—No puedes obligarme. Lo he pensado y ya tomé mi decisión. —¡Un orfanato, Camila! —reclamó molesto Gabriel, provocando que la Omega retrocediera un paso por precaución. Otra vez la misma discusión, llevaban más de una semana así—. ¡Ese niño no la pasará bien en un estúpido orfanato! —¡No estoy diciendo que lo dejaré morir en un orfanato! —Camila gritó alterada, intentando calmarse tras un suspiro—. Sabes que no puedo discutir en mi estado, Gabriel. Agradezco toda tu ayuda y cuidados, pero no puedes venir y obligarme a hacer lo que quieres. —No te estoy obligando, sólo quiero que entiendas. ¿Qué hará ese niño o niña al ser entregado a un orfanato? Necesitará tu aroma y calor, ¿quién se lo dará? ¿Otro cachorro huérfano acaso? Camila bufó frustrada antes de volver a hablar. —Ya sé eso, p

