Relata Erika: Siento como las tibias lágrimas ruedan por el rabillo de mi ojo perdiéndose así en mis castaños cabellos, mis piernas tiemblan al mismo tiempo que mi corazón duele. —Amor, Erika, cariño—escucho esa voz familiar la cual me obliga a despertar. Mis ojos se abren con asombro al encontrarme en el hospital, inmediatamente llevo mis manos al vientre y mascullo—¿Dime qué todo está bien?, ¿mis hijos?, ¿Dime qué no te atreviste a tocarlos? —Ellos están bien amor, tranquila, te desmayaste y tuve que traerte al hospital—recobro el aliento al saber que todo fue un sueño una horrible pesadilla—Aunque de ese tema debemos hablar—dice y le miro con enojo. —Nadie tocará a mis hijos, sobre mi c*****r podrán arrebatarle la vida —Osita, dos vidas dentro de ti es arriesgado, tu cuerpo no re

