CAPÍTULO 67

1066 Palabras

Ahí, sentado junto al amor de su vida, el hombre pasó horas solo mirándola dormir, mientras sostenía su mano y escuchaba tanto sus latidos como los latidos del corazón de su bebé. Eso fue hasta que, de la nada, una furiosa mujer entró a la habitación y le golpeó en un hombro con mucha fuerza. —Si no fuera porque soy amiga de esa enfermera, no me habría enterado de que bajaron a piso a Marisa, ¿qué mierda tienes en la cabeza? —preguntó la mayor, furiosa con su hijo, pero sonriendo cuando vio a Marisa respirar sin ayuda de un aparato. —Creo que solo a Marisa —declaró el joven, sin sobar ese hombro que le punzaba, porque su madre le había pegado bastante fuerte—. En mi cabeza y corazón solo está ella y mi alegría por saberla mejor. Maximina negó con la cabeza mientras suspiraba, luego

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