—Está todo bien —aseguró Maximiliano una vez que él y Marisa estuvieron en el auto, tomando la mano de esa mujer que amaba tanto—, mi madre en realidad te está molestando, nos está molestando, así que mejor no le prestes demasiada atención al asunto, sería difícil para mí si decides comenzar a portarte bien ahora. Marisa se cubrió el rostro con ambas manos, pues esa respuesta, definitivamente, le había molestado más que lo que Maximina le había dicho; aunque en un sentido algo diferente. La broma de Maximiliano le molestaba un poco, mientras que la de Maximina le hacía sentir un poco culpable. —Siento que la estoy desilusionando —declaró la mujer de cabello castaño y ojos cafés—, pero, parece ser que, si soy medio mala, porque tampoco quiero empezar a portarme bien contigo. Portarnos m

