Cuanto más leía, más pesado se le hacía el pecho y su expresión se desmoronaba lentamente. Desde que se anunció su compromiso, el mundo se había encargado de compararlos, de medirla con él. Según ellos, era demasiado básica, demasiado dolorosamente simple para estar al lado de Nate. La analizaron pieza por pieza como si no fuera una humana, sino algo inanimado, desde su sentido de la moda hasta su forma de comportarse, desde los gestos más pequeños hasta su acento. Nada escapaba a su escrutinio. Cada comentario la desgastó, dejándola sintiéndose expuesta, reducida a defectos que ni siquiera sabía que poseía. Estaba viendo al presentador explicar la alineación de sus dientes cuando la pantalla se quedó en blanco de repente. —¿Qué mierda estás viendo? —la regañó Nate, tirando el control r

