Peython Lewis. Mis ojos procesaban cada imagen, no podía creerlo. Aquel hombre sucio, con algunas lastimaduras en su rostro y cuerpo, con la ropa sucia es...oh dios. —¿Papá? No-no puede ser posible— Aquel señor también comenzó a lagrimear pero negaba con la cabeza. —No-no, usted me está confundiendo señorita— —Si estuviera confundida no me verías con esos ojos, esos ojos color miel, distintos a cualquier otro. Iluminadores de la oscuridad y dictadores de la verdad...— —La verdad más pura y santa, la de tus ojos miel que dan alegría a la vida sin necesidad de nada más que un pestañeo— él completó la frase con su mirada perdida y sin importarme nada, salte a sus brazos. Nos fundimos en un abrazo fuerte y cariñoso, uno tan valioso, cálido y verdadero como jamás había recibido en mi v

