Capítulo 7

1402 Palabras
Capítulo 7 CAROLA Después de esa noche por demás complicada, Mike me fue a llevar a mi departamento y durante todo el camino, algo muy raro pasó. Nosotros que, no nos llevábamos bien con el silencio, esta vez pareciera que los ratones nos habían comido la lengua, pues ninguno de los dos dijimos ni una sola palabra. Hasta que bajé del auto de mi amigo, él empezó de la nada a morir de risa, algo que me sacó de onda y que en cierta parte me dio coraje, no sé como se podía estar riendo cuando estábamos metidos en un tremendo lío. —Tranquila, Carola. Tiempo habrá de sobra para salir con una de mis brillantes ideas—dijo Mike muy tranquilo y seguía riéndose como estúpido—no pasa nada. Además, ahora lo más importante es que, podamos convencer a toda tu familia de “nuestro amor” y no me la estás poniendo fácil, sobra decir que, te portaste muy fría allá con tus primas y esa no es la actitud de una mujer enamorada y comprometida con el amor de su vida. —Escucha, Mike. Empiezo a creer que esto ha sido la peor de mis ideas—admití—y aunque, te agradezco en verdad que me estés ayudando con todo esto, lo cierto es que, quizás debí agarrar al toro por los cuernos y debí, decir la verdad a mi familia, por espantosa que esta sea para ellos. —Lo siento, pero ya es demasiado tarde para que te arrepientas—dijo tajante—ya me has involucrado y ahora, tenemos que salir de esto juntos. Además, quien quite y nos conviene, mira las bodas son un gran negocio. Me quedé pensando en como Mike y solo él, era capaz de decir tantas tonterías juntas, pero bueno, ya debería de estar acostumbrada porque no lo conozco desde hoy, es a quien más conozco de mis amigos y ya debería saber que estas cosas que dice sin sentido, son parte de su naturaleza. Entramos a mi departamento y me encontré con que Pato, aun no se había dormido y apenas nos vio entrar, nos sirvió unos tragos. Supongo que, por las caras que traíamos tanto Mike como yo, estábamos pidiendo a gritos que nos diera uno. —Chicos, creo que no les fue nada bien en su nochecita—dijo Pato—así que, brindemos por eso. Yo les dije que, tienen que practicar más y que hacer creíble lo de ustedes. —Díselo a Carola—respondió Mike—aquí está ya, haciendo una tormenta de un vaso de agua. Imagínate que, ya tenemos hasta planeadora de bodas y es lo que le decía hace un momento, las bodas son un gran negocio. —Sí Carola, eso que dice Mike es muy cierto—Pato lo apoyaba y era justo lo último que a mí me faltaba—es lo que le decía a Sasha que, aunque nosotros así estamos bien y no queremos casarnos, al menos no de verdad, montar la farsa de una boda, nos ayudaría a ambos a realizar nuestros sueños. —No sé sinceramente lo que les pasa a ustedes dos—le di un trago a mi bebida muriéndome de risa, no sabía lo que este par tenía en la cabeza—no entiendo como montar la farsa de una boda puede ayudarles a cumplir con sus sueños. —Carola, mi amiga tan inocente—dijo Pato abrazándome—te lo voy a explicar con calma. —Yo te ayudo, amigo—dijo Mike—ambos debemos ilustrar a nuestra tan inocente amiga. —Pues hablen—demandé—que no les entiendo nada. Ambos empezaron a decirme lo del supuesto negocio que suponen las bodas y que en la actualidad, la gente ya no busca regalos, sino que pide el dinero en efectivo y de esa forma, cada persona invitada les lleva lo que sea su voluntad y al final de dicho evento, la pareja que se casa, se lleva una buena cantidad de dinero en efectivo y en eso radica lo que este par dice que, ese dinero les ayudará a cumplir sus sueños. —Ya veo, entonces supongamos que Mike y yo, seguimos con la farsa del falso compromiso y posteriormente, con la farsa de la boda—dije recapitulando todo—nos casamos y entre más gente vaya, más dinero juntaremos y después, nos divorciamos y ya está, él se queda con su parte y yo me quedo con la mía y todos felices. —Mira que, si has puesto atención y que hasta la cara te ha cambiado, Carola—ambos aplaudieron—ya viste que, es mejor ver todo siempre por el lado bueno. —Gracias por ilustrarme—dije emocionada—así que, Mike si así debe ser, tenemos que seguir con esta farsa hasta el fin y la veremos como lo que es, un buen negocio. —Es un trato, Carola—Mike me dio su mano y cerramos el trato—con lo que nos den, ambos vamos a cumplir nuestros sueños y matamos dos pájaros de un tiro. Tu familia no podrá enojarse de que nuestro matrimonio no llegue a funcionar y de esa forma, no creo que quieran que te vuelvas a casar con nadie. Tendrán que respetar el que tú quieras quedarte sola y ser independiente. —Así es—dije muy feliz—al fin, podré ser libre y podré hacer lo que me plazca, una vez que mis padres me dejen en paz con esa tontería de casarme. Seguí tomando y brindando con mis amigos hasta el día siguiente por la mañana. Nos fuimos a dormir ya siendo de día y lo que son las cosas, Mike se tuvo que quedar a dormir en el departamento, algo de lo que me di cuenta hasta que me aparecí en la sala y lo vi acostado sin camisa en el sofá de la sala o más bien, en el cerro de ropa que ahí estaba, pues Pato y yo, siempre teníamos todo tirado por ningún lado. Me quedé observando toda la perfección en Mike y la verdad es que, mi mejor amigo era un forro de hombre, estaba lo que le sigue de atractivo y estoy segura que, cualquier mujer en mi lugar estaría encantada de seguir el juego de todo esto del falso compromiso y eso, era justamente lo que yo tenía que hacer. Sí esto tenía que salir bien, era mejor que me creyera de una vez el cuento que era su prometida y de esa forma, todos lo creerían cierto. Así que fui a la cocina en busca de algo de desayunar y cuando se me cayeron unos vasos, Mike se despertó. —Tenías que hacer tu escándalo, Carola—él se sentó en el sofá y se empezó a frotar los ojos—supongo que ya pasa de medio día, nos hemos dormido super tarde anoche. —Así es—dije riéndome—siento haberte despertado, pero es que con todo lo que pasó anoche, no me di cuenta que te habías quedado a dormir acá. —Sí, te fuiste a tu recámara y Pato a la suya y yo, pues ya sabes, no me gusta exponerme a irme en estas condiciones, espero que, no tengas la resaca como la mía—dijo frotándose la cabeza—siento que la cabeza, me va a estallar en cualquier momento. —Ahora mismo, te doy algo para tu resaca—le dije—a mí también me duele la cabeza, creo que los años no pasan en vano. Me puse a buscar un analgésico para Mike y otro para mí y cuando nos sentamos a desayunar algo, nuestra calma duró muy poco. Mi teléfono sonó, siendo mi hermana Liv que me llamaba para recordarme que tenía que irme al spa con ella y con todas las mujeres de la familia y amistades al día de chicas, otra de las actividades preparadas para el día de hoy, —Lo siento por ti, Carola—dijo Mike—yo al menos, me iré con Owen y con los chicos a curarme la borrachera, pero tú tendrás que soportar de todas esas cosas que odias, como la manicure y demás. —Cállate, Mike—me reí—creo que, después de todo, le tendré que tomar el gusto a las cosas.
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