Capítulo 16.

2107 Palabras
—Nadie dijo que eres… —Soy patética —se seca el rostro con un pañuelo que saca de su bolso e intenta seguir sonriendo—. Descuida, solo estoy cansada de los largos turnos en el trabajo. —Hemos llegado señorita —interrumpe el chofer quien había estado presenciando toda la escena al aparcar el auto dejando a John con las palabras a medias. —Llévalo a casa sano y salvo por favor —ella abre la puerta y le entrega el pago de ambos al taxista. —No eres nada de lo que piensas —John intenta hacerla sentir bien pero no parece tener efecto alguno en alguien a quien realmente no conoce del todo. —No sabes nada de mí —no se hace sonar molesta al decirlo, pero ligeramente su mirada indica que se encuentra cohibida por lo sucedido. Termina de descender del vehículo y cierra la puerta para comenzar a caminar hasta el edificio donde se encuentra su departamento. Por fin luego de un largo día John ya podía descansar en casa, dejar que todo ese cansancio se esfumase al acostarse en su cama y que el sueño le abrace suavemente hasta el día siguiente. Eso era lo que pretendía mientras se movía de lado a lado en su cama buscando conciliar el sueño cuando su mente está llena de tantas dudas y cosas inesperadas como la relación que Thiare mantiene con alguien más. “Nada de esto puede ser cierto —negarse no le iba a servir de nada cuando se está rompiendo a pedazos y lo sabe, pero solo puede quejarse consigo mismo en su propio mundo de soledad y angustia —. ¿Qué debería hacer? —se pregunta unas cuatro veces sin respuesta alguna que le libre de la duda. Recordó que había guardado algo importante en su mochila y no le había prestado mucha atención así que decidió levantarse para buscarlo”. Aun guardaba el collar que le había regalado, una carta que había escrito pretendiendo que de esa forma podría despedirse y un recorte de periódico del día del accidente. Era como su propia caja de recuerdos de la perdición, donde guarda dolor, tristeza y un castigo impuesto por sí mismo hasta que el final de su existencia se decida aparecer frente a la puerta de su casa para llevarle al lugar que cree pertenecer, la muerte. —Es extraño que todo siga intacto —se vuelve a plantear la razón de que ella pueda seguir viva y no puede pensar en nada lógico que no sea obra de Dios. Lo más importante era si lo que él realmente estaba haciendo era lo que quería hacer, o era una forma de intentar expiar sus pecados. Comenzaba a verse al espejo como un completo egoísta por querer sentirse bien consigo mismo al ayudarla a seguir adelante, no parecía que su objetivo fuese el adecuado y dudaba de estar haciendo una buena acción —. Aun así, debo hacer algo —su reflejo en el espejo es tan deprimente y desolado que le hace pensar que, si la soledad tuviese forma, sin duda alguna sería la de el mismo humano que vemos al observarnos al espejo con los ojos encharcados y el corazón árido —las oportunidades se presentan por alguna razón —él se hablaba, pero su reflejo no le respondía y estaba ahí observándole con rabia y ganas de ahorcarlo—. Quiero confirmar con mis propios ojos que realmente soy un ser despreciable. Decidió llevarse a la cama todos esos sentimientos y ya no había suficiente espacio para él, pero no le importaba mientras pudiese cerrar sus ojos por un momento y que en ese lapso de tiempo medio inerte su alma pudiese descansar en paz. Eran las siete de la mañana, Thiare se encontraba semidesnuda en la cama al lado de Peter quien estaba completamente rendido y babeando la almohada con su cuerpo de medio lado apuntando al lado contrario en que se encuentra ella. Despierta con los ojos hinchados del cansancio, deja que sus pies desnudos tengan contacto con el frío suelo de su habitación y de inmediato se espabila al sentir como el helado clima de su recámara le besa el cuerpo casi desnudo. —Necesito un café —se soba los brazos para darse calor. Sin hacer ruido se aproxima hasta su closet de dónde saca un suéter acolchado y se lo coloca para luego encaminarse hasta la cocina que se encuentra más cálida. Enciende las luces, recoge los platos y tazas sucias para meterlas en el fregadero y luego de que la cafetera se encuentre funcionando se da el tiempo de lavar con cuidado la vajilla sucia mientras espera que su droga lícita se encuentre lista para el consumo. Siente un poco de hambre cuanto su estómago comienza a tener un pequeño ardor del cual Thiare no necesita preocuparse demasiado puesto que en su refrigerador cuenta con una cantidad considerable de dulces que calman sus ansias matutinas. Escoge una barra de chocolate blanco y muerde un trozo grande para luego devolver el restante a la nevera, regresa al fregadero y continúa lavando los platos hasta que la cafetera hace lo suyo y el exquisito café comienza a dejarse caer en su taza favorita de color n***o. Coge la tibia taza con ambas manos y va a sentarse en el sofá de la sala observando que la noche anterior había olvidado guardar el piano eléctrico—. Seguro que el profesor de música va a regañarme por no haber avanzado nada —tenía libre en la universidad y solo debía dirigirse hasta la academia de música para poder continuar practicando esta vez con algo más de concentración y calidad que en casa. Luego de beber media taza de café se mete a la ducha, un baño con agua caliente y ropa cómoda para soportar el clima del día mientras intenta no perder la cabeza con tantas ocupaciones. —¿Ya te vas? —Peter se frota los ojos desde la cama al levantar la mirada mientras Thiare recoge sus libros de música de la habitación. —Creí que seguirías durmiendo —le contesta ella sin levantar la mirada de la mochila. —Tal vez lo haga —siente que su cuerpo aún podría descansar un par de horas más. —Regresaré por la tarde —se acerca a la cama para besarlo—. No olvides ir al trabajo, tu manager se molestará si llegas tarde el día de hoy. —Lo sé —se estira de brazos—, ten un buen día amor. —Igualmente, llámame si necesitas algo —ella le lanza un beso con la mano y sale de la habitación para recoger una pera del desayunador y salir de casa lista y preparada para batallar con el piano del salón de música de la academia. Al llegar ocurrió lo que se temía, el profesor le esperaba justo al entrar en el salón y por el aspecto que llevaba en su expresión lo único que quería escuchar eran palabras positivas sobre su avance en la preparación de las piezas que tocaría en la presentación. —En mi defensa —levanta el dedo índice—, muchos grandes músicos han tardado meses en crear piezas completamente perfectas y yo no llevo ni tres días. —Y tampoco tienes meses —le devuelve la misma cucharada, pero con sarcasmo—. Mejor practica la pieza de Chopin que quieres tocar, asegura primero el boleto y luego date el lujo de tardar los años que quieras en crear una pieza musical de tu propia autoría —el profesor se da la vuelta para buscar entre sus partituras algunas que a ella le puedan interesar y Thiare solo le hace muecas mientras se acerca al piano. —No hace falta que me recuerde que el primer gran suceso de mi carrera musical se encuentra pisándome los talones —expresa Thiare. —¿Prefieres algo elegante, triste, alegre? —va pasando de hoja en hoja mientras espera que ella, tome la decisión. —Debería ser elegante, con un toque romántico —se le ocurre que sería bueno para dar una impresión impecable. —Seguro tienes algo —vuelve a verla —, a ver. —Por supuesto —le sonríe con aires de grandeza. Se sienta en el piano para tocar algunas notas y en seguida el profesor reconoce la pieza que ha elegido. —Nocturne in E-Flat Major, Op. 9 No. 2 —asiente con la cabeza—, una gran pieza musical desde luego. —Lo suficiente para asegurar la presentación —replica Thiare. Es una pieza que sabe tocar a la perfección, solo debe añadir algo de practica con el metrónomo y que sus tiempos terminen de ser más perfectos. —¿Te has resignado a crear una pieza? —era lo que el profesor podía deducir de sus palabras. —No realmente —desliza su mano derecha sobre el piano y luego voltea a ver al profesor para sonreírle—, es solo que tendré mucho tiempo para eso luego de la presentación. No creo que muera tan joven así que aprovecharé todo el tiempo necesario para cumplir mis metas, ya sea que me tome más tiempo del necesario y para poder comenzar con esa decisión debo poder vivir de la música. —Por lo que estudiar en una prestigiosa academia te vendrá de maravilla —el profesor la entendía perfectamente—. Pues empieza con la práctica, no tardarás mucho hasta que la melodía suene como si el mismísimo Chopin estuviese tocando por ti. —Me esforzaré al máximo —le hace saber Thiare—, después de todo también tengo un novio que se deja la piel por su sueño. Quiero ser capaz de pararme a su lado con la frente en alto por mis esfuerzos. Practicaría hasta que sus dedos pidiesen perdón, se le notaba en la mirada que así lo haría y por ello el profesor no tenía nada más que añadir a la conversación. Confiaba en que su mejor alumna sea capaz de demostrarle al jurado que se merece un puesto, que de no escogerla perderían a la mejor pianista del país y se lamentarían por el resto de su vida. Ella tenía suficientes razones para hacerlo, y muchas personas a quienes hacer sentir orgullosos de sus avances en lo que realmente le gusta hacer. Los únicos números que ella quería contar eran los de sus piezas musicales, no los ingresos de una empresa por el resto de su vida. Esa pieza de Chopin sería su salvación, el boleto directo a una mejor vida y a un cambio total con el que se pueda despedir de una simple sociedad en la que todos se ven obligados a vivir el día a día, dejando que la vida viva por ellos. Para John el día comenzó a las once de la mañana luego de cinco llamadas perdidas en su celular y un grito de su madre para bajar a desayunar. Había recibido la confirmación de que obtuvo el puesto de trabajo como fotógrafo de la empresa de modelaje, que le necesitaban antes de las dos de la tarde en la compañía para poder hablar con él y que firme el contrato. La cama volvía a sentirse incómoda, los recuerdos que permanecían en él desde la noche anterior tenían más peso que las muertes con las que carga un asesino. —Sonríe —se dice al estar frente a su reflejo en el espejo e intenta hacerse sonreír al estirar sus mejillas con la mano izquierda—. Vete al demonio —se dijo al ver que tiene más ganas de morirse que de reírse. Luego de dejar todo preparado en casa arribó a la empresa justo media hora antes del tiempo estimado que se le había dejado en el mensaje de texto. Aunque fuese incómodo debía buscar a Paola para que le guiase en todo el proceso, después de preguntar por ella a la recepcionista se dirigió al set de fotografía donde estaba en proceso una sesión de practica con un fotógrafo de otra compañía asociada. —Buenas tardes —Paola voltea a verle cuando John le saluda. —Llegas temprano —regresa la mirada al frente para seguir observando a la modelo. —Me gusta ser puntual —lo decía seriamente. Respetaba que ella fuese su jefa, pero ya no habría esa extraña química entre ambos y la incomodidad al hablarse mientras tuviese también una expresión de firmeza en su personalidad. —¿Listo para trabajar? —se cruza de brazos—. Hoy hemos traído al mejor modelo de la agencia, será duro. —Podré con él —estaba seguro de que sí, al haber trabajado con tantos el día anterior. —Tendrás una sesión completa con él en la que probaremos tus mejores habilidades —ella voltea a su costado derecho y desde el interior de los camerinos el modelo se deja ver aproximándose hasta Paola—. Cuento contigo para hacerlo ver bien —le indica a John y cuando este voltea a verlo se queda perplejo de que las coincidencias y angustias sigan apareciéndose frente a su nariz como un mal presagio de que su situación actual seguirá empeorando. —¿Peter?
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