Adrien, preocupado por la reacción de Hana, se disculpó con el Alfa y salió con rapidez del despacho, preguntando a cada una de las sirvientas si habían visto a la Omega y hacia dónde se había dirigido exactamente. Caminó a paso apresurado hacia la habitación, y al entrar, los gritos de Hana le preocuparon mucho más. ¿Qué tanto daño le hicieron? ¿qué era lo que tanto le atormentaba? ¿por qué tenía tanto miedo? Nunca había visto a alguien reaccionar de esa manera ante la mención de un apellido y mucho menos que el lobo estuviese tan aterrado como para descontrolar la parte humana. Hana estaba ocultando algo, pero no podía llegar y preguntarle simplemente. Si le preguntaba aquello estaría invadiendo su privacidad, más de lo que lo había hecho al traerla a su habitación y hacer que abando

