Con los brazos extendidos, giró. Nate contuvo la respiración, completamente cautivado por la elegancia y la fluidez de su baile. Ataviada con un vaporoso vestido blanco, parecía un cisne descendido directamente del cielo. Las múltiples capas de su vestido subían y bajaban a su alrededor. Sus ojos seguían sus movimientos con adoración y reverencia. Finalmente hizo una reverencia y exhaló un suspiro profundo y fuerte. Una sonrisa curvó sus labios mientras levantaba la cabeza para mirarlo. Nate sonrió y se puso de pie. Ella lo observó, con el pecho subiendo y bajando suavemente, la anticipación brillando en sus ojos. Él acortó la distancia y se paró frente a ella. —¿Cómo lo hice? —preguntó, curiosa. Había pasado tanto tiempo desde que bailó... desde que había dejado de lado las pasiones qu
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