—¿Qué sucedió? —preguntó Hana. Sabía que algo no muy grato había sucedido mientras que ella tomaba una siesta. — ¿Hice algo malo? ¡Juro que no sabía que roncaba! —No roncaste ni nada parecido. —Adrien soltó una sutil risa, divertido con las ocurrencias de Hana. Se sentó en la cama junto a la preocupada Omega que seguía insistiendo, pidiendo perdón sin motivo. —Ya cálmate, no has hecho nada malo. —¿De verdad? —dijo poco convencida. Después de haber paseado en sus formas de lobo, Adrien la había dejado con Jade sin mencionar ni explicar nada. El Alfa ignoró por completo sus preguntas, lo que terminó preocupando a Hana en sobremanera, atormentándose lo que restó del día pensando una y otra vez en alguna posible razón para que el Alfa se hubiera enojado con ella. —No estoy enojado, sól

