— A lo mejor tienes fiebre, estás un poco roja. Murmuró Rose junto a mi en un sofá increíblemente enorme y atascado de cojines, llevaba un rato inspeccionando mi rostro. Giré para verla aguantando una carcajada. — Estaba imaginando que nos besabamos — solté una risa avergonzada. — ¿Eso haces cuando te aburres? — me dio una sonrisa. — A veces también tengo viajes astrales... — ¿Y porqué sólo lo imaginas? — Nos quedamos mirando hasta que de repente todo se hizo borroso excepto esa cercanía y la sangre que se movía por nuestros cuerpos. Se me vino esa conversación a la mente, como un recuerdo ocasional que sin sentido aparece, y también otro más, de hace tanto tiempo, cuando como ahora me gustaba mirar a la gente haciendo cosas, y mi novia de entonces compraba muchas gominolas de osito

