Aun le resultaba increíble que Wesley dudara sobre lo que él sentía por él luego de todo lo que habían hecho, luego de todo lo que había hecho. Fue tan así, que una risa amarga se escapó de sus labios de tan solo pensar en aquello. ¿Acaso el lobo era tan idiota como para creer que él no sentía nada? –¿Problemas en el paraíso? –preguntó entonces una voz detrás de él sumamente conocida, lo que ciertamente lo tomó por sorpresa y hubiese saltado del susto si no supiera contener sus emociones como lo hacía, así que sin más se giró con cara de pocos amigos y lo fulminó con la mirada. –¿Qué haces aquí? –le preguntó al verlo enfrentandolo. –Un idiota nos ordenó que custodiáramos el hospital y eso es lo que hacemos –le contestó como si fuese algo sumamente obvio y se encogió de hombros luego.

