Relata Santiago Subo lentamente a la habitación, no sé cómo voy a explicarle a mi osita lo que ha sucedido. En el pasillo me encuentro a Anabel, trato de ignorarla pero obstruye mi paso. —Santi, amor, podemos hablar— escuchar a esta mujer me pone de mal humor, como puede llamarme amor, que tal su descaro. Se acerca sensualmente y con sus delgadas manos acaricia mis pectorales. Me he quedado gélido al ver su descaro, reacciono segundos después y presiono sus manos. —Escucha, soy un hombre casado y tú una mujer casada, no vuelvas acercarte a mí de esa manera ni mucho menos llamarme amor ¿Entendido? Paso por su costado e ingreso a mi habitación, me siento al borde de la cama pensando en, ¿cómo decirle que su padre intentó matarse? La veo salir del baño sonriente, quisiera hacer to

