— ¡Thonyyy! ¡Ábreme la puerta!
Pero qué...
— ¡Thonyy!
Prendo mi móvil y arrugo el entrecejo ante la radiante luz de la pantalla en la cual se podía ver al centro los números que indicaban la hora.
La una y treinta y siete de la madrugada.
Que los follen.
Apago el móvil y me acomodo de nuevo en mi almohada, autoconvenciéndome de que el escándalo no llegaría a los oídos cubiertos con tapones de mis padres.
— ¡Anthony! ¡¡Ábreme la puerta... Puta!!
Solo duerme, seguro se lo han buscado.
— ¡Anthony! ¡Ahhhh! ¡Me violan! ¡AH! ¡ANTHONY! ¡AHHH DUELE! ¡AH!
Me levanto de golpe y corro hacia el balcón solamente para ver como Chase se retuerce gritando en la grama, Louis orina el jardín de la vecina y Andrew se carcajea como enfermo mental junto a su seguro amigo imaginario. Los tres, por desgracia, son mis amigos de la infancia y últimamente yo soy quien tiene que lidiar con cada una de sus estupideces. ¿Quién demonios me nombró su padre?
— Ya para, Chase. Los vecinos llamarán a la policía.
— ¡Thony! —exclama, poniéndose en pie entre tambaleos— Ábreme la puerta, por favor, por favor.
Suspiro con resignación al ver su cara de agonía, sabiendo que no había nada más que pudiera hacer para recuperar mi buen sueño. Debería cambiar de amigos.
***
— Hagan silencio —pido, sacando algunas colchas y mantas del armario para que sirvan como cama para los tres ebrios—, si la habitación de mis padres no estuviera tan retirada de mi balcón, ya habrían despertado y estaría muerto.
— Hoy me rechazaron, Thony —se queja Chase, sentado en el suelo de mi habitación—. Fui rechazado de la manera más fea.
— Eso fue humillante —continua Andrew con la voz distorsionada por el alcohol—. Ella dijo: "ya no tienes dinero, vuelve cuando tengas"
— ¡La perraw sholo le quiria por shu diñero! —exclama Louis, tendido sobre mi colchón.
— Silencio, Louis —regaño, luego miro a Chase quien se quejaba en voz baja— te lo mereces, tú eres quien las busca así, allí tienes tu recompensa.
— Claro, como tú sales con "señorita aplicada" quieres que siga tus pasos —me señala—. Morirás virgen.
Ruedo los ojos y acomodo las colchas en el suelo.
— ¿Sabes a caso que soy virgen?
Andrew cubre sus labios con ambas manos y me mira con sorpresa. Chase se carcajea.
— Oh, vamos. La única vez que has estado dentro de una v****a fue cuando tu padre te puso allí.
Tomo una almohada y lo golpeo fuerte en la cabeza, desatando una risa de su parte.
— Basta de estupideces. A dormir.
Me dirijo hacia la cama pero paro en seco al ver a un imbécil allí tirado, justo al centro de ella, y a otro imbécil trepar sobre el primero y caer inconsciente cuál lagartija aplastada en una carretera.
— No me jodan —mascullo, acercándome a ellos y moviendoles violentamente— Andrew, levanta tu culo de mi cama ¡vamos! —pateo su trasero pero este no se mueve, intento con el que descansa abajo pero era imposible, parecían cadáveres babeando sobre mi colchón.
Me giro hacia Chase y veo que el rubio ahora se ha quedado dormido sentado contra la pared. Suspiro y suelto un gruñido de rabia mientras tiro de él y le arrastro a la colcha al lado de la cama, donde aparentemente tendríamos que dormir.
Se supone que es mi habitación, ¡mi habitación! ¿Quién se creen que son para hacerme dormir en colchas? Mañana van a ayudar a mamá con la limpieza de toda la casa, ese será el pago de mi extraordinaria amabilidad.
Me recuesto a un lado de Chase, el espacio era pequeño pero logré acomodarme a como pude, nos cubro a ambos con las mantas y le doy la espalda para poder dormir con tranquilidad. Así, sumido en un gratificante silencio, me duermo poco a poco.
***
El espacio absoluto de mi sueño se ve interrumpido ante el movimiento de mi compañero, parpadeo para aclarar mi visión pero la oscuridad no me permite ver más que el perfil iluminado por la luz nocturna de mis amigos, quienes dormían en una posición diferente sobre la cama. Siento movimiento tras de mí y evito poner en manifiesto mi despertar, dando la sensación de estar dormido aún.
¿Por qué Chase se menea tanto? ¿Estará llorando por haber sido rechazado? Estoy consiente de que algo así es muy delicado pero ¿Él estaba enamorado? No recuerdo nada sobre eso.
Soy sacado del refugio de mis pensamientos bruscamente al sentir como, cuando este se pega a mi espalda, algo duro y largo se posa sobre mi trasero. Abro mis ojos exageradamente pero permanezco inmóvil.
Me estoy imaginando cosas.
Movimientos rápidos y extraños se sienten tras mi trasero, afino mi oído y escucho la respiración de Chase agitada y entre esta se cuelan suaves gemidos que...
Giro mi rostro violentamente hacia atrás y golpeo con el codo el abdomen de mi amigo quien suelta un quejido, parando de masturbarse.
— ¡¿Te estás masturbando detrás de mí?! —inquiero por lo bajo— ¡Puto cerdo!
— Oh, vamos. He sido rechazado, ¿no puedes ser más comprensible conmigo?
— ¡No! ¡Eres asqueroso...!
Andrew se mueve en la cama y me veo cortado a medias de mi insulto, le veo hasta que este aparenta estar dormido de nuevo y luego vuelvo a ver hacia Chase notando que había empezado a masturbarse nuevamente. Le doy un golpe en la mano.
— Dije que pares, es asqueroso.
— Guarda silencio —susurra—. Los imbéciles van a despertar.
Toma mi mano bajo las sábanas y me mira a los ojos entre la oscuridad.
— Eres mi amigo, Thony ¿verdad? —suspiro y asiento. Quizá realmente le ha afectado el rechazo— ¿me quieres? —vuelvo a asentir, un poco más avergonzado— Yo te amo —acerca la mano que mantenía sujeta y la pone sobre su entrepierna— ahora hazme una paja como todo buen amigo.
Tiro de mi mano con furia pero no me deja ir, me sostiene con fuerza y suelta una risa.
— Esto no es gracioso —mascullo, forcejeando.
— Es como tocar tu propio pene, solo que más grande. Dame una mano amiga. No me rechaces tú también.
Está usando su rechazo como arma en mi contra.
Maldito.
Dejo de luchar y agarro fuertemente su pene en mi mano, apretándolo y haciendo a Chase soltar un gruñido de dolor. Tomo una actitud divertida.
— ¿No te gusta rudo? A mí me encanta violento, es más placentero —le masturbo con fuerza y Chase se apresura a retirar mi mano.
— Gírate —frunzo el entrecejo hasta que me obliga a darle la espalda y me abraza por la cintura firmemente—. Quédate quieto, es lo único que tienes que hacer —me preparo para protestar pero me interrumpe—. Es esto o que te obligue a utilizar tu mano y me corra en ella. Sopórtalo por tu herido amigo esta noche.
Abro mi boca con indignación, pero al tomar en cuenta su estado de embriaguez y calentura, llego a la conclusión de que el individuo en desventaja soy solamente yo.
Ahh, mierda.
Suspiro, dándome por vencido, y entierro lo cabeza en la almohada. Mete la mano entre nuestros cuerpos y toma su m*****o, empezando a restregarlo en mi trasero sobre mi delgada pijama, de arriba a abajo, tomándose su tiempo para recorrer el camino una y otra vez. Sentía perfectamente su punta tibia delinear el canal lentamente hasta parar en el pequeño hueco formado entre la unión de mis piernas. Muerdo la almohada y entierra su rostro en el arco de mi cuello, su caliente aliento se impregna en la tela de mi camiseta y su mano suelta su agarre para sujetar mi cadera, deslizándose por debajo de mi camisa y acariciando la curva de mi cintura con sus dedos largos. Mi entrepierna cosquillea y escondo aún más mi cabeza.
— ¿Por qué eres tan malditamente suave, Thony? —pregunta en un susurro pegado a mi cuello— Tengo ganas de frotarme en todo tu cuerpo.
— Puto pervertido —suelto.
Sus dedos suben bajo la camisa hasta mi pecho, lo acaricia con su mano y toma entre sus dedos uno de mis sensibles pezones, lo araña con una sutileza indescriptible y pasa a apretarlo y rodearlo como si se tratara de un pequeño botoncito al que desea abrir. Aprieto mi mandíbula y me escondo aún más.
— ¿Quién es el pervertido aquí? Ya estás bastante caliente.
Su mano libre se entremete a la altura de mis rodillas, por entre mis piernas, y acaricia delicadamente la suave cara interna de estas hasta llegar a mi m*****o semi-erecto, tomándolo entre sus manos y sobándole con gentileza, una gentileza bastante tortuosas que obligó a mi espalda a arquearse y a mi respiración a correr desenfrenada. Su lengua húmeda serpentea la base de mi cuello, finalizando en un beso tentador y ascendente hasta el lóbulo de mi oreja.
— Guarda silencio —susurra cuando ya está en mi oreja—, no dejemos que ellos sepan de nuestro secreto.
Desprende suaves besos sobre la piel de mis hombros, mi cuello, mi oreja y hasta mi mandíbula mientras su mano me masturba con tal lentitud que mi m*****o palpitaba contra su palma, rogando por atención de calidad; los simples caricias no satisfacían aquel morboso cosquilleo ardiente instalado en esa zona ni mucho menos la humedad que mi cuerpo albergaba esperando con ansias el momento para hacerla escurrir.
Las caderas de Chase se pegan a mi trasero, moviendo su dura erección de atrás hacia adelante contra mis nalgas, embistiendo y restregándose sin pudor cuál bestia hambrienta de sexo. No había nada que esconder ahora, ambos estábamos duros y aprovechándonos del otro.
— Voy a bajar esto...—avisa, introduciendo sus dedos en el borde de mi pantalón pijama ya humedecido con fluidos de los dos. Levanto mis caderas y aprovecha para bajarlo hasta mis rodillas.
Habiendo ya deshecho las barreras entre ambos, suelto un suspiro al notar su tibia erección pegarse a mi piel; notaba su forma dura y firme recubierta de una textura suave moviéndose allí atrás, palpitante y mojada un, estimulándose con cada movimiento que las caderas de Chase ejercían para satisfacerse.
— Levanta la pierna un poco... —pide en un entrecortado susurro, tratando de elevar mi muslo. Despego un poco el rostro de la acolchonada almohada y niego.
— ¿Para qué?
— La voy a poner entre tus piernas. Levántala.
Obedezco de mala gana.
Al sentir el calor proveniente de su presencia cierro nuevamente mis muslos y le siento en su totalidad, húmeda y apretada entre mis músculos cálidos por el abrigo de las colchas. Sujeta mis caderas y su pelvis se dedica a sacarla y meterla nuevamente. Se sentía espectacular, sus jadeos abrasantes ardían tras mi oreja y la punta de su pene se metía entre mis testículos, acariciando la base de mi propio m*****o. Gimo contra mi suave escudo y levanto el trasero, dándole más libertad para hacer lo que se le plaza, mi cordura había quedado ahogada en algún momento en donde sus manos me tocaron como el cielo mismo.
— Deja de moverte... Me voy a correr entre tus piernas —niego con mis dientes apresando mi labio inferior y siento sus dedos apretar la carne de mis caderas—. Al diablo, voy a meterla.
Mis ojos se abren como platos y de un brusco movimiento me deja con el rostro enterrado en la almohada y mi trasero levantado, alzo mi rostro y le veo posicionado tras de mí, rasgando un condón con sus jeans abajo, dejando a la vista su grueso y erecto m*****o que contra la luz lunar hacia que los líquidos en su c*****o inchado brillaran como perlas producto de la excitación que no tardaron en deslizarse por su carnosidad. Totalmente contrario a lo que debería haber hecho, me quedé allí, con mis piernas abiertas como una invitación y mi rostro pegado contra la almohada, viendo como el látex cubría su virilidad erigida e impaciente por romperme.
Desliza sus manos sobre mi espalda, subiendo mi camisa hasta mis omóplatos y luego retornando su recorrido con sus palmas un poco ásperas hasta llegar a mis desnudas caderas; las sujeta de ambos lados y pega de golpe mi trasero a su pelvis sin privar a una de sus manos de apretar uno de mis glúteos y separarlo del otro, abriendo paso a su caliente cabeza que se frota sobre mi tímida y pequeña entrada, embadurnándola con el viscoso lubricante del preservativo.
— Recuerdo que mencionaste que te gustaba duro... —susurra, presionándose contra mí. Suelto un quejido— Esto va a ser bastante duro.
Mis manos se sujetan con fuerza de los bordes de la colcha, prediciendo lo que se avecinaba, y así fue. Su redondo glande se presiona contra mi cerrado aro muscular obligándolo a abrirse para dar cabida al inicio de aquel gordo pene en mi interior, y con ello a un desgarrador dolor que me obliga a morder lo que sea que tuviese enfrente. Aprieto mis ojos con fuerza y me trago mis quejas. Me abría desde adentro, enterrándose en lo profundo de mis calientes entrañas. Chase no se detuvo ante mis amortiguados lamentos, solo condujo esa parte de él hasta el fondo, gimiendo de placer cuando notó que aquel trasero alzado que tenía entre sus fuertes manos ahora se lo había tragado por completo.
— ¿Estás bien? —me pregunta en un susurro, pero sus ojos estaban embobados viendo la vergonzosa unión entre ambos. Le ignoro.
Su impaciencia era demasiada, no tardó en arremeter contra mí al empujarse una y otra vez dentro de mí cuerpo. Mi interior escocía, sin poder evitarlo apretaba celosamente aquel ardiente m*****o entre las palpitantes paredes de carne resguardadas en mi abdomen; extrañándole cuando salía y recibiéndole gustoso cuando entraba de nuevo, firme y fuerte, frotando desde adentro con los bordes de su cabeza. Mis dientes se cierran fuerte y gimo con ganas reprimidas, escucho los jadeos de Chase tras de mí. Sabía que le encantaba, lo sabía por la manera en cómo sujeta mi trasero y lo pega contra él en cada embestida, estaba totalmente enloquecido.
Se empuja hacia adentro con fuerzas, sacudiendo mi cuerpo hacia adelante y gimo con suplica ante la brusquedad de la acción. Llevo mi mano hacia atrás, sujetándome del brazo cuya mano que apretaba mi cadera y clavo mis uñas en él en un acto desesperado por lograr que me coja con más fuerza y que cada estocada que clavaba en mi magullado orificio entrara más fuerte y rápida. Chase nota mi intención y de inmediato me toma de los hombros, satisfaciendo mi deseo y haciéndome soltar sonidos extravagantes desde el fondo de mi garganta.
— ¡Más! —suplico contra la almohada, con los ojos en blanco por el placer— ¡Oh, Chase, más fuerte!
Su m*****o golpea lo más profundo de mí con violencia, entra y sale rápidamente acariciando mis suaves y acolchadas entrañas, provocando que cada poro en mi cuerpo se erize. El morbo junto a los sonidos de su imparable cadera pegándose a mi trasero endureció mi pene como nunca, había oído de la fama que mi mejor amigo tenía entre la comunidad femenina por sus dotes en la cama, pero jamás creí comprobarlo en mi habitación con mis otros dos amigos durmiendo a nuestro lado.
Su mano recoge el cabello que cae por mi frente y jala de él, obligándome a levantar el rostro y hacer audibles mis gemidos. Sus labios estaban separados por el esfuerzo, jadeando contra las alteradas venas en mi cuello mientras mis ojos se encontraba prendidos en el techo que se balanceaba ante las sacudidas de sus fuertes embestidas. Mis sentidos pertenecían al hombre que me estaba llevando al cielo, pero en un repentino momento de lucidez logro ver de reojo como Andrew nos observa con sus ojos abiertos desde la cama. Un sudor frío cubrió mi cuerpo de golpe, estaba por interrumpir a mi compañero hasta que algo en mi interior se tensa gloriosamente, presionando mi vientre y haciendo que me corra al momento que suelto el sonido más morboso y lascivo de entre mis labios; apreso a Chase con dulzura, con un lascivo anhelo, incapaz de dejarle ir hasta que gruñe y muerde mi hombro acallando sus gemidos cuando noto como se descarga dentro de mí. Suelta mi cabello y, como si fuera una marioneta con las cuerdas rotas, colapso sobre la colcha con el pecho subiendo y bajando como loco. Volteo hacia Andrew de nuevo pero veo que ahora tiene sus ojos cerrados.
¿Lo habré imaginado? No, era bastante claro, nos estaba observando.
La sensación de Chase saliendo de mí interrumpe mi debate mental, este se saca el condón, lo anuda y tira en la canasta de basura al lado de mi pequeño escritorio antes de tumbarse a mi lado con su rostro viendo al techo y sus manos sobre su abdomen que subía y bajaba al igual que su agitado pecho.
— Whoa. Eso sí que fue intenso —comenta, limpiando con el dorso de su mano las perlas de sudor sobre su frente.
— Oye —llamo dudoso—, me pareció ver a Andy viéndonos desde la cama.
Chase frunce el ceño, luego levanta un poco la cabeza para ver hacia donde dormían nuestros amigos y niega.
— Está totalmente noqueado. Seguro fue tu imaginación.
Volteo de nuevo hacia el castaño pero ahora parecía dormir profundamente.
— Quizá tengas razón...
Me cubre con el edredón y se abraza a mi espalda con una ternura que dejé pasar solo por mi cansancio, permanezco unos minutos más mirando hacia Andrew pero al no volver a abrir sus ojos, soy yo quien los cierra, convenciéndome que el éxtasis me había hecho ver cosas de más.
***
— No olvides cerrar con llave cuando salgas —recuerda mi madre antes de plantarme un beso en la mejilla y salir apresurada por la puerta.
Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer el desayuno que nos esperaba ya servido entre platicas sobre el estudio y cosas triviales hasta que el móvil de Chase, que descansaba sobre la superficie de la mesa, se prende anunciando un nuevo mensaje. Lo revisa y logro ver de reojo un pequeño testamento atestado de emojis de corazón y esas porquerías.
Frunzo el ceño y sonrío.
— Pensé que habías sido rechazado —menciono, para luego darle un sorbo a mi jugo.
Chase me mira con una mezcla de confusión y diversión.
— ¿Quién fue rechazado?
— Tú —respondo—. Ayer lloriqueabas que tu chica te había rechazado porque te habías quedado sin dinero.
Los tres se miran entre si con confusión, hasta que Louis chasquea los dedos y sonríe.
— Fue ayer en el supermercado con la cajera. Que suerte que llevábamos efectivo.
Dejo mi tenedor con un trozo de hotcake paralizado a centímetros antes de llegar a mis labios para mirar hacia el rubio sentado a mi derecha.
— ¿No fuiste rechazado amorosamente?
Me mira divertido y niega.
— Claro que no, solo me rechazó la tarjeta.
¿Qué es este sentimiento de impotencia y granas de estrangular a alguien que me invade?
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