La mirada de Rodrigo oscureció, ella estaba coqueteando con él, y lo provocaba, a su modo, con la inocencia que siempre demostró y que lo enamoró. —Sabes bien que yo no le tengo miedo a nada —aseguró él y luego la tomó de la barbilla para reflejarse en la limpia mirada de Giovanna—. Me siento muy orgulloso de ti, sé que eres una gran mujer, muy valiente y que solo necesitas empezar a enfrentar esos miedos, para volver a empezar, y ser feliz, me alegra tanto verte contenta junto a Lulú, siento que tu alma va sanando y me siento dichoso por ti —habló con sinceridad. Las palabras de Rodrigo conmovían cada vez más a Giovanna, él se comportaba como un hombre dulce con ella y no como el patán que la echó años atrás de aquella habitación semidesnuda y que luego no quiso hacerse cargo del bebé

