Me sigue escaleras arriba hasta mi antigua habitación, pasando por la puerta del dormitorio de mamá y papá. Todavía no puedo entrar, pero con la ayuda de Adrián algún día lo haré. Todo necesita una remodelación, lo que significa ordenar sus cosas. Apenas logro abrir la puerta cuando empieza a manosearme, rasgándome la ropa. Cierra la puerta de golpe mientras me desviste, y yo me giro y dejo que me quite la ropa sucia, y que él también rasgue la suya. Saber lo que siente por mí lo intensifica todo. Me siento vulnerable de una forma nueva con él, y me gusta. Me siento segura. Sin decir palabra, Adrian me arroja sobre la cama y me inmoviliza contra ella con sus fuertes brazos. Su boca está sobre la mía mientras nos besamos apasionadamente, su lengua invade mi boca y juega con mis sentidos.

