Capítulo 2.

1054 Palabras
Al mudarnos llevamos pocas enseres, pues la casa consumió todos nuestros ahorros, sin embargo, estábamos felices de estar allí. Así que nos encontrábamos en una grandiosa casa semi amoblada, pues no contábamos con muchos muebles, pero eso no importaba, estábamos maravillados de vivir allí. Ese primer día entre alegrías correteamos y nos acomodamos cada uno en su habitación, todas ubicadas en el segundo piso, primero acondicionamos las habitaciones de los chicos, sus cosas en los armarios. Sus juguetes bien ordenados en cada habitación, quedando ellos muy satisfechos del resultado. Luego mi hermana y yo cada una en la habitación que escogimos organizamos nuestras cosas, mientras los chicos jugaban, todo era genial. Sin embargo, en esa jornada sucedió algo un poquito curioso, era a mediados de la tarde, mientras Jenny estaba alistándose en la habitación principal ayudada por Anthonie, ella se inclinó para ordenar la peinadora y cayó de bruces aparatosamente en el piso. Ella dice que sintió que desde su lado izquierdo era bruscamente empujada, cosa que le hizo perder el equilibrio yendo a parar fuertemente de frente hacia el suelo de la habitación Todo fue muy confuso porque en ese momento Anthonie estaba saliendo del cuarto de baño. Él se encontraba en una ubicación muy alejada a la de ella. En ese preciso instante, y al otro extremo de esa habitación, yo me encontraba entrado por la puerta principal de ese recinto, siendo testigo de tan tremenda caída. Preciso momento en el cual pude observar todo lo sucedido. Claramente vi como estando ella inclinada ante la peinadora caía al piso como si hubiese sido atropellada, cayendo aparatosamente al suelo. Anthonie y yo sorprendidos corrimos rápidamente a socorrerla, una vez pasado el sobresalto, y entre risas, no le dimos importancia a lo acontecido asumiendo que solo había perdido el equilibrio por la posición. Pero a los pocos días, de manera continua sucedieron cosas fuera de lo normal. Al principio se sentía en la casa corrientes de aire que atravesaban el lugar en donde nos encontrábamos. En ocasiones era un recorrido de aire frío que nos desconcertaba dejándonos confusos. Otras veces, de pronto una suave y cálida ventisca cruzaba el recinto, sintiendo a su vez, una grata impresión de bienestar. Todo esto ocurría en los lugares en donde no había lugar a que sucediera tal situación. Podíamos estar en cualquiera de las habitaciones cerradas y se daban estas cosas. Como para que no hubiera lugar a dudas, estas cosas siempre pasaban cuando todos estábamos reunidos. Bien acontecía cuando estábamos en la cocina a la hora del almuerzo, o estando en la sala de estar mientras charlábamos sobre nuestro día. Nos confundía tanto estas corrientes de aire dejándonos sorprendidos, lo que nos hacía preguntarnos los unos a los otros -¿tu sentiste eso?- confirmándonos que no era producto de nuestra imaginación. Pero pasado los dos meses la cosas tomaron un tono más bruscas; repentinamente escuchábamos fuertes pasos en el ático y portazos violentos en donde se suponía no había nadie en casa. En ocasiones cayeron al piso inesperadamente algún cuadro de la pared de la sala o los utensilios de la cocina sin explicación alguna. Había días que podía escuchar como sonaba el tocadiscos de mi sala de música, pero al llegar a esa habitación para confirmar que sucedía, conseguía todo en orden, nada de música nada fuera de lo normal, al principio pensé que era probable que algún sonido de afuera a lo lejos pudiera engañarme los sentidos al punto de pensar que era desde dentro de la casa que provenía. Esta situación nos mantenía en alerta constante, pero como explico a veces era una sensación de amenaza y otras de un saturado bienestar. Tampoco era algo que pudiéramos pensarlo demasiado pues no teníamos lugar a donde ir solo esta casa. Sin embargo un día, luego de irse mi hermana a su trabajo y de haber despachado a mis sobrinos al colegio estando solo yo en la casa escuché el sonido de la música. Sin prestar mucha atención y con la presunción de que era algún sonido fuera de casa, subí al segundo piso y para mi sorpresa conseguí el tocadiscos encendido y los álbumes de los discos viejos puestos sobre la alfombra. Todo esto comenzó a preocuparnos debido a que gradualmente se hizo más agresivo, y más recurrente, mis sobrinos sufrieron caídas en el jardín trasero de la casa, sufriendo magulladuras y lesiones, estos incidente estaban aconteciendo casi a diario. A tal punto que donde ellos se encontrarán en casa yo los acompañaba para asegurarme de que estuvieran bien, al mismo tiempo, de esa manera al estar con ellos yo corroboraba que lo que me contaban realmente sucedía ya que me parecía increíble y muchas veces dudaba de lo que me decían. Un día, casi finalizando la tarde, estando en la parte de atrás de la casa, en el jardín. Pudimos ver, como, ante nuestros ojos se materializó una especie de buey de mediano tamaño. Este animal fantasmal que apareció a plena tarde, nos persiguió intentando con su enorme cabeza embestirnos. Haciéndonos correr despavoridos, mis asustados sobrinos y yo logramos huir hasta una pared mediana, logramos subir sobre este muro para ponernos a salvo de ese furiosa bestia. Y desde allí arriba vimos, así, en cuestión de segundo, así como apareció, se materializó y nos asedió. De igual manera, tan impredecible, se desvaneció dejándonos intimidados y exaltados por la carrera, la sorpresa y lo asombrosamente extraño de ese suceso. Las cosas cada día fueron más atemorizantes. De hecho, ya todos nos encontrábamos nerviosos al vivir esas situaciones. A tal punto que decidimos dormir todos en una misma habitación. Para hacer cualquier cosa que necesitáramos, íbamos juntos. Además incluso, mi hermana había solicitado la visita de un cura para que bendijera la casa, quien gentilmente se apersonó a nuestra residencia y la bendijo. Pero realmente no hubo mucho cambio en nuestra situación en el hogar. Recuerdo que pasado el tiempo, esos sucesos extraños acaecían con fuerza y se calmaban más o menos por cuatro o cinco días. Volviéndose a activar de sucesos desde leves como sólo un sonido extraño y melodioso, una brisa suave y cálida aún cuando las ventanas estaban cerradas a intensos golpes de cómo de martilleos y nuevamente una serena calma. Parecía que estas cosas llevaban un cierto ritmo para manifestarse.
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