Para Melissa, los últimos días se habían sentido como un maldito dolor de cabeza. Los minutos pasaba lentos sin Lyanna en casa, y aún más lentos sin las imprudentes visitas de Brooke a su habitación todas las noches. Melissa no podía creer que, después de poco más de una semana, era capaz de sentir las manos de Brooke en su cuerpo, y de sentir el sabor de sus besos. La puerta de su despacho se abrió y la castaña cabellera apareció, seguida por un par de ojos azules y finalmente una radiante sonrisa que la hizo reír. Beca entró en su despacho, sosteniendo el pomo de la puerta con una mano, mientras colocaba su otra mano en la cadera. —La cena esta lista. —Querrás decir: “La cena ya llegó”. —Bueno, lo que sea —movió la mano, restándole importancia. —Darla está colocando la mesa, te esper

