Cuando le dije que quería más, durante unos instantes fue como si el mundo se paralizara, o como si se moviera tan rápido que ninguno de los dos supiera como sumarse a ese movimiento. O también como esos momentos en los que te quedas mirando la rueda de un coche que va muy rápido y llega un instante en el que parece que la rueda más que avanzar, retrocede. Sin embargo, después todo comenzó a ir deprisa y sin control alguno. Me rodeó la cintura con uno de sus brazos mientras con la otra me bajaba las bragas por las piernas, todo ello en un solo y fluido movimiento. Después las tiró a saber dónde, aunque tampoco es que me importara lo más mínimo ese pequeño e insignificante detalle. Una vez hecho eso, hizo que me sentara sobre sus piernas, ambas piernas en la misma dirección, lo que me chocó

