El camino hacia la clínica fue tranquilo, pero la mente de Juju no dejaba de dar vueltas. Terry conducía en silencio, lanzándole miradas de vez en cuando, como si intentara descifrar lo que ella estaba pensando. Juju tenía las manos entrelazadas en su regazo, los nudillos blancos por la fuerza con la que se agarraba. A pesar del apoyo constante de Terry, no podía evitar sentirse nerviosa. Cuando llegaron a la clínica, Amal, la ginecóloga y esposa de Michael, los estaba esperando. El consultorio estaba casi desierto, una clara señal de que Amal había hecho un gran esfuerzo para poder atenderlos personalmente, a pesar de estar de vacaciones. —Gracias por recibirnos, Amal. Sé que esto es mucho pedir, y que estás ocupada —dijo Juju, su voz temblorosa mientras trataba de mantener la compostur

