Terry y Juju se encontraban en la estación de policía, sentados en incómodas sillas de plástico que crujían con cada movimiento. El aire a su alrededor estaba impregnado de tensión, una nube pesada que parecía envolverlos a ambos. La noche había sido un caos de eventos inexplicables y emociones desbordadas, y ahora se encontraban allí, sin respuestas claras, esperando por un poco de paz en medio del torbellino. Mientras, Chang estaba en la casa cuidando a lo niños, a salvo y custodiados. Juju no podía dejar de mirar su teléfono. Lo sostenía con manos temblorosas, revisando cada llamada perdida de su hermano, que seguía intentando contactarla, preocupado. Pero, en su estado emocional, no tenía fuerzas para responder, mucho menos para explicarle todo lo que había sucedido. La confusión, el

