{...Narra Liam...}
–¡Rick! –gritaba Erik subiendo las escaleras de la casa mientras que yo esperaba en el salón, miré mi móvil un instante buscando el número de Jeff para llamarlo, no sabemos nada sobre él desde el cumpleaños de Taylor y tampoco sabemos algo sobre dicho chico.
Cuando llegamos a casa no había nadie, únicamente había en la nevera una nota de color amarilla diciendo
Ya ha hecho esto antes, sólo que fue completamente solo, me relaja un poco la idea de que ahora es un poco diferente al llevar compañía con él, pero sigue siendo alarmante no saber dónde están, ¿qué tal si les pasó algo?
La última vez Jeff terminó en el hospital del país vecino, por esa misma razón la gente en casa está con el nivel de preocupación elevado, me preocupan, pero soy más de "Pasará lo que tenga que pasar", no creo que terminen ambos en el hospital ¿o sí? Lo peor es que tenía que hablar con Jeff sobre un tema importante, necesitaba un consejo para sentirme mejor conmigo mismo y no como una maldita puta ahora mismo.
¿Por qué? Muy bien, la historia comienza tal que así; me encontraba de buen humor disfrutando de la fiesta de cumpleaños de Taylor, por supuesto que bebí bastante y combiné ciertas pastillas con alcohol, pero aun así podía controlarme o por lo menos veía medianamente bien.
Bailé con muchos chicos y chicas que me interesaban de esa fiesta, me invitaron a unas copas y yo cortésmente las fui aceptando hasta que llegué a un punto de no controlar ningún músculo de mi cuerpo, cuando llego a este punto suelo irme a casa antes de cometer alguna tontería.
Salí del lugar borracho sintiendo como todo me daba vueltas, me sentía bastante mal y como era de esperarse vomité en un basurero todo o casi todo el alcohol que consumí, aunque eso no quita el hecho de que seguía mareado.
En ese momento todo me resultaba placentero, el viento, los autos que pasaban por la carretera en aquellas altas horas de la noche, todo, estaba en aquel punto de satisfacción donde me siento feliz.
Luego entré a una tienda para comprar una botella de agua al igual que mentas, tenía que limpiar con algo mi boca antes de llegar a casa, pero entonces cuando estaba a no lo sé, creo que media hora de llegar a casa, un auto se detuvo cerca de mí, me resultaba familiar, pero no dije nada, no conseguía recordar donde lo había visto.
No sé por qué me subí a ese auto, ni siquiera sabía quién me llevaba, pero estaba cansado y aquella persona me dijo que podía llevarme.
Su voz era ronca, con aquel toque sensual que me suele gustar en los hombres, me estremecía cuando lo oía hablar y claro, estaba también bajo los efectos de una droga por esa razón estaba activo, quería tener sexo, no digo que quería tenerlo con él, pero no recuerdo cómo llegamos a un parque completamente vacío y oscuro donde me dejé llevar, no recuerdo el tema de conversación, pero creo que aquel hombre con traje me estaba regañando.
Me sentía fastidiado, por ello para callarlo lo besé diciéndole un "Cállate", luego regresé a sentarme correctamente en mi asiento, pero aquel hombre no se quedó con sólo ese beso, me besó por mucho tiempo más y yo me dejaba llevar por su lengua en mi boca.
Obviamente no sólo se quedó en besos, él comenzó a tocarme como a su vez lo hice yo hasta terminar en los asientos de atrás de su coche follando como si la vida se nos fuera en ellos, la imagen que tenía en mi cabeza era la de mí montándolo mientras nuestra ropa estaba esparcida en su auto.
Quisiera borrar aquella imagen de mi mente, pero cuando lo recuerdo la vergüenza se me sube a la cabeza y mis mejillas se tiñen de rojo, lo peor es que me di cuenta demasiado tarde que aquel hombre era mi jefe y que se trataba de un hombre de 25 años casado o al menos eso decían los rumores en la empresa, aunque como dije ya era demasiado tarde, sólo me di cuenta cuando desperté en una cama grande con él abrazándome por la espalda.
Me di un susto tremendo cuando lo vi, me había jurado a mí mismo que no intentaría follar con él tras estar casado, sin embargo, debo confesar que observar su cuerpo desnudo con ya conciencia me hacía sentir un poco caliente, es guapo de cojones y su cuerpo combina a la perfección con su atractivo, pero seguía estando casado y no quería ser su amante, de verdad no quería, me arrepiento de haberme acostado con él y no quiero volver al trabajo ahora luego de lo que ha pasado entre los dos, debo volver en media hora a mi trabajo, pero deseo renunciar, no sé qué hacer, necesito a mi mejor amigo para que me diga "Ok, ya lo hiciste, ahora ya no te puedes arrepentir" o algo por el estilo.
Necesito algo que me haga sentir mejor, pero ahora es complicado debido a que fue una de mis mejores noches, no recuerdo mucho, pero si recuerdo la forma en la que me penetraba con fuerza en aquella cama de hotel mientras me besaba ahogando muchos de mis gemidos en su boca, mi cuerpo se siente caliente al sólo pensar en ello y me siento mal de tener esta reacción, fue sin querer... lo juro.
Lo peor de esto es que no sé cómo lo veré a la cara de nuevo, soy parte fundamental de la empresa, yo soy el que administra la mayor parte de sus acciones, lo que quiere decir que, por más que quiera renunciar, no puedo hacerlo, mi trabajo se centra en los números y en participar en cada una de las reuniones que se dan en la tarde de los lunes, miércoles y viernes de cada semana, también soy algo así como su "asistente" justamente porque me encargo de que sus peticiones sean cumplidas a tiempo, es decir, en este caso debo conseguirle una secretaria si es que no deseo serlo yo, él es el jefe, yo el administrador y mano derecha.
No sé cómo podíamos trabajar juntos si realmente nuestra comunicación era una mierda, yo no lo toleraba, pero hacía el trabajo que amo por lo que me callaba, sin embargo, por su parte también pasaba lo mismo, no me toleraba al no ser como todos sus trabajadores (sumiso) y si algo no me agradaba simplemente no lo hacía por el bien de la empresa, aquello solamente lo soportaba porque era uno de sus mejores trabajadores, por esa razón no entiendo como fui capaz de tener sexo con el mismo hombre que detesto cada mañana.
Esta situación no es como esas que se muestran en televisión, no se trata de aquella típica pareja que se detestan al principio sólo porque no pueden tener lo que desean del otro, espero con todas mis fuerzas que no sea así, sobre todo porque significaría que todo este tiempo he estado enamorado de mi jefe en vez de odiarlo como yo pensaba.
–Maldita sea, esto es tan fastidioso– dije tras las puertas del ascensor de mi trabajo abrirse.
Como mi suerte es una mierda mi odioso jefe se encontraba adentro con uno de los socios de la empresa, por supuesto que el señor Adams (el socio) me saludó cortésmente despidiéndose de mí como la gran mayoría de las veces suele hacer con gentileza, yo le sonreí viendo cómo se alejaba de nosotros.
Miré dentro del ascensor al sentir la mirada fija de mi jefe, el odioso señor Walker, William Walker, no quería estar a solas con él en el ascensor, los recuerdos de la noche que pasé con él venían a mi cabeza y no era algo que me gustase recordar, pero como es el jefe y la mayoría de sus empleados le tiene miedo, nadie más que yo se subió en el ascensor –malditos cobardes– pensé en mi interior al ver como esperaban disimuladamente en la distancia.
Escuché como dejaba escapar un pesado suspiro antes de ver a través del espejo como se apoyaba en la pared de vidrio del ascensor, me estaba mirando sin pensar en que quizá aquella mirada me molestara, él sólo me miraba.
–Llegas tarde– habló en el tercer piso.
–Eso ya lo sé –dije mirando el tablero que indicaba en que planta estábamos.
–La secretaria renunció– cerré un instante los ojos antes de girarme.
–¿Qué? –dije aturdido– ¿por qué?
–Por incompetencia, quizá, no lo sé, no soy adivino– me llevé la mano a la cien para pensar en qué hacer, el papeleo para buscar secretaria me tomará horas, pero necesito hacer que aquellas horas se acorten.
–Quizás es porque eres demasiado... hm...– hice una pausa para fingir que pensaba– ¿cruel con ellas? –dije en forma de pregunta– tienes linda cara, pero eres horrible– dije girándome con cierta molestia, necesito hacer unas llamadas y cuando se abrió el ascensor saqué mi móvil de mis bolsillos.
–¿O sea que soy lindo? –preguntó con cierta diversión saliendo detrás de mí.
–Ag...–rodeé los ojos– piérdete– dije acercándome al mesón desocupado de las secretarías mientras él se reía y caminaba a su oficina.
Me senté en el asiento tecleando en el computador la lista de secretarías que entrevistamos la última vez, pero que William desaprobó, según él no eran lo suficientemente inteligentes, no sé qué clase de secretaria quiere, pero por su culpa debo trabajar extra.
Tengo el presentimiento de que hoy no podré salir temprano y todo por mi estúpido jefe, traté de buscar a las señoritas que deseaban trabajar aquí, sin embargo, ya no estaban disponibles tras encontrarse situadas en otra empresa.
Debido a esto, yo tenía que ocuparme de los quehaceres de las secretarias, y no era poco trabajo, además tenía mi propio trabajo que hacer, como por ejemplo el planificar la reunión que tendremos esta tarde con el nuevo posible vendedor de acciones, debía hacer una lista de todo el presupuesto que podríamos darle por sus acciones en la empresa, Walker quería gastar dinero en aquella empresa que nos serviría bastante para crecer internacionalmente, aún nos quedan países por visitar, lo que quiere decir que, si no damos una buena impresión perderemos a un buen postor.