Nunca había ido a un funeral y menos aún había tenido que ser el que lo organizara y aquello le pareció algo de muy mal gusto. ¿Cómo podía ser uno capaz de organizar el velorio de alguien a quien amó en vida? ¿Cómo era capaz de verlo en un ataúd completamente frío y sin vida, cuando había pasado toda una vida con ellos, viéndolos reír, llorar, gritar... estar con vida? Pero allí estaba, conteniendo las lágrimas y aceptando las condolencias de los demás con respecto a la muerte de sus padres y la verdad era que se hubiese reído si hubiera tenido el humor y las ganas de hacerlo, pero estaba muy lejos de tenerlas. Se sentía muerto en vida y capaz lo estaba, quien sabía. Pero aquello, todo aquel acting, lo estaba matando. Lo estaba ahogando de una forma que nunca creyó que le sucedería.

