Capítulo — La resaca del sueño Julieta se despertó tarde, con la cara pegada a la almohada y el corazón todavía agitado. Había soñado con él. Con ese barbudo impertinente que se le colaba hasta en los huesos aunque no quisiera. El recuerdo era tan vívido que todavía sentía el calor en la piel, en el vientre, en cada rincón de su cuerpo. Se sentó en la cama, llevó las manos a la cara y soltó una risa nerviosa. —Estás loca, Julieta… —murmuró, como si quisiera convencerse de que todo había sido solo un maldito sueño. El baño de la habitación era chiquito, con un espejo ovalado que siempre se empañaba por la humedad. Julieta se miró allí y se quedó quieta. No se reconocía. El pelo estaba más claro, casi con reflejos rubios que el agua del pozo parecía haberle robado a la ciudad. Los ojos,

