Maximiliano llegó a la casa de su madre, porque no quería estar solo en ese momento, se dio un baño y se tiró en la cama, a pesar de que estaba seguro de que no podría dormir, y la dejó luego de algunos minutos de escuchar llorar a Mía con desesperación. —¿Qué es lo que pasa? —preguntó el hombre y fue su madre quien le respondió que Mía parecía estar asustada, porque esa era la tercera vez que despertaba sobresaltada—. Ven, duerme conmigo. Mía le dio los brazos a su tío cuando él los extendió hacia ella, y entonces se recostó en su hombro mientras aún lloraba por su mamá. » Mamá está bien —aseguró Maximiliano, meciéndose de un lado a otro con la niña en brazos—, ella está bien, pero no puede venir ahora. Luego iremos a verla, y después de eso la traeremos a casa y volveremos a estar

