“La rutina me consume y el aparentar algo que no es, me mata en vida”
-Rubi- grita mi madre ya histérica y volvemos con la misma canción todo el día –despierta ya niña que se te hace tarde para el colegio y no tienes que llegar tarde en tu primer día – y comenzamos con la rutina nuevamente.
Mi nombre es Rubí Smitt me pusieron ese nombre por el extraño color rojizo de mi cabello que es igual a un rubí, tengo 17 años, mido 1,65 aproximadamente, mi cuerpo es normal ni muy flaca ni muy rellenada, vivo en California, en un pueblito llamado Woskidwinger, es el décimo pueblo al que nos mudamos por razones que desconozco, siempre que pregunto el porque nos tenemos que mudar, me evaden la repuesta y me he cambiado de instituto unas 20 veces y todo por razones que desconozco, nunca me dicen el motivo solo me salen con la frase que me tiene harta ya de que “una niña educada, buena no hace preguntas” aj me tratan como una nena de seis años, ¿es tan difícil decirme aunque sea un pequeño motivo? no es tan difícil; siento que me están ocultando algo, pero tarde o temprano lo descubriré por mí misma.
Me levando de la cama como zombi y camino hacia el baño para tomar una ducha para despertarme mejor, no quiero hacer lo mismo de siempre, me mata hacer siempre lo mismo, ir a un nuevo colegio, nuevos directivos, intentar adaptarse, seguir el ritmo de estudio, aguantar que te vean como un bicho raro los primeros días, empezar
hacer amistades y por último de la noche a la mañana recibir la noticia de que me tengo que volver a transferir de colegio.
Una vez bañada elijo que ponerme y opto por un polo n***o con un jeans oscuro, me seco el cabello dejándolo suelto con ondulaciones en las puntas, me maquillo un poco que consiste en solo rímel, polvo y labial, no soy tanto de maquillarme; tomo mi mochila y cargo un cuadernillo de apuntes, cuaderno de dibujo y por último la cartuchera guardo todo y salgo de mi habitación, me dirijo a la cocina para desayunar, abro el refrigerador y saco yogur de frutilla, mi favorito, lo sirvo en una taza, me apoyo por la barra mientras tomo y me preparo mentalmente para fingir como siempre una chica alegre, cuando en realidad es todo lo contrario.
-Rosari no te preocupes todo saldrá bien –escucho que mis padres vienen bajando las escaleras, miro para todos lados buscando un escondite, abro silenciosamente la puertita en donde se encuentra todas las cosas de limpiezas y me escondo.
-Gabriel sigo insistiendo –dice mi madre apareciendo en la cocina - tengo un mal presentimiento de todo esto –toma un poco de agua –los instintos de la niña ya empezaron a notarse, tarde o temprano la verdad saldrá a la luz.
-lo se Rosali, te entiendo, pero por el momento hay que seguir con lo planeado, en este momento no podemos descarrilarnos, hay que protegerla a toda costa –de que será de lo que me están queriendo proteger, y que quiso decir con que la verdad saldrá a la luz.
-no sé cómo lo hacen, pero cada vez están más cerca de nosotros, este año nos mudamos más seguido que el año pasado, no importa donde la llevemos ellos igual la siguen –dice mi madre.
Mi padre suspira pesadamente y ambos quedan callados un largo rato.
-Rubí sal de tu escondite –dice mi padre cansado – no lo repetiré dos veces señorita.
Genial ¿Cómo lo hace? Nunca me puedo esconder de mi papá, siempre me encuentra sin importar en donde me meta, salgo despacio de mi escondite y hay están ambos, mirándome serios de brazos cruzados.
-hija cuantas veces te tengo que decir que es de mala educación que escuches a escondidas? –dice mi madre mientras se acerca a mí.
-no estaba escuchando a escondida, fui a buscar el trapeador y la puerta se cerró sola y cuando estaba por abrir entraron ustedes y no los quería interrumpir en su charla entonces me quede a esperar que terminaran –digo con cara de angelito.
-y que querías limpiar hija? –me pregunta curiosa mi madre, intento pensar rápido en un justificativo pero es tarde.
-es la excusa más pobre que se te pudo ocurrir Rubí –dice mi padre en un intento de querer contener la risa.
-oye no es ni una excusa –digo un poco enojada de que se quiera reír de mí.
-enserio? –dice papá con una ceja arqueada.
-cambiando de tema, como es que siempre me encuentran facialmente –digo refunfuñando como una niña pequeña, porque es verdad, ¿Cómo lo hacen?, hasta me da a pensar de que me colocaron un rastreador.
-es un secreto.-dice mi padre para luego revisar su móvil.
-dale pa decime –insisto.
-cuando viste hija que un mago revela su secreto –guarda su móvil y me mira -es hora de ir al colegio.
-mmm tramposo –digo por lo bajo.
-vamos hija se hace tarde- dice mi madre tomando su cartera y llevándome a rastras afuera.
-ahora que lo pienso –me detengo por un momento y ellos me miran –a que se referían con que pronto la verdad saldrá a la luz? –pregunto curiosa, ambos se miran por un instante.
-de nada hija, estábamos hablando de una obra que vimos con tu padre, no es nada
importante –dice mi madre rápidamente, pero yo no les creo nada, ya me enterare de que trata.