Me levanto como un resorte provocado por los restos de mi pesadilla, parpadeo con la respiración acelerada, todo esta oscuro y casi que lo prefiero, una lagrima rebelde se desliza por mi mejilla y se pierde en mis labios entreabiertos que boquean por algo de oxígeno, un mal presentimiento se instala en mi pecho oprimiéndolo, las cortinas están cerradas manteniéndome en esta oscuridad que parece consumirme, parpadeo un par de veces aun con mi corazón latiendo a mil por hora, arrastrándome abandono mi cama y me refugio en el baño, con un suspiro miro mi reflejo en el espejo, ojos rojos y cansados, me mojo la cara refrescando un poco ese aspecto tan pueril.
Toc Toc.
Casi instintivamente dirijo la vista hacia la puerta, por un segundo pienso que es Derek, unos segundos después vuelvo a escuchar el choque de los nudillos de alguien contra mi puerta, antes de abrir repaso mi aspecto, seguía luciendo cansada pero no importaba, visto una camiseta de tirantes y un simple pantalón corto como pijama.
Al abrir la puerta no puedo evitar decepcionarme, frente a mi hay un desconocido semidesnudo, viste con un simple pantalón de hacer deporte y sin camiseta, aun así no me pasa desapercibida su trabajada complexión atlética, alto de hombros anchos, cabello castaño con algunas mechas más claras, ojos grandes marrones chocolate, su mirada tenía un brillo que lograba llamar especialmente mi atención, labios gruesos y llamativos, es guapo, no puedo negarlo.
— hola? — habló después de un largo silencio y de un buen estudio por mi parte.
Soy consciente que mi aspecto no es el más adecuado para conocer a un nuevo hombre, pero realmente impresionar a nadie no está en mis quehaceres.
— perdona — se disculpa bajando la vista recorriendo mis piernas desnudas — ¿puedo hacerte una pregunta?— sube la vista y clava esa oscura mirada sobre mi a la vez que la comisura de su labio se eleva en una media sonrisa.
Enarco una ceja divertida, no puedo evitar lo sexy que le hace ver ese simple gesto, lo miro de arriba abajo esta vez con más descaro, si, es guapo y el lo sabe, sin embargo su cara aniñada me hace dudar de su edad.
— dime — hablo desviando la mirada.
¿Que diablos me pasa?
— el BMW n***o aparcado abajo, ¿es tuyo?
Se apoya en el marco de mi puerta y se cruza de brazos adoptando una pose descuidada, o eso quería aparentar, intento fallido.
— cual?— pregunto decidiéndome por seguirle el juego.
— uno que tiene pinta de ser muy caro — se encoge de hombros como si en verdad no estuviera impresionado— te lo digo porque creo que la grúa se lo está llevando.
— podrías haber empezado por ahí — me quejo antes de cerrar la puerta detrás de mi.
Entre maldiciones bajo las escaleras de dos en dos, ese coche hoy por hoy es el único medio de transporte que poseo para movilizarme por la gran ciudad neoyorquina, ensimismada en mis propios pensamientos abro el portal solo para encontrarme una gran cantidad de periodistas que con los flashes de sus cámaras lograban cegarme por momentos. De repente siento como alguien pasa su brazo por mis hombros, tira de mi pegándome a su cuerpo, aun un poco confundida me dejo llevar.
— Alexia ¿es este tú amante?— pregunta una mujer poniendo una grabadora a centímetros de mi cara — ¿Derek solo sabe?.
Al escuchar su nombre algo en mí se activa, rápidamente cierro la puerta en su cara, empujo al desconocido solo para darme cuenta que es el mismo de antes, este me mira sorprendido pero yo no soy una idiota.
— no vuelvas a tocarme — gruño enfadada.
— yo solo quería ayudarte — se defiende levantando las manos en señal de rendición.
Bufo escéptica y decido dejarlo pasar, ahora con un humor de perros subo a la seguridad de mi apartamento, me doy una ducha fría, definitivamente no ha empezado bien el día, ya no tengo grandes expectativas en cuanto a mi jornada laboral.
Decido gastar más tiempo del necesario en mi vestuario, al final opto por un vestido n***o de tirantes, ajustado por encima de la rodilla, escote dama de honor, tal vez algo atrevido para ir a trabajar, pero ya daba igual, lo acompaño con unos tacones simples del mismo color, en cuanto al maquillaje me decanto por uno más natural, delineado fino acentuando mi mirada y pinta labios rojos a juego con mi bolso de mano, cabello suelto aun un poco húmedo lo recojo en una coleta alta.
Al salir los paparazzis aun siguen ahí, esperando por mi, entre empujones me abro paso hacia mi coche ignorando cada pregunta que me lanzan, me refugio en el interior de mi coche y emprendo camino hacia la empresa de mi padre, mi empresa.
Me detengo frente un gran edificio con un logo de plata pegado encima de la gran puerta giratoria de entrada, se trata de un escudo n***o con las iniciales trabajadas en el centro del metal, H y S entrelazadas elegantemente con un el rostro de un león rabioso de fondo, fue idea de mi padre, estaba orgulloso de lo que había conseguido. Al entrar al interior me sorprendo al ver a una rubia de pie en el centro del Hall, pero no era cualquier rubia, era mi rubia, Stefany White, cabello ondulado semi largo, ojos grandes y de color miel, pestañas largas y rizadas, labios delgados y rosados, piel blanca y perfecta, ahora un poco morena por el sol, cuerpo en forma de guitarra enfundado en un bonito vestido azul ajustado, marcando cada curva de su cuerpo, a juego con sus tacones y su bolso, con una sonrisa camino hacia ella, mi mejor amiga que al verme corre hacia mi hasta que nos fundimos en un cálido abrazo.
— estas más delgada — comenta escaneándome de arriba abajo.
No puedo evitar sonreír, siempre dice lo mismo cuando nos vemos, nunca cambia.
— y tu más morena!.
Se encoge de hombros y juega con su pelo con coquetería, es lo que pretendía, entre risas subimos a mi despacho a ponernos un poco al día. La conozco de toda la vida, por lo que cuando mi padre me heredó todo su imperio, no dudé en darle un puesto en la empresa, es como mi hermana, mi mano derecha, antes de descubrir todo lo que mi ex marido ocultaba, decidí que se merecía unas muy buenas vacaciones que por lo que veo no dudó en aprovechar, aunque no lo suficiente pues no la esperaba hasta dentro de tres semanas, sin embargo no se lo pregunto, internamente agradezco su presencia, me faltaba uno, pero no podía reprochárselo, mientras él disfrutaba de su luna de miel, yo me lamentaba pero el final de mi matrimonio.
— bueno, ¿algo nuevo que contar? — pregunta con esa alegría infinita que parece nunca agotarse.
Mi sonrisa se borra gradualmente y ella lo nota, si bien necesito hablar sobre el tema, no esperaba empezar por ahí, desvío la vista de esa inquisitiva mirada y miro a mi alrededor como si nunca antes hubiera estado aquí, mi despacho no es muy grande, pero si espacioso, la pared exterior del edificio está hecho de cristal, detrás de mi tenía la hermosa vista de la ciudad diurna, mi escritorio le da la espalda a ese ventanal, la pared estaba llenos de libros tanto de psicología como de derecho hasta simples novelas, una televisión empotrada en la pared contraria, dedicada a esas reuniones online que a veces tenemos, el despacho está insonorizado asegurando mi privacidad de los curiosos, en una esquina hay una puerta con acceso a una pequeña habitación oculta para esos casos en los que mi padre tan absorto en su trabajo, pasaba la noche aquí.
— Derek y yo nos divorciamos— hablo tras un largo silencio.
Le sonrío, pero ella ya no sonríe, esta seria, no entiende que pudo pasar.
— ¿se acabo el amor?— me pregunta estudiando mi rostro.
— creo que no se puede acabar algo que nunca estuvo ahí .
Frunce el ceño, por supuesto que no entiende, en señal de completa atención, saca su móvil del bolso y lo apaga invitándome a seguir hablando.
— pues descubrí que realmente se casó conmigo por conveniencia...
— eso no tiene sentido — se queja interrumpiéndome, se rasca la sien confusa — el es rico, Alex, ¿estas segura de eso?— pregunta incrédula.
Podría tener razón, pero me decanto por contarle mi versión de la historia, lo que paso estas últimas semanas que ella no estuvo, le cuento mi visita a la familia Black y él lamentoso encuentro con la mujer que decía ser mi madre, si bien ella no la conoce, conoce mi historia para con esa mujer, le cuento el repentino interés de la prensa en cuanto a la relación que Derek y yo teníamos, Stefany me escucha atenta asimilando cada palabra que sale por mi boca, asiente y se ofende ante lo que le cuento.
— para empezar, tu madre es una zorra, olvídate de ella, no vale la pena siquiera nombrarla— escupe indignada — en cuanto a Derek, ya hablaremos tú y yo con más tranquilidad, mientras tanto esta noche te vendrás a una discoteca que yo conozco — sentencia sin dar cabida a réplica.
Antes de que me pueda negar, la puerta de mi despacho suena y después de unos segundo se abre dando paso a mi secretaria, con la mirada me pide disculpas por la interrupción.
— señorita Hunter, el señor Black exige verla ahora mismo — me informa Lily con cierto nerviosismo.
Voy a decirle que niegue el acceso de Derek, pero antes que pueda hacerlo, Stefany se me adelanta y da vía libre al acceso de aquel personaje.
— claro, dile que pase, de todas forma tengo trabajo acumulado— dice antes de levantarse e irse abandonándome.
Mi secretaria sin dudar obedece y desaparece junto a esa rubia, unos minutos después aparece Derek tan imponente como siempre, enfundado en ese traje oscuro, su azulada mirada se clava en mi y con esa seguridad innata que desprende, camina hacia mi, como si el mundo le perteneciera, como si yo le perteneciera, podía verlo, podía sentirlo y temo que no esté equivocado.
— Buenos días señor Black — lo saludo con profesionalidad.
Ahora ya no está tratando con Alex, sino con Alexia Hunter, una empresaria con carácter fuerte, o así es como me definen. Derek se para enfrente de mi y me lanza un periódico que había visto que llevaba, no me sorprendo al ver lo que me enseña, en la portada hay una foto mía junto al castaño de esta mañana, tenía que reconocer la rapidez de los periodistas a la hora de hacer sus trabajos, no había pasado más de tres horas y esa foto ya circulaba por toda la ciudad y seguramente las r************* .
— ¿algo que decir? — pregunta al ver que no tengo intención de decir nada.
Sobra decir que el no tiene nada que reclamarme por muchas razones, una de ellas es que ya estamos divorciados y no le debo ningún tipo de respeto a la relación que no tenemos y que nunca tuvimos, así que por su bien espero que no venga a reprocharme absolutamente nada porque tiene todas las de perder.
— ¿como estas?
Su pregunta por un segundo me sorprende, no se que pretende pero precisamente hoy es el día en el que no me apetece seguirle el juego.
— señor Black ¿a que ha venido?— pregunto enarcando una ceja, cansada.
Abre la boca para responder pero enseguida la cierra, sus ojos reflejas por primera vez nerviosismo, a pesar de mantener esa postura de seguridad en sí mismo, espalda erguida, brazos cruzados ocultando tal vez su inseguridad.
— te...
De repente el teléfono en mi escritorio empieza a sonar cortando lo que pensaba decir, maldigo mentalmente antes de descolgar el teléfono y dejar a la espera a quien sea que esté al otro lado de la línea.
— perdona — me disculpa y decido contesta la llamadas — Aquí Hunter.
— Maldita zorra! Por fin te localizo!— escucho el grito de un hombre.
No puedo evitar sonreír al reconocerlo, Brayan, mi mejor amigo y reciente marido, tan mal hablado como siempre, empieza a gritar improperios hacia mi haciéndome reír, consiguiendo así que olvide la otra presencia en mi despacho.
— Brayan, cariño, ¿relájese quieres?— lo tranquilizo intentando no sonreír.
De reojo diviso la fulminante mirada de Derek, su nerviosismo previo desparece como el humo, dando paso esa fría mirada, se ha vuelto a poner esa coraza que lo caracteriza.
— eres muy mala, no se de ti desde hace demasiado tiempo — se queja y puedo imaginar como hace un puchero.
Suelto un suspiro, realmente necesitaba escucharlo, él tan risueño y enamorado de la vida, necesito su vitalidad, pero ahora no es el momento.
— te llamo luego que me pillas en medio de una reunión— le informo esperanzada que termine la conversación ahí.
— ¿quien es más importante que yo? — pregunta divertido.
— El señor Black y...
— ¿por que lo llamas así ? — pregunta y puedo sentir su confusión — ya me gustaría a mi tener un marido como el tuyo, ese dios griego debió nacer gay, no te lo mereces!!— se queja divertido pero yo no puedo evita tensarme.
— mándales saludo a tu marido — le digo en forma de despedida y cuelgo.
Derek ahora luce un poco más relajado, como si se hubiera quitado un peso de encima, o tal vez esa máscara.
— ¿quien era? — pregunta cauteloso.
Casi me dan ganas de reírme, debería recordar a unos de mis padrinos de boda, aunque claro ¿porqué debería hacerlo? Pensar en eso logra que mi humor se ennegrezca.
— No quiero sonar maleducada, señor, pero eso no es de su incumbencia— hablo con la voz más dura de lo que pretendía.
Con chulería me levantando y rodeo lo escritorio en su dirección, mis tacones resuenan en el parque y del piso dándole un ambiente un poco más teatral a la situación, apoyo mi cadera en la esquina de la mesa y clavo mi mirada en la suya, el sigue de pie, no se ha movido un milímetro desde que ha entrado, atento a mis movimientos, me mira desde su altura pero ahora ya no me intimida, sino al contrario, la única que tiene más poder aquí, soy yo, se podría decir que está en mi territorio.
— no se que has venido Derek, pero...
— te echo de menos — dice de repente.
Por un segundo me deja paralizada, realmente no me esperaba que dijera eso, pero no puedo evitar que algo en mi interior se ablande y tengo que repetirme mentalmente que miente, intenta manipularme con palabras cariñosas pero no se lo permitiré.
— tu solo echas de menos todas las cosas que yo hacía por ti, no te equivoques — respondo con frialdad.
Me niego a ablandarme nuevamente, no.
— te equivocas, te echo de menos a ti Alex, a tu cuerpo caliente alado mío, esa sonrisa que cada mañana me regalabas, esa mueca que haces con la boca cuando nada sale como esperas, tus gemidos cuando comes tú comida favorita, echo de menos tu forma de despertarme, con besos y ....
— cállate — lo corto, no estoy lista para esto.
Cada palabra que sale por su boca es como un puñal clavado en mi corazón, la bilis se me sube formando un gran nudo en mi garganta, no quiero esto, ahora no, necesito curarme y el no está ayudándome.
— ¿conoces el dicho "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes "? — pregunta acunando mi cara entre sus grandes manos y queman.
Su aroma exquisito inunda mis fosas nasales sin embargo no hago nada para alejarlo, mi cuerpo está paralizado, expectante, sé con esto que el amor y deseo que una vez sentí, no desaparecieron ni desparecerán pronto, es casi primitivo, difícil de controlar.
— deberías irte — comento desviando la mirada de la suya que parecía lanzar llamas de decisión.
Suelta un suspiro antes de pegar sus labios en mis mejillas, deposita un suave beso antes de darse media vuelta y caminar hacia la puerta, solo espero que no haya sentido mi corazón.
— pienso recuperarte, Alex — me informa antes de cerrar la puerta y dejarme sola.
Con cierto temor, rozo con las yemas de mis dedo ahí donde sus labios estuvieron segundos antes, aun siento su calor y me odio por ello, siempre tan débil en su presencia. Aghh