— Tom —me quejo cuando siento que unos labios me besan el cuello—. Tom, ahora no.
Le empujo hacia el otro extremo del sofá y él bufa molesto. Estábamos sentados en la sala del apartamento que compartía con su hermano mayor haciendo un trabajo de ciencias que presentaríamos mañana, pero nuestros pensamientos no iban en la misma dirección. Tomas es mi novio desde hace diez meses pero últimamente su apetito s****l se ha multiplicado como la espuma y, para su mala suerte, yo aún no me siento preparado para dar ese paso. Lo hemos intentado ya algunas veces pero siempre siento cierta incomodidad y terminamos por dejarlo en una simple paja y ya, quizá se deba a que es todo un crío en la cama y siempre busca la manera de llevar las cosas a la ligera, sin disfrutar ni un poco más de lo necesario.
— Luka, ya ni siquiera parecemos una pareja —se queja a mi lado, mientras yo analizo algunos problemas en el libro—, no tenemos sexo, cada vez que te toco te escabulles como un gato y te vas, cuando te beso parece que no lo disfrutas y te molestas por cada cosa. Pareces una chica.
Aparto mi vista del libro y le miro a través de mis gafas, con reproche.
— Cada vez que me besas es frente a tus amigos solo para quedar bien, bien sabes que Zack quiso algo conmigo y no pierdes el tiempo en restregárselo en la cara. Me tocas con motivos perversos y siempre es cuando me encuentro ocupado y no parecemos una pareja porque pasas más tiempo en otras cosas estúpidas que conmigo —regreso mi vista al libro—. Ahora tenemos que terminar esto, luego nos enrollaremos y eso.
Puedo ver de soslayo como se molesta y decido ignorarle.
— ¿Y el sexo qué? —espeta— ¿Por qué no tenemos sexo?
Ruedo los ojos.
— No estoy preparado.
Mentira.
— No te lo crees ni tú. Varias veces lo hemos intentado y cooperas gustoso, claro, antes que lleguemos hasta el final porque luego pones las excusas más estúpidas para marcharte. ¿Acaso tienes otro?
Me abstengo a responder, más por pereza que por culpabilidad.
— ¿Por qué no respondes? Sabes que es cierto ¿no? De seguro te acuestas con Zack, eso no me extrañaría.
Cierro el libro, molesto, y le miro con una ceja alzada.
— ¿Quién te lo contó?
La ira hierve en sus ojos y se levanta de golpe.
— Muy bien. Solo quería oírlo de ti.
Ruedo los ojos.
— Tú te acostaste con otra mientras salíamos así que no me reproches nada.
— ¡No lo hubiese hecho si tú te acostaras conmigo!
Estaba a punto de decir algo cuando se gira rápidamente y sale por la puerta sin privarse de azotarla. Al momento de su salida, su hermano, James, entra en la casa y observa con el ceño fruncido a su joven familiar que parecía poseído por los mil demonios.
Suspiro y me dejo caer con cansancio en el sofá, al lado de la pila de libros de ciencia que servirían para el trabajo que ahora tendría que terminar solo.
— ¿Sucedió algo con él? —pregunta James, señalando la puerta por la que segundos antes había salido Tom.
Asiento.
— Sigue con sus celos estúpidos.
Le escucho reír y coloca una coca-cola en la mesa frente a mí antes de tomar asiento a mi lado con despreocupación. Toma uno de mis libros para darle una ojeada y me permito dejar un momento mi lectura para mirarle.
— ¿Qué tal la universidad?
— Difícil, como siempre —responde en una mueca, luego me muestra el libro que sostenía en su mano—. ¿Qué haces?
— Un trabajo de ciencias —murmuro—. Por más que busco, no puedo encontrar nada sobre estos problemas.
Se inclina sobre mí y chequea mi trabajo.
— Creo que tengo algún libro de estos en mi habitación —murmura dudoso— ¿vamos?
Me mira desde abajo con sus ojos color café e ignorando aquella duda que brotó en mi pecho, asiento.
***
— Son estos —coloca tres libros sobre la cama y palmea el colchón—. Siéntate, si gustas.
Murmuro un "claro" y tomo asiento en el borde de aquella amplia cama perfectamente ordenada, lo que delataba el amor por el orden de su dueño. Veo como entra en el cuarto de baño y minutos después escucho el agua de la ducha correr.
Estando a solas, por fin suelto un suspiro y paso las manos por mi caliente rostro.
James fue mi novio en su tiempo, ambos estudiábamos en el mismo instituto y prácticamente fue gracias a él que me enteré de que era gay. Nuestra relación no era mala pero él debía irse a la universidad y a mí me atraía su hermano así que terminamos y luego mantuvimos una relación de "novio de mi hermano y hermano de mi novio" bastante buena. Él me trata como parte de su familia pero yo no me acostumbro a estar en su presencia sin ponerme nervioso.
Abro los libros y me propuse estudiar pero pasan los minutos y lo único que logré entender era que no entendía ni un carajo de lo que ese libro decía. Tiro de mi cabello frustrado y entonces James sale de la ducha vistiendo un pantalón de pijama y una camiseta sencilla mientras secaba sus castaños cabellos con una toalla. Evitar mirarle con detenimiento fue toda una proeza.
— ¿Todo bien, cariño? —pregunta mirándome preocupado.
— Más que bien, bebé —respondo, burlándome del antiguo mote que le había otorgado.
Se sienta a mi lado y toma mis apuntes.
— Te ayudaré.
Suelto una risa.
— No tienes que hacerlo solo porque tu hermano es un irresponsable.
Sus ojos se clavan en los míos mirándome de una manera estremecedora.
— No lo hago por él, lo hago por ti.
Dicho esto, toma un libro y lo abre para estudiarlo mientras yo me limito a acomodarme frente a él e imitarle en silencio.
En algún momento de nuestro momento de estudio, estiro mi pie sobre el colchón, a su lado, y me acomodo de espaldas a unas enormes y suaves almohadas. El silencio reinaba en la habitación interrumpido solamente por el zumbido del aire acondicionado y nuestra leve respiración, pero aún así mi atención era mínima. Dejar de mirarle mientras trataba de concentrarme era imposible, tras cada mirada la fascinación por su aspecto solo incrementaba; su lacio cabello castaño despeinado con unas mechas cayendo por su frente, sus cejas espesas y delineadas con naturalidad, su nariz perfilada y un par de labios color melocotón que podrían dejar sin aliento a cualquier chica, y eso era lo que ahora hacía: dejar sin aliento a su actual novia, Loren, una consentida de papi con dinero.
— Hagas lo que hagas y busques como busques, te aseguro que no encontrarás la respuesta a ese problema en mi rostro —me exalto un poco al escuchar su voz y bajo avergonzado la mirada.
— Es solo que no lo puedo comprender, trato y trato y termino donde empecé.
Baja el libro y sonríe.
— No te estreses mucho. Relaja tu mente y sigue buscando.
Asiento y me alborota el pelo con ternura para luego dejar su mano descansando sobre el pie que se encontraba a su lado, mismo con el que se dedica a juguetear recorriendo mis dedos y acariciando mi planta. Le miro con el ceño fruncido pero él no lo nota, parecía más como si lo hiciera inconscientemente. Bajo la mirada de nuevo al libro y trato de tomarlo como un acto normal.
Los minutos pasan y sigo sin encontrar una respuesta clara al ejercicio, lo único en lo que podía pensar eran en los largos y tibios dedos de James acariciar mi pie de arriba a abajo, tortuosamente lento. Muevo levemente mi extremidad y sus dedos se desplazan de mi planta hacia mi tobillo, acariciando el borde de mis calcetines e introduciendo delicadamente la yema de sus dedos dentro de ellos. Muerdo mi labio y me doy por vencido con mi trabajo, en su lugar me dedico a observar de soslayo sus dedos que ahora suben hacia mi pantorrilla y me acarician con tacto suave la piel de esa zona, sin dejar de ascender hasta que por fin llega a mi rodilla. Trago fuerte y logro ver como sus ojos me visualizan por encima del libro, luego sonríe y se aventura a subir aún más su mano, entrando bajo la tela de mis bermudas y llevando un abrazador calorcito por todo el músculo de mi pierna. Quería pedirle que parara llegado este punto, pero de inmediato su mano se mueve hacia la cara interior de mi muslo y continúa su recorrido hasta que coloco mi mano sobre la suya.
— Muy gracioso, James —me limito a decir mientras saco su mano de mi ropa—. ¿Por qué mejor no me ayudas con estos?
Suelta una risita y yo siento que el corazón estaba a punto de salirse de mi pecho, tenía una semi erección bajo mis bermudas y seguramente me encontraba bastante sonrojado.
Baja los libros y me hace una señal con sus dedos para que me acerque.
— Ven acá, te explicaré.
Dudo un momento pero termino por pasarle mis libros y gatear sobre el colchón hacia él. Al estar ya enfrente, me toma de las caderas y me sienta justo sobre su pelvis. Doy un respingo al sentir algo semi duro que se clava en mi trasero.
— Muy bien —susurra cerca de mi cuello—, trata de poner atención, ¿sí?
Asiento más embobado que de acuerdo. Tenia su erección casi empalándome el trasero y una de sus manos rodeando mi cintura con firmeza mientras apoyaba su mandíbula en el arco de mi cuello.
— Primero vas a...
Mi mente se desconecta por completo y se centra nada más en cómo su mano libre se escurre bajo mi camiseta y me acaricia el abdomen de un lado a otro erizándome la piel. Mi erección crecía y la suya también, haciendo más presión bajo mi trasero, logrando que mis piernas se sintieran temblorosas por el morbo que experimentaba al estar sentado sobre el m*****o erecto del hermano de mi novio. Cierro los ojos disfrutando de la sensación y de repente dejo de oír su voz por completo.
— Luka —me llama con la voz ronca pegada a mi cuello—. Es tu turno, ahora resuelve este problema de aquí.
Asiento, sin comprender en su totalidad qué era lo que me pedía hacer, y tomo el lápiz que me tiende con mi mente divagando por otros rumbos. Veo con desconfianza el problema y me dedico a hacer garabatos sin sentido sobre la página, aprovechando un poco la situación para inclinarse hacia adelante y presionar así su m*****o endurecido contra mis nalgas. Le escucho soltar un respiro y sonrío satisfecho.
— ¿Así? —pregunto, mirándole inocente. Arquea una ceja y asiente.
Restriego aún más mi trasero en su erección totalmente dura y palpitante hasta que le escucho suspirar de nuevo. Su mano se escurre bajo mi camisa y acaricia con la yema de sus dedos la longitud de mi espalda hasta subir a la base de mi cuello. Mis labios se entreabren ante la sensación de calidez entre mis muslos y me arriesgo a mover mis caderas con delicadeza, trazando bonitos círculos al rededor de erguido pene.
James sube mi camiseta para dejar mi torso completamente desnudo y se inclina sobre mí, arrancándome el lápiz de la mano y apartando los libros hacia un lado para poder pegarme por completo al colchón. El juego se había terminado. Una de sus manos me toca desde la curvatura de mi cintura y se desliza hasta llegar a uno de mis delicados pezones para rozarlo levemente con la yema de su dedo. Jadeo con desesperación, consumido por la lujuria, y alzo mis caderas para hacer total contacto con aquel bulto que parecía a punto de perforar la franela de su pantalón.
— J-James...
Una de sus fuertes manos sujeta mi mandíbula y alza mi rostro para dar espacio a que sus labios se cierren sobre la fina piel de mi cuello; su experta lengua me lame desde la base hasta detrás de la oreja arrancándome un gemido de los labios. Un poco más abajo, un dedo rodea el rosado botón en mi pecho, pellizcándolo, haciendo que este se vuelva rígido a su tacto para luego tirar de él. Aprieto mis piernas para mermar la excitación y de inmediato James lleva una de sus manos hacia entre mis muslos, agarrando mi m*****o sobre mi short y manoseándolo a su antojo hasta que los sonidos suplicantes que soltó ni garganta le hicieron desabrochar mi ropa e introducir su tibia mano hasta tomar entre sus dedos mi creciente y húmedo pene que exigía atención cuánto antes. No tardo en sentir los lentos movimientos masturbatorios estimularme acompañados unas rítmicas embestidas que lograban que su pene se clavara tentadoramente entre mis nalgas y pueda sentir su tamaño pidiendo permiso para profanar lo que se oculta entre ellas.
— Luka...—gruñe en mi oído, lame el arco de mi oreja y suelta su abrasante aliento pegado a mi piel, robándome un suspiro.
Se separa de mí poco a poco y le miro con suplica, alzando mi trasero en su dirección. Se despoja de su camiseta y baja su pantalón hasta medio muslo, dejando libre aquel brilloso m*****o cuyas venas marcaban su gruesa longitud palpitante. Estaba tan hipnotizado por cada detalle de su forma, así como el color y la rigidez de su carne, que ni siquiera puse resistencia cuando me sacó las bermudas con suavidad. Al tenerme desnudo ante él, abrió ambas extremidades a cada lado de sus rodillas y sus ojos no tardaron en caer en lo que resguardaba entre ellas, húmedo y ansioso. Suelta un suspiro mientras una de sus comisuras se alza y se toma el tiempo para acariciar mis piernas desde mis pies aún enfundados, pasando por mi muslo interno, hasta llegar a mi m*****o el cual toma en su palma y frota con avidez.
— A-Amh —gimo, apresando entre mis dientes la sábana de la cama.
Se inclina nuevamente sobre mí y su pene hace contacto total con mi trasero, haciéndome estremecer al sentir el dulce calor y casi involuntariamente me froto a él.
— ¿Quieres hacerlo, Luka? —murmura empezando tocar mi entrada con la punta húmeda de su m*****o. Asiento con frenesí, ansiando devorarlo— ¿Seguro...? —suelto un gemido y asiento de nuevo, dejándole ver esta vez mis ojos cubiertos de lágrimas.
Estira su mano hasta uno de los cajones y saca un condón, pero me apresuro a incorporarme y quitárselo de entre los dedos.
— Te lo pongo yo.
Se sienta sobre la cama apoyado en sus brazos mientras rompo el envoltorio y saco la viscosa circunferencia de látex, lo coloco sobre la cabeza llenando mis dedos con el lubricante y extendiéndolo por toda su longitud hasta llegar a la robusta base. Me fue inevitable morder mi labio inferior al ser consciente que tendría cada centímetro dentro de mí, llenándome y haciéndome gritar de placer mientras suplico por más. James, notando mis ensoñaciones, me toma de la barbilla y junta sus labios contra los míos iniciando un suave beso que ascendía a cada segundo hasta uno más desesperado; su lengua acariciaba mi interior de tal manera que mi mente se perdía, cada movimiento desencadenaba una sensación diferente pero que dolía en el mismo lugar, ese lugar que necesitaba ser saciado ahora más que nunca.
Sujeta mi cintura con su brazo y me conduce hasta sentarme sobre él sin romper el beso, su m*****o se acomoda entre mis glúteos y el mío se pega a su desnudo abdomen marcado por el ejercicio, el calor que su pelvis emanaba entre mis piernas cosquilleaba de una manera deliciosa por lo que no retrasé el sentarme de lleno y soltar un profundo gemido al notar como su pene se ceñía en toda su longitud entre mi circunferencia.
Las manos de James toman el borde de mi camiseta y la sacan sobre mi cabeza como si hubiesen estudiado el arte de desnudar, sus dedos aprovechan mis manos alzadas para iniciar un exótico recorrido desde las puntas de mis dedos, bajando por mis muñecas hasta mis codos y mis brazos; sus dedos rasposos y ardientes prendían mi piel, bajan por mi axilas y se detienen sólo un poco para acariciar con sus pulgares mis pequeños pezones enrojecidos para luego pegarse a mis costillas y detenerse finalmente en mi cintura. Sus ojos, que no se habían perdido ni un solo segundo del recorrido, me miran fijamente y acerca su rostro hasta dejar sus labios a centímetros de los míos.
— Eres una maravilla —susurra.
Rodeo su cuello con mis brazos y busco desesperadamente sus labios una vez más, deseaba que me poseyeran tanto como su delicioso m*****o pudiera hacerlo, ese que era notablemente más grande que el de su hermano y el único que ansiaba engullir hasta los testículos.
Sus manos bajan por mi espalda hasta mis glúteos, los separa y sus escurridizos dedos se deslizan hasta llegar a mi entrada anhelante de atención, lugar en donde se abren paso y se adentran con delicadeza. Me separo de sus embriagantes labios para gemir con libertad, alzando mi trasero y moviendo mis caderas. La sensación de que algo ajeno irrumpa dentro de ti provocando tal placer era deliciosa; los sentía moverse dentro y tratar de llegar más lejos, frotándose contra mis paredes.
— No creo que pueda más —logré pronunciar con las lágrimas ardiendo en mis ojos y los jadeos abandonando mis labios—. Ponlo dentro, James. Mi cuerpo va a colapsar.
Sus dedos abandonan mi interior para que una de sus manos alce mis caderas y la otra conduzca su glande hacia mi dilatada esfínter.
— Lo haré suave —anuncia en un susurro, besando mis mejillas—, sopórtalo un poco.
Su cabeza se abre paso lentamente con un poco de resistencia por parte de mi estrechez; entierro mi rostro en el arco de su cuello y muerdo su hombro. Sus manos toman mis caderas y alza su pelvis para adentrar el resto de su dura y ansiosa erección entre mis apretadas paredes que resentían la presencia de una cosa de tal tamaño empujando hasta adentro. Las lágrimas caían de mis ojos y resbalaban por la fuerte espalda de James, quien gemía y besaba mi cuello mientras más se adentraba en mí. Siento su pelvis contra mi trasero y me tranquilizo solamente un poco al notar que estoy completamente sentado en su regazo, tragándole hasta el tope.
— S-se siente tan extraño —murmuro con la mandíbula temblorosa. Llevo mi mano hacia atrás y toco con mis dedos la base del pene de James totalmente insertada entre el aro estirado de mi entrada.
Me incorporo poco a poco sobre él y me acostumbro a la sensación de ser llenado.
— Vamos a movernos...
Con sus fuertes manos alza un poco mi cadera, provocando que su m*****o salga dejando un incomodo vacío en mi interior para luego llenarlo nuevamente. Mis paredes se ciñen a él en cada embestida, disfrutando de su tamaño, su forma y su calor, un trozo de carne caliente tan diferente entrando y saliendo para alimentar nuestra lujuria y mi cuerpo lo aceptaba gustoso; cada penetración me hacia gemir como creí no poder gemir y descubría puntos que creí inexistentes. Cuando mi cuerpo se había obsesionado con la sensación las manos de James se volvieron inútiles, ahora era yo quien con mis manos apoyadas sobre sus anchos hombros varoniles cabalgaba sobre su duro m*****o, llenándome a mi antojo y tomándole a mi gusto.
— Mírame —pedí entre embestidas—, observa quién es el que te hace perder el control ahora mismo.
— Eso debería estar diciéndote yo. No es mi hermano quien te está cogiendo —pronuncia entre jadeos.
Sus ojos me miran fijamente y sonrío con mi respiración agitada y el sudor cubriendo mi cuerpo. Sus brazos rodean mi cintura y sus pelvis me golpea una y otra vez, estrellándose contra mi trasero y arrancándome un grito de placer de la garganta. Le sentí de una manera desquiciante, mi cuerpo se contrajo contra él y mis unas arañaron su espalda mientras me corrí sobre su pecho. Con un gruñido paró en mi interior y en mi sensibilidad capte las sacudidas y espasmos de su semen al ser expulsado.
Las respiraciones agitadas de ambos podrían haber sido similares si hubiésemos corrido una maratón, eso también explicaría el sudor, pero el vulgar aroma a sexo delataba lo que habíamos hecho. Los dos estábamos exhaustos así que nos concentramos en recuperar el aliento.
No me moví por un buen rato, me quedé abrazado a su cuerpo con una inoportuna melancolía llenando mi pecho. No se trataba de que acababa de serle infiel a Tom, sino que su cuerpo, su cabello, su olor, eso que me faltaba día a día sin siguiera saberlo, ahora estaba aquí, ahora le tenia nuevamente...pero sólo hasta que terminara este acto s****l, y ahora ya ha finalizado.
Me saco las gafas y las dejo caer al colchón para poder limpiar mis nuevas lágrimas. James trata de separarme pero me rehúso.
— La distancia no era ningún problema para mí —murmuro con la voz quebrada—, el hecho de poder verte una vez a la semana me hacia muy feliz. Podía soportarlo, podía soportar cualquier cosa para poder abrazarte al menos una vez a la semana ¿Por qué tuviste que rendirte?
Permanece en silencio durante unos segundos y luego le escucho tragar con dificultad.
— Las cosas no estaban tan bien, Luka. Además, ahora tú y mi hermano saben que lo suyo es...
— ¡Mentira! —grito, ahora sin detener las lágrimas y separándome para verle a la cara— Sabías que te amaba como a nadie y aún así hablaste por ambos sin tomar en cuenta mi opinión. ¡Tu hermano y yo somos un desastre! ¡Es un maldito niño mimado y berrinchudo! ¡Ya no le soporto! —estaba agitado pero me obligué a no romperme del todo— Solamente accedí a salir con él para seguir viéndote una vez a la semana, aunque sea una sola vez...—trago con dificultad y miro hacia sus ojos con súplica — Podemos empezar desde cero, James, voy a ingresar a la universidad a la que asistes, mis notas son lo suficientemente buenas ahora y podremos estar juntos como antes.
Relame sus labios mientras baja la mirada y siento mi pulso decaer. Él siempre hace eso cuando algo no va bien.
— Luka... Fuiste alguien muy especial en mi vida, eso no te lo puede negar nada ni nadie, pero el tiempo para nosotros ya se ha acabado —levanta su mirada y me mira lleno de arrepentimiento—. En una semana me voy del país, voy a casarme con Loren.
Decir que todo se detuvo sería decir nada, decir que dolió como nunca sería decir que fue como uno de sus cálidos abrazos al salir de la escuela, y decir que lloré todo un mar sería decir que lloré un vaso de agua. No hay palabras ni las habrán para describir la manera en que se rompió mi corazón ante esas palabras.
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