Sus labios palpitantes se separaron de los de él mientras inclinaba su rostro hacia el cielo, arqueando la sensual curva de su cuello hacia su rostro. Ares levantó su ardiente mirada hacia su hermoso rostro. Tenía los ojos entrecerrados, el cabello empapado pegado a su rostro, la boca ligeramente entreabierta. Su respiración era lenta y sensual, sus labios brillantes y suavizados por el beso. Su garganta se movió. Estaba atónito. Ella era un espectáculo. Un espectáculo jodidamente peligroso. Una pasión salvaje corrió por sus venas y le incendió las entrañas. La apretó con fuerza en el cuello. Sus dientes se clavaron en su delicada piel y ella soltó un gemido. Sintió que el monstruo que llevaba en los pantalones se contraía. —Vas a ser mi muerte —gruñó en voz baja mientras le daba su

