Capítulo 12.

2182 Palabras
“¿Acaba de ignorarme? —se pregunta a sí misma con un pequeño toque de sarcasmo y suelta una risa corta que demuestra lo molesta que se siente al respecto de esa actitud tan fría por su parte cuando las veces anteriores no ha sido así con ella—. Creo que está en sus días”. —¿Quieres venir a ver el jardín? —al escuchar eso Thiare se reincorpora de sus pensamientos y voltea la mirada a la madre de John con una sonrisa. Se aproxima hasta ella y asiente con la cabeza. —Claro, me encantaría —ambas comienzan a caminar hasta el fondo de la casa solas sin la compañía del padre de John, quien ya debía ir a trabajar. No era un fondo demasiado grande pero lo suficiente para tener una jardinera pequeña, espacio para la parrillera y sillas para sentarse bajo la calidez del sol por las tardes. —Es mi lugar favorito de la casa, mientras que los chicos prefieren la sala —añade Esperanza, la madre de John. —Supongo que siguen siendo hombres después de todo —le sorprende escucharlo puesto que a John parece interesarle mucho el mundo exterior y lo demuestra con sus fotografías—. Pero es muy bonito realmente, no tengo espacio para algo así en casa por lo que compré algunas que pudiese poner como decoración adentro. Olvidaba ponerlas al sol y eventualmente terminaron secándose. —Puedo darte el nombre de algunas plantas que se mantienen con poca luz solar y agua —Esperanza coge una cucharilla clavada en un pequeño montículo de arena cerca de la jardinera y se agacha en ella para sacar los excesos de tierra y limpiar un poco el suelo fértil de las flores, así como abonarlas un poco. Thiare se interesa por lo que hace y se acerca lo suficiente para apreciar la hermosura del vivo color rojo que se emanan de las rosas. —No sería mala idea —se refiere a que acepta saber cuáles plantas puede tener en casa sin riesgo de que mueran cuando ella olvide ponerles algo de agua y colocarlas cerca de la ventana para que obtengan los rayos solares del día—, así tal vez le pueda dar un poco de color a mi hogar. —¿Vives sola? —voltea de reojo y la luz solar interrumpe un poco su visión. —Así es —afirma Thiare—, mis padres tienen su residencia en la ciudad de Nueva York y pagan mi estadía aquí en Boston mientras culmino mis estudios y le abro mis puertas a la vida adulta. —No debe ser fácil para ti —coge la regadera y se coloca de pie para regar suavemente con el vital líquido las rosas a una altura media para que todas puedan refrescar sus tallos y raíces—. Una chica viviendo sola en una ciudad tan grande, yo estaría abrumada de tanta soledad. —Es realmente difícil pero no imposible —cada vez recuerda que en casa solo le espera la soledad de sus cuatro paredes, siente que la vida que lleva sería mucho mejor si tuviese a sus padres cerca—. Me acostumbré a estar mucho tiempo en mis clases de música y la universidad, al estar con amigos es muy fácil olvidarse de la soledad que a uno le espera al llegar cansado a casa y tener cocinar mis propias comidas y lavar la ropa. Mantienes tu cabeza ocupada por instantes hasta que te sientas en el sofá y ya no hay nada que puedas hacer más que observar la habitación o ver televisión. —Cuando quieras puedes venir a cenar, así no te sentirás sola —su voz cálida casi parecida a la de su propia madre, le hace ver en Esperanza a una gran mujer—. No importa si es muy tarde, le pediría a John que te acompañe a casa y así llegarás segura. —No me gustaría molestar —siente que es mucho por el momento—, igual sería peligroso que él salga tarde por las noches. —Tonterías, si es por ti podríamos hacerlo —le sonríe con gran amabilidad y Thiare se siente extrañamente como en su propia casa. Se le vienen recuerdos a la mente como si antes hubiese estado en la misma situación, es un sentimiento inexplicable y simplemente puede llamarle un deja vu. —Lo consideraré —responde Thiare y voltea a ver la casa como si intentase recordar algo, pero de un momento a otro mueve la cabeza como negándose a profundizar sus pensamientos cuando le parece mejor pensar que nunca ha estado en ese lugar y simplemente son ideas suyas. —Seguro ya está listo —deja la regadera a un lado en el piso y frota sus manos para sacarse la tierra excedente—, puedes ir a su habitación a llamarle. —Vale —aunque tuviese permitido hacerlo, se sentía algo extraña de tener que ir a llamar en la habitación de un chico creyendo que no es correcto siendo casi desconocidos en cierto punto. “Debería tocar la puerta solamente —se pregunta al estar frente a frente de la habitación—. Sí, creo que eso sería lo mejor —decide dar un par de golpecillos con los nudillos y como nadie parece contestar abre la puerta ya que no tiene seguro—. A lo mejor ya está vestido, o la puerta no estaría abierta”. Al entrar se lo consigue frente al espejo colocándose desodorante mientras escucha música con sus audífonos. Solo lleva puesto el pantalón así que técnicamente estaba medio desnudo y la anchura de su espalda hacía que Thiare deseara tocarlo. —¿Qué demonios? —dijo John sorprendido cuando volteó para regresar a su cajón de ropa y la observa estática en la habitación. Se quita los audífonos y los cuelga en su cuello—. Eres bastante escurridiza, ahora también irrumpes mi espacio personal. ¿Qué hubieses hecho si me encontrabas desnudo? —Viviría en un trauma total y sentiría que mi asquerosa vida no serviría de nada luego de que los recuerdos de tu cuerpo desnudo inunden mi mente con escenas terroríficas de las que jamás me podré deshacer —ambos se quedan mirándose el uno al otro con expresiones serias y ninguno parece acceder a soltar una palabra más. John estaba sorprendido de que la descripción fuese tan detallada que se negaba a aceptar que era una broma tomando en cuenta la expresión del rostro de Thiare. —Dime que lo que acabas de decir es una broma —comenta John y ella hace una expresión con su rostro en la que parece considerar responder positivamente mientras que al mismo tiempo se niega un poco. —Pues… —lo sigue considerando—. Probablemente no tan exagerado, pero un ligero trauma se puede convertir en una catástrofe psicológica. —¿A quién demonios crees que estarías viendo desnudo? —frunce el ceño mientras camina hasta el cajón de ropa que abre para escoger alguna camiseta limpia que pueda utilizar bajo la chaqueta que piensa ponerse. —No importa realmente la persona, el trauma seguiría estando —John voltea a verla nada contento y ella no hace más que reírse—. Vale tranquilo, es una broma solo hubiese dicho algo como “¡Santo cielo!” y colocaría mis manos cubriéndome los ojos para no ver algo indeseado. —Si te tomaras en serio la búsqueda de tu inspiración tanto como tus bromas seguramente te estaría yendo bien en tus clases de piano —le devuelve con algo de sarcasmo y evidente realismo mientras se coloca una camiseta azul obscuro con simétricas y finas líneas de color rojo, blanco y tono mostaza. —Ya no es gracioso —contesta con seriedad—, realmente tengo un problema con eso y si no lo soluciono probablemente pierda mi gran oportunidad de estudiar en el extranjero. —No lo permitiré —dice con asco de sí mismo mientras su mirada cambia totalmente. —¿Por qué estás así? —ríe tímidamente creyendo que es solo una burla. —Tal vez necesitas algo de intensidad en tu vida —cambia radicalmente el curso de la conversación y regresa a una expresión normal. —¿Por qué parece que tienes planeado algo tenebroso? —le aterra pensar que John pueda ser de esas personas vengativas, y que pueda intentar devolverle la broma que le acaba de hacer con intereses. —Haré que tu inspiración regrese o te desmayarás en el intento —se sienta en la cama para que le sea más fácil colocarse los zapatos. —No suena nada bien —niega con la cabeza. —Ya lo verás —levanta la mirada y le sonríe sarcásticamente—, será divertido. Parecía que todo iría bien Thiare comenzaba a pensar que todo era una pequeña broma cuando naturalmente ambos hablaban con facilidad en el autobús hasta que llegaron al primer destino del día, un parque de atracciones. De principio parecía una cita, y aunque a ella no le molestaba la idea creía que John le había traído con la finalidad de liberar presión y desconectarse un poco de sus problemas. Hasta que John decidió llevarla a una montaña rusa a la cual le obligó a subir y aunque John se divertía, Thiare sabía que nada bueno saldría de esa decisión. Cinco minutos después del recorrido, ella se encontraba vomitando el desayuno públicamente en una de las papeleras del lugar mientras que John sostenía su cabello para que no se manchase. Arqueaba una y otra vez y seguían saliendo fluidos de su boca, le parecía tan repugnante que el solo hecho de tener un mal sabor en la boca le hacía querer vomitar más. —Parece que desayunaste por diez personas —se refiere a que lleva tanto rato vomitando que seguro su estómago estaba al límite. —Ni siquiera me da tiempo de rezar a Dios para que me ayude con las náuseas —justo en ese momento arquea nuevamente e introduce la cabeza en la papelera. John escuchaba de fondo como la bolsa de la papelera sonaba cuando el vómito caía en ella y solo hacía expresiones de desagrado con su rostro intentando mantener la cordura y soportar las miradas de la gente. —Creo que ya estoy bien —por fin levanta la cabeza y está pálida, incluso algo confusa. —¿A eso le llamas estar bien? —John arruga la frente—. No quisiera imaginarte estando mal. —Dos horas arreglándome en la mañana, y pierdo mi glamur en menos de cinco minutos frente a todas esas personas. —Vamos, no es tan malo —intenta reírse, pero se muerde los labios para no soltar una expresión de burla—. Vayamos a descansar un poco. Ambos se dirigen hasta una zona más tranquila alejada de las atracciones cerca de la feria de comida, pero lo suficientemente lejos como para que ella no vuelva a tener nauseas observando las ventas de alimento. Se encontraban sentados en una de las bancas públicas y John permitió que ella se recostara en su regazo. Se sentía tan vivo, era como antes y como siempre debió haber sido. No podía hacer nada más que soportar que ella no tuviese recuerdos y pensara en él casi como un desconocido con el que suele salir de vez en cuando, y observar el hermoso cabello que recae en sus muslos sin poder estirar su mano para acariciarlo. —¿Huelo a vómito? —le pregunta Thiare. —No lo sé —contesta John—, no es como que me haya acercado a olerte. —¿Podrías hacerlo? —le preocupa oler mal—. Es que no quisiera ir al próximo lugar con un mal olor en mí. —Supongo —tímidamente se acerca a ella y huele como siempre obviando el sudor. Definitivamente es Thiare, es imposible confundir el aroma que posee su piel o su cabello, como una mezcla de frutas exóticas combinada con un dulce y suave aroma que se intensifica en tus fosas nasales deseando cada vez olfatear más hasta que tu cerebro esté satisfecho—. Hueles bien, lo digo en serio. —Gracias al cielo —se acurruca en el regazo de John—, ojalá los caramelos de menta hagan magia en mí boca porque la siento del asco —John se ríe en silencio y se recuesta al espaldar de la banca. —¿Alguna vez has pensado que venimos a este mundo solo a sufrir? —a Thiare la pregunta le parecía profunda, incluso repentina pero el tono de voz con el que John lo preguntaba le parecía preocupante en muchos sentidos. —¿Estás pensando suicidarte? —y aunque Thiare esperaba algún comentario con sarcasmo o bromista solo escuchó silencio. Le pareció tan raro que él no le hubiese respondido por lo que intentó levantarse y voltear la mirada para observarlo, pero John no la dejó al colocar suavemente su mano sobre la cabeza de Thiare obligándola a permanecer en su regazo. —Yo creo que el mundo es duro —Thiare seguía mirando al frente, pero sentía el llanto de John como si fuesen sus propios sentimientos navegando sin rumbo alguno—, pero a veces se pasa de la raya. —¿Estás… llorando? —no hay duda, ella está preocupada y se puede notar en su expresión. —No lo estoy —le miente mientras las lágrimas salen de sus ojos y recaen en el cuerpo de Thiare luego de haber recorrido sus mejillas dolorosamente. —Siento que te he conocido antes —John mantiene su mano derecha en la cabeza de Thiare suavemente sin hacer presión. —Yo lo siento mucho… —calla unos segundos para obligar a sus ojos a no continuar con su sufrimiento—, pero jamás te he visto en mi vida.
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