Desde que se casó, o quizás desde antes, cuando conoció a Woo Sik en aquella aburrida fiesta de empresas, Han Do siempre había soñado con que el alfa lo amara, incluso pensó durante un tiempo que ellos podrían ser un matrimonio de esos que cometían cientos de locuras porque estaban enamorados, sin embargo, siempre pareció que la locura más grande fue casarse. Pero ese día, ante los ojos de Han Do, Woo Sik estaba actuando más extraño de lo que comúnmente lo hacía en el último tiempo, sintiendo su cuerpo ser apretado contra el espejo, los labios del alfa deslizándose por su cuello y sus manos tocando todo cuanto podían. Si le preguntaban al omega de cómo llegaron a eso, ni siquiera podía decir con seguridad, él sólo estuvo probándose ropa cuando el alfa lo “atacó”. Cientos de razones en la

