Capítulo 35— Entre la Verdad y el Dolor La casa de los Saavedra estaba en silencio, aunque cada rincón parecía vibrar con el peso de lo que había ocurrido. Martín se dejó caer en una silla con los hombros hundidos, como si cargara toneladas invisibles. Había vuelto con la voz quebrada, con la confesión en la garganta, y cuando por fin salió, todo salió a la superficie. —Mamá… —dijo, destrozado—. Clara ya sabe todo. Se fue todo al carajo. Ahora, si no me perdona… ya sabe que ustedes también se lo ocultaron. Olivia lo miró con ternura y firmeza a la vez. Había envejecido en esas semanas de tensión, pero aún conservaba en los ojos la fuerza de quien había aprendido a resistir tempestades. Suspiró y señaló la silla frente a ella. —Sentate, Martín. Hay que pensar con la cabeza fría ahora. T

