Capítulo — La verdad que duele Mateo tenía el celular en la mano como si fuera un hierro ardiendo. Daba vueltas en el cuarto, con la barba áspera y los ojos hinchados de no dormir. Habían pasado varios días desde que salió a buscarla, desde que creyó verla detrás de una puerta que nunca se abrió. Y ese vacío lo estaba consumiendo. Marcó el número. El tono se repitió una y otra vez hasta que al fin, la voz grave de Carlos Saavedra respondió. —¿Mateo? —preguntó con calma, esa calma que siempre lo había sostenido. —Carlos… —la voz del rubio se quebró—. Decime la verdad, ¿pudiste saber algo de Julieta Medina? No aguanto más, hermano. El auto se lo llevaron, no tengo una maldita pista… siento que la pierdo sin poder hacer nada . Carlos cerró los ojos. El silencio de su casa lo envolvía, y

