JACK
Respiro hondo. Estoy a punto de tocar el timbre, pero ni bien levanto la mano cuando la puerta se abre sola. Y ahí está Zoe, poniéndose unos pendientes como si no pasara nada. Me echa un ojo de arriba abajo y sonríe al ver que estoy bien nervioso. Me hace una seña para que entre.
—Te alistaste en tiempo récord —le digo, mientras ella cierra la puerta.
La veo caminar hacia el espejo del pasillo, dándose los últimos retoques. Y yo me quedo ahí, parado, viéndola como un tonto. Mi corazón empieza a latir como si tuviera corriendo. Se ve increíble. Demasiado.
—Le di otra cachetada —dice de pronto, entre risas suaves—. Pero es que Sebastián se lo buscó. Se pone insoportable cada vez que me ve, tu sabes cómo es.
—Sí, ese tipo es así —respondo después de aclararme la garganta, justo cuando noto que me está mirando con una ceja levantada y se viene caminando hacia mí.
—¿Qué? —le digo, sintiendo cómo me incomoda lo cerca que está.
Me apoya la mano en la frente.
—¿Tienes fiebre? ¿La garganta te duele?
—Estoy sano. Perfecto. Espectacular —le contesto, apartando su mano y acomodándome el saco, mientras ella se encoge de hombros y vuelve al espejo como si nada. Eso me baja un poco el nervio, para ser sincero.
—¿Me das una mano? —pregunta, y al mirar veo que me está pidiendo que le cierre el vestido.
Me acerco. Mis ojos se clavan en su espalda. Aprieto los dientes y, cuando termino, me alejo al instante.
—¿Y? ¿Qué tal? ¿Está todo bien? ¿El pelo, el maquillaje, el vestido? ¿Cambio algo o así estoy bien? Sé honesto, no me va a molestar —me lanza, medio ansiosa.
—Zoe, estás hermosa —le digo, con una sonrisa genuina. Y ella me la devuelve.
Desde que firmamos el contrato ese, la verdad, no me fijo en nadie más. Me enfoqué en el trabajo, nada más. El juego, la fiesta... todo quedó en pausa. No como antes, cuando salía con Sebastián y vivíamos en modo fiesta siempre.
—Jack —me dice, y levanto la mirada—. ¿De verdad crees que esto va a funcionar? ¿Que podemos mantener la farsa hasta que termine el contrato? ¿Y si todo se va al carajo?
Silencio. Pienso. Después respondo:
—Fallar no es opción. Y si alguien sospecha, son muy pocos. ¿Te acuerdas cuando mi madre quería que nos casáramos solo porque no se cansaba de verte? Yo no aguantaba una semana sin verte. ¿Te acuerdas?
Ella asiente, sonriendo.
—Último año de secundaria. No se me borra más.
—Una locura... Teníamos dieciocho. Y mi madre ya nos veía casados. Pero por eso mismo, porque nos conocemos tanto, van a creérsela.
—Si esto sale mal, puedes culparme a mí —le digo—. En serio. Dí que te obligué, que fue idea mía. Aunque eso no va a pasar.
Me mira mientras llegamos al hotel.
—Ya llegamos. ¿Lista?
—Si digo que no, ¿nos escapamos?
Asiento. Y ella baja del auto conmigo. Me toma la mano. Se la aprieto con firmeza. La miro. Le sonrío. Todo va a estar bien.
Caminamos juntos. Entramos. Los empleados nos abren las puertas, todos bien correctos. Justo cuando vamos al ascensor, Zoe me frena:
—Espera, ¿podemos correr?
—¿Quieres correr?
Nos cruzamos la mirada.
—Nah. Olvidalo —responde justo cuando se abren las puertas y nos encontramos con la fiesta.
Miro a Zoe. Ella respira hondo. La noto tensa.
—Vamos —dice, ya más segura.
Y ahí está mi hermano Gerson, esperándonos. Me ve agarrado de la mano con Zoe y suelta:
—Llegas tarde, como siempre.
Gerson es el hijo modelo. Casado, con hija, responsable... Todo lo que mi madre quiere mostrar en las reuniones. Es apenas un par de años mayor, pero ya tiene su vida armada.
—Hola, Zoe —le dice, dándole un abrazo. Ella se lleva bien con todos, así que no es raro.
—Hola, Gerson —responde, con esa voz tranquila de ella.
—Estás divina. Me alegra que viniste. Seguro Jack te obligó, porque no puede respirar sin ti. ¿Lo sabías?
—Gracias, y sí, lo sé desde hace años. Pero esta noche vine por mi cuenta. Jack no tuvo que mover ni un dedo.
—¿Dónde están Eva y Claudia? —le pregunto, mirando alrededor, pero el parece en otro mundo.
Eva es la hija de Gerson, una ternurita de cinco años que también resulta ser mi única sobrina. Es un ángel, y aunque no es mía, la siento un poquito como si lo fuera.
Miro a Gerson, ahí, pegado al celular. Está metido en sus cosas del trabajo, como siempre. Igualito que Zoe. A veces pienso que parecen clones.
—Estás trabajando en plena reunión familiar, con tu madre a unos pasos —le suelto, en broma, fingiendo que me falta el aire.
Zoe me mira y frunce el ceño.
—Tu familia es tan grande que ya ni sé quién es quién —dice, suspirando con fastidio.
—Yo tampoco los ubico, eh —le contesto, y ella se ríe. Esa risa suya hace que mi mamá voltee a vernos. En cuanto cruzamos miradas, yo bajo los ojos como un idiota. Aprieto la quijada.
—Alerta, ahí viene mi mamá. Me va a sacar todo. ¿Cómo rayos empiezo a contarle lo que pasa entre nosotros? —le digo a Zoe, que ya volteó a ver a mi madre acercándose con paso firme.
—Espera… se me ocurre algo —murmura Zoe.
—Más vale que funcione, Zoe, porque ya viene y no parece que vaya a frenar —respondo, con los ojos fijos en esa figura que avanza decidida.
—Mierda... ya casi está encima.
Y en ese instante, Zoe me toma la cara con ambas manos, me jala hacia ella y me planta un beso. Me quedo en shock. Mis ojos se abren como platos al principio, pero luego me dejo llevar. Es mi mejor amiga, pero ese beso... ese beso se siente distinto.
Mis manos, como si tuvieran voluntad propia, suben a su cintura. La acerco más. No es un beso apasionado, pero tampoco se ve como uno inocente. A cualquiera que nos mire le queda claro: hay algo entre nosotros.
Justo cuando estoy a punto de seguir, escucho esa voz que conozco de memoria.
—Eh... ¿mamá? —digo, congelado.
—¡Lo sabía! —grita, con la boca abierta como si hubiera visto un milagro. Se lanza sobre Zoe para abrazarla y empieza su show.
—¿Por qué no me dijiste que estabas enamorado de Zoe? ¡Nos habríamos ahorrado años de citas fallidas! ¡Hasta habría ido a hablar con sus padres para planear la boda! —dice, abrazándome también. —¿Por qué tanto secreto?
—¿Qué secreto? —le pregunto, intentando entender qué tanto está armando en su cabeza.
—¡Que ustedes están juntos! —grita. Y ya con eso, toda la sala empieza a cuchichear. Miro a Linda, que me observa como si no se la creyera.
—¿Cuándo fue la propuesta? ¿Cómo se lo pediste? ¡No me digas que fue una porquería! —le lanza a Zoe, que se ríe mientras los demás se suman al cotorreo.
—Después de que me amenazaras, mamá. No podía casarme con nadie más, porque entonces me di cuenta de que Zoe era la única con la que quería todo. Tú me hiciste darme cuenta —digo yo, antes de que Zoe diga algo. Ella sonríe.
—No puedo amar a nadie más que a ella —añado, sin rodeos.
—¿O sea que llevaban todo en secreto? ¿Por cuánto tiempo? —suelta mi madre, clavándome otra vez.
Me volteo a ver a Zoe, buscando respaldo.
—No andábamos, en serio —responde ella con firmeza—. Siempre me gustó, pero éramos amigos, y no quería arruinar lo que teníamos. Pero cuando me lo pidió, me di cuenta de que él también sentía lo mismo.
Claudia, con su sonrisa de siempre, abraza a Zoe.
—¡Felicidades! Siempre fueron el uno para el otro. Solo que muy lentos, ¿eh? Ahora sí, suéltame todos los detalles, ¡y cuando digo todos, es todos! —y se va con Gerson y Linda, que siguen con cara de incrédulos.
Mi mamá me queda viendo y dice:
—Me alegra que sea ella.
—¿Y tú esperabas que trajera a Zoe? —le pregunto.
Ella se ríe y asiente como si fuera obvio.
—Siempre quise que terminaras con ella. Son inseparables desde el kínder —y suelta la noticia que me erizó la piel—: Tengo la fecha perfecta para la boda.
—¿Qué? ¿Boda? ¿Cómo que boda? —le digo, casi sin aire.
—¿Qué tal el próximo mes? —responde como si nada.
Me quedo mudo. Todo me da vueltas.
—No... creo que es muy pronto —susurro.
—No seas tonto. Se conocen de toda la vida. No hay nada que esperar. Da el paso, Jack. Ya encontraste a la persona indicada. Deja de hacerte —me dice mientras me abraza de nuevo—. Me hace feliz verlos juntos. Y sí, quiero ayudar a organizar todo.