La propuesta de Eduardo
Fueron muchas horas de viaje de las cuales no descansé nada mi mente está tan cansada pero de algo estoy seguro y este proteger a Valeria apenas llego a la selva la veo que está trabajando con las demás mujeres.
Escucho como todo se alegran al verme y salen corriendo yo los saludo pero en realidad quiero llegar hasta los brazos de mi mujer de la selva.
Cuando ella me vio se alegró tanto que corrió a mis brazos deseaba tanto verla y tenerla cerca de mí me abrazó tan fuerte que sentí como mi corazón latía junto al de ella.
Mágico y especial fue ese momento a separarme de ese rico abrazo que tome su rostro en mis manos y La besé tomé sus labios como si nunca quisiera soltarlos La besé con tanta pasión que hasta creo que deseo lo curioso llegaron a mí mente.
Creo que ella también sintió lo mismo porque al verme pude ver ese destello de calor y deseo en sus ojos.
—Dios mío por fin llegaste te extrañé tanto.
—Igual yo te extrañé cada minuto de cada día, nunca saliste de mi mente.
Ella volvió a besarme, pero esta vez un poco más prudente no nos habíamos fijado que toda la tribu estaba en nuestro alrededor mirando los caciques y la matriarca, se mantenían un poco alejados la matriarca me ha dejado muy claro que no está de acuerdo con mi relación con Valeria con Aruma, mejor dicho,pero no me importa si me tengo que ir de aquí lo haré.
De lo que sí estoy seguro es de que no dejaré sola a mi Aruma.
Luego de saludar a todos por fin puedo estar a solas con mi hermosa, una vez en el consultorio nuestro encuentro fue más privado y puedo decir que hasta placentero.
Pude abrazarla, besarla, olerla y sentirla tan cerca de mi piel. Es realmente sofocante lo que siento por ella.
Los besos y las caricias se fueron intensificando y cuando ya me doy cuenta estamos semidesnudos en mi consultorio, deseo tanto a Valeria, que no me importa nada más, no me importa lo que diga la matriarca si está de acuerdo o no pero esta noche quiero hacer la mía.
Comienzo a besar su cuello y bajo mis caricias o sus pechos y cintura, mis manos están inquietas quiero tocar todo su cuerpo y sentirla.
Siento que ya está deseosa, jadeando por mis caricias, siento como me aprieta con sus manos, cómo trae mi cuerpo hacia el de ella o sentir el sudor puedo saborear los salado de sudor.
Mi cuerpo también reacciona la quiero hacer mía, estoy tan caliente que comienzo a quitar su ropa inferior, en este momento de besos y caricias, algunas cosas caen al suelo pero yo no le doy importancia.
Su pantalón se me hacía un poco complicado de desabrochar entonces ella me pide entre gemidos algo que hace que me desconcentre totalmente.
—Amor quítate el reloj, siempre te lo he dicho, me lastima.
—¡Que!? Aruma no traigo reloj ¿de qué hablas?
Ella tenía los ojos cerrados, pero al escuchar mi voz los abrió, pude ver cierto miedo en sus ojos o tal vez vergüenza.
Ella se recompone y tomó mis brazos y vio que no llevo reloj.
—¡Qué! pero yo sentí que me lastimaste con el reloj.
—No llevo reloj, debe estar en la chaqueta o en mi maleta.
Ella estaba un poco confundida y aturdida, colocó sus manos en sus sienes.
—Creo que… creo que mejor me voy.
—No por favor quédate. Quédate conmigo, que sea nuestra primera noche y sea inolvidable.
—No, la verdad estoy incómoda y siento malestar, no sé, siento algo muy raro..
Ella colocó su camisa, agarró sus cosas y salió corriendo del consultorio ¿qué mier*** pasó?
¿De qué pu** reloj me está hablando?
Mi cabeza da mil vueltas tratando de entender que acaba de pasar, supongo que le llegó algún recuerdo, ahora si me siento preocupado.
Mejor la dejo tranquila y no le pediré explicaciones, no vaya a ser que recuerde algo más. Creo que lo mejor es no presionarla y mucho menos pedirle explicaciones de lo que acaba de ocurrir.
Decido descansar y así poder pensar mejor las cosas.
Por la mañana me despierto con el sonido de la puerta, creo que es una emergencia, pero al abrir me llevo una sorpresa y es mi Aruma.
Ella está con una sonrisa y algunas frutas.
—Preciosa aún es temprano.
—Si, solo quise venir a disculparme por lo de anoche. Lo siento.
—No te preocupes no tienes nada de qué preocuparte.
—No sé qué pasó anoche solo sentí que tú tenías ese reloj.
Se que ella quiere una explicación de lo de anoche, pero no voy a hacer el intento y correr el riesgo de que ella recuerde.
—Mi amor no hay ningún problema, si no estás preparada esperamos hasta que lo estés.
—Si está bien, solo quería estar segura de que no estuvieras molesto.
—No mi amor jamás. Es más quería aprovechar para proponer ir a la otra tribu.
—¿Irnos? ¿Por qué?
—Bueno, me expresé mal no es irnos definitivamente es solo para ayudar a la gente de allá que ya están por parir algunas mujeres y necesitan mi ayuda.
—¿Podría ser después de las fiestas?
—Si, después de las fiestas.
No quiero verme desesperado, pero necesito sacar de aquí a Valeria, no me quiero arriesgar.
Mis labores comienzan, la gente está feliz por todo lo que les traje y tienen mucho alboroto, la matriarca se acerca y me dice.
—No te pertenece y lo sabes.
—No sé de qué hablas.
—Si lo sabes, te dolerá si no haces caso.
—La conquistaré y haré una nueva vida con ella, no es tan difícil, ella no recuerda su pasado.
—Ella regresó por un propósito y ahí no estás tú.
—Si ella llegó a este lugar es por algo, tal vez su propósito es estar conmigo.
—Los espíritus no me han dicho eso doctor.
La anciana se aleja y me quedo pensativo quiero a Valeria y se que no me pertenece pero tampoco le pertenece a ese imbécil.
Está noche le entregaré los regalos que le traje, quiero un compromiso con ella.