El dolor es el alimento esencial del amor; cualquier amor que no se haya nutrido de un poco de dolor puro, muere. Maurice Maeterlinck Miranda no podía creer lo que sus ojos presenciaban. Su hermana se encontraba besando a su esposo. La dicha que llenaba su corazón comenzaba a desvanecerse como arena entre los dedos. Un dolor punzante le oprimió el pecho. >, pensó, con el alma desgarrada. Gabriel apartó bruscamente a Megan; ella retrocedió trastabillando, apenas logrando mantener el equilibrio. Sin perder un instante, caminó hacia Miranda e intentó tomarle la mano, pero ella se retiró con dignidad herida. —Por favor, explícame… ¿Qué significa todo esto? —preguntó con voz serena, aunque le temblaban los labios. Las lágrimas, brillando en sus ojos, desgarraron el corazón de Gabriel.

