Así se expresó; y le contesté diciendo: —¡Oh, dioses! En verdad que el largovidente Zeus aborreció de extraordinaria manera la estirpe de Atreo, ya desde su origen, a causa de la perfidia de las mujeres: por Helena nos perdimos muchos y Clitemnestra te preparó una celada mientras te hallabas ausente. Así le hablé; y en seguida me respondió: —Por tanto jamás seas benévolo con tu mujer ni le descubras todo lo que pienses; antes bien, particípale unas cosas y ocúltale otras. Mas a ti, ¡oh Odiseo!, no te vendrá la muerte por culpa de tu mujer, porque la prudente Penelopea, hija de Icario, es muy sensata y sus intentos son razonables. La dejamos recién casada al partir para la guerra y daba el pecho a su hijo, infante todavía; el cual debe de contarse ahora, feliz y dichoso, en el número de

