York, las vistas son impresionantes, me encanta este sitio. — estas preciosa— me piropea sin quitar la vista un segundo sobre mi. No puedo evitar sonrojarme, no estoy acostumbrada a esto y el no es del tipo que suelta piropos por doquier, por primera vez siento que de verdad estoy empezando a conocer a este hombre, más allá de lo que estos tres años me permitió saber de él. — ¿lo tiene claro señor Black?— llama mi atención una camarera que silenciosa se acercó a nosotros. La pregunta va expresamente dirigida hacia el castaño, y no me pasa desapercibida la mirada que la camarera le lanza, sé reconocer esa mirada llena de coquetería sin embargo Derek es ajeno a todo, sigue mirándome como si no le interesase nada de lo que ella está dispuesta a ofrecerle, enarca ambas cejas invitándome a hacer los pedidos, pero con un encogimiento de hombros le cedo el honor, casi sonrío cuando ordena todo lo que vamos a comer sin dignarse a echarle siquiera una fugaz mirada a nuestra camarera ¿que intenta demostrar? Antes probablemente le hubiera seguido el juego, pero ahora....¿que ha cambiado? Una suave melodía resonaba de fondo por todo el restaurante, pero no lograban camuflar la subrrealista conversación que un par de amigas tenían a unos metros detrás de mi, "venga, no seas tímida, ve, háblale" escucho como una de ellas anima a la otra, "creo que está con su esposa" responde la otra dubitativa, realmente interesada "mírala" y se que ahora están hablando de mi, no debería escuchar nada pero llegados a este punto tengo curiosidad por saber que pasará "no está a la altura de ese hombre, y segundo querida amiga, no lleva anillo de bodas" canturrea victoriosa, automáticamente dirijo la vista hacia las manos entrelazadas de Derek sobre la mesa, el anillo sigue ahí, por alguna razón siento cierto alivio al verlo allí, perfectamente puesto en su dedo anular mientras que yo opte por guardarlo en alguna parte de esa pequeña habitación. " es arriesgado, pero infalible". Es lo último que la escucho decir antes de decidir que ya es suficiente, tengo mejor vista enfrente mío. — aún llevas el anillo — comento señalando su mano. Automáticamente cubre su mano como un niño pequeño atrapado en alguna travesura, cuando creo que va a decir algo una sombra aparece a su costado, una rubia de piernas kilométricas mira a Derek con tal deseo que me hace sentir un poco incómoda, su intensidad, enfundada en un corto vestido de cuero n***o sin manchas, realzando su gran pechonalidad, labios grueso al estilo Angelina Jolie pero en ella no lucia tan bien, estoy segura que estaría más guapas sin tanto maquillaje. — ¿te puedo pedir un autógrafo?— pregunta moviendo esas largas pestañas — se que eres unos de los solteros más deseados de Europa — dice recalcando el "solteros". Derek me mira sin entender que esta pasando y para ser honestas yo tampoco lo sé, todo esto tiene su toque cómico, por un momento no sé si reír o decir lo primero que se me pase por la cabeza, sabiamente Derek responde lo más correcto posible. —creo que no es un buen momento — responde el castaño intercambiando miradas entre ella y yo. En el fondo sé que todo esto, esta situación, ayuda a que su ego crezca cada vez más, se siente alagado, lo sé, no se lo puedo reprochar. — Oh claro! — responde tontamente como si acabase de reparar en mi presencia — ¿podrías al menos darme tu número de teléfono?. — Wow! — murmuró realmente sorprendida, si se atrevió. La rubia se digna a fulminarme con la mirada, puedo sentir como me lanza cuchillas de odio. — ¿tu quien eres? — pregunta con chulería. Me mira desde su altura como si yo no valiera nada, con tranquilidad me levanto, Derek instintivamente sigue mis movimientos, tal vez ella sea unos pocos centímetros más alta que yo, pero la altura aquí no significa nada. — Soy Alexia Black — me presento con una tranquilidad muy impropia de mi, más allá de lo impulsiva que pueda ser, se cuando ser como debo ser — ¿Por que no das media vuelta y recuperas un poco de la dignidad que perdiste?— le digo con tono divertido haciendo que se sonroje de vergüenza. Llegados a este punto, todos los del restaurante nos observas curiosos por saber lo que está pasando, la intrusa mira a ambos lados sin saber muy bien que hacer, tras unos segundo baja la cabeza avergonzada públicamente y decide volver a su mesa, sé que reprochara lo sucedido a su amiga que tan malos consejos le brindó. — me gusta tu lado celoso — comenta Derek juguetón. Suelto un bufido y me lamento haber dicho todo eso, "señora Black" ¡por favor! ¿En que estaba pensando? — no estaba celosa — miento deliberadamente. El resto de la comida pasa sin ningún altercado, el camarero a cargo, a modo de disculpa nos regala unos postres deliciosos, las horas pasan entre risas y recuerdos, se siente bien estar así de tranquila, verlo sonreír por alguna anécdota que cuenta de su niñez, no se lo que había cambiado y ya no quería saberlo, lo quería a él, siempre, este lado nuevo suyo es simplemente refrescante, te hacía querer escucharlo toda la noche, se había encargado meticulosamente de prestarme el cien por cien de su atención, no existía nadie más que yo, lo veía y me hacía sentir extraña, especial. Después de comer propone dar una vuelta por Central Park antes de que ambos volvamos a nuestros mundos, era cierto, el tiene trabajo, yo tengo trabajo, por lo que negarme ahora mismo no era una opción. Caminamos por el extenso parque cogidos de la mano, el me cuenta algo pero dejo de escucharlo cuando algo de entre los arbustos llama mi atención, un hombre encapuchado se esconde entre las hojas, sujeta algo en las manos pero no se identificar el qué, lo que si logro ver es como un dedo acusador me señala, un fuerte sonido sale desde su posición, segundos después desaparece entre las sombras de los árboles, lentamente desvío la vista en busca de esos azulados pozos, pero todo parece ir de repente a cámara lenta, Derek me mira horrorizado y yo siento como un líquido espeso baja por mi pierna, pronto el dolor que parecía no sentir se intensifica por segundos mandándome dolorosas punzadas allí donde la bala se oculta, mis piernas tiemblan y antes de que caiga, Derek me sujeta en brazos y emprende camino hacia la salida del parque, buscando ayuda, me aferro a él dolorida por mi pierna que no deja de sangrar, se está manchando pero eso parece no importarle . — Todo va a ir bien — repite esa frase como un mantra. Asiento con la cabeza a sabiendas que solo se lo dice a sí mismo, mis párpados pesa y mi cabeza da vueltas, destellos oscuros me nublan la visión, me gustaría cerrar un segundos los ojos pero sé que no debería, parpadeo un par de veces y caigo en brazos de Morfeo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR