CANTO XVI-2

2490 Palabras

Dichas estas palabras se sentó. Telémaco abrazó a su buen padre, entre sollozos y lágrimas. A entrambos les vino el deseo del llanto y lloraron ruidosamente, plañendo más que las aves -águilas o buitres de corvas uñas- cuando los rústicos les quitan los hijuelos que aún no volaban; de semejante manera, derramaron aquéllos tantas lágrimas que movían a compasión. Y entregados al llanto los dejara el sol al ponerse, si Telémaco no hubiese dicho repentinamente a su padre: —¿En qué nave los marineros te han traído acá, a Itaca, padre amado? ¿Quiénes se precian de ser? Pues no creo que hayas venido andando. Díjole entonces el paciente divinal Odiseo: —Yo te contaré, oh hijo, la verdad. Trajéronme los feacios, navegantes ilustres que suelen conducir a cuantos hombres arriban a su tierra: me tr

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