— ¿Estás loco?.
Fue lo primero que Lionnel Dupont escuchó tras salir de la oficina del director ejecutivo. El joven rubio se fijó en su hermana, tenía la mandíbula apretada y lo miraba molesta.
— ¿Qué te traes con la dueña de la constructora?.
— Siempre te dije que es de mala educación escuchar detrás de la puerta hermanita.
Roxanne levantó el dedo medio hacia su hermano, el cual simplemente se encogió de hombros para caminar rumbo a la salida.
— ¡Lio!.
La joven suspiró mirando hacia la puerta de su jefe antes de caminar detrás de su hermano, lo alcanzó dando vuelta por el pasillo.
— ¡Lio!.
— Roxie, creo que te deje claro que aquí éramos desconocidos.
— ¡Mi jefe te acaba de correr!.
Lionnel observó a su alrededor antes de tomar a su hermana por el brazo quedándose junto a las escaleras de servicio.
— Él no me va a correr, quiere quedar bien ante la princesita pero ella cometió un error al meterse conmigo.
— ¿De dónde la conoces? — habló la joven soltándose del agarre de su hermano, conocía las actitudes de Lio.
— Cuando entre a trabajar aquí…
— ¡Menteur! — la joven pellizco a su hermano — Mi jefe ha dicho que ustedes ya se conocían.
Roxanne Dupont no pudo evitar sonreír cuando escuchó a su hermano rezongar.
— C´est la jeune fille du bar.
La joven se quedó pasmada ¿había escuchado bien?, ¿Aime Roux era la mujer que había engañado y robado a su hermano? Lionnel debía estar confundido pensaba la joven rubia.
— Ella…— intentó hablar Roxanne, pero las palabras querían salir de manera atropellada que tuvo que detenerse a pensar — ¿Estás seguro Lio?.
— ¿Por qué crees que Betancourt me quiere correr? — Lionnel fruncía el ceño — Ella se lo pidió, aquella princesita solo quiere que nadie descubra su secreto.
— Esa perra…
Lionnel sonrió rara vez su hermana se solía expresar de aquella manera hacia otras mujeres.
— Roxie la prioridad es la asignación de mi capitán.
— Te ayudaré.
El joven rubio asintió aun sin borrar la sonrisa, no quería meter a su hermana en problemas pero si necesitaría una manera de infiltrarse en la oficina de Mitchell Betancourt y ahora con lo sucedido claramente volverse aliado de ese hombre era imposible.
— Solo necesito investigar dentro de la oficina de tu jefe, necesito que me avises cuando no esté.
— Es imposible Lio, hay cámaras — Roxanne hizo una mueca — Necesitas una excusa.
Lionnel fue testigo de cómo el rostro de su hermana se iluminaba.
— Pensaré en algo — la rubia sonrió feliz — Solo tienes que estar al pendiente de que te manden a ti.
— Solo…hazlo con cuidado — dijo no muy convencido el rubio — Y otra cosa, si llegas a escuchar el apellido Leroy, es importante que en ese instante me lo hagas saber.
— Tranquilo hermanito — dijo la joven apretando el cachete del rubio, que solo frunció el ceño — Tengo la inteligencia de papá.
El joven colocó los ojos en blanco mientras reía.
— A bueno, no solo pierdes el tiempo tú, si no que se lo haces perder a la empleada nueva también.
Los dos hermanos se habían sorprendido al ver a la pelinegra aparecer de la nada.
— Señorita Roux, el joven Morin dejó algo en la oficina de mi jefe, lo he alcanzado para entregárselo — comenzó a hablar Roxanne, lo que menos deseaba era meter a su hermano en problemas.
— No me digas, ¿se lo entrega cerca su rostro? — la joven rubia apretó los labios ante el tono sarcástico de la pelinegra — Vuelve con Mitchell y dile porque has desaparecido de tu lugar, o le diré yo.
Lionnel vio como su hermana se iba molesta, aunque no lo demostrará seguramente maldijo una y mil veces a la pelinegra.
— No tienes porque tratar así a tus empleados, además creeme ella no es de mi interes.
— Disculpa — dijo Aimee cruzándose de brazos — ¿Porque debo preocuparme de con quien te revuelcas?.
Lionnel sonrió de lado subiendo los escalones hasta que su cabeza llegó a la misma altura de la joven.
— Porque estás celosa.
Aimee soltó una sonrisa sarcástica.
— ¿De ti?.
— Si porque de lo contrario no me explico porque sigues aquí.
La joven apretó los labios sintiéndose irritada al ver aquella sonrisa fanfarrona del rubio.
— Te recuerdo que la dueña de todo el edificio soy yo.
— ¿Y la dueña del edificio tiene cosas que hacer en las escaleras de servicio? — Lionnel sonreía invadiendo aún más el espacio de la pelinegra, aún a pesar de lo del bar aquellos ojos zafiro lo seguían atrayendo, sus ojos se desviaron hacia los labios de la joven cubiertos por aquel labial rojo levemente separados.
Aimee Roux se había quedado estática observando los movimientos de aquel hombre, hasta que su cuerpo se sintió estremecer ante su cercanía.
— ¿Me vas a robar otro beso como en el bar? — Lionnel había dicho aquello rozando los labios de la joven, no entendía porque no podía evitarlo, sabía que tenía que alejarse y estaba por hacerlo cuando sintió las manos de la pelinegra enredarse en su cuello.
— Querido, si crees que “eso” fue un beso tu vida debe ser muy mediocre.
Lionnel Dupont apretó su mandíbula, forzando a su rostro a que sonriera.
— Pues la tuya debe ser muy vacía para tener que estafar gente teniendo lo que tienes princesita.
— Eres un bruto — soltó Aimee alejándose del rubio que sonreía con burla — Espero que pronto te desaparezcas de mi empresa.
— Sobre eso — dijo el joven colocando las manos en su bolsillo — Mitchell Betancourt tiene unas preguntas para ti sobre la pequeña mentira que le dijiste.
— Yo no mentí.
— ¿A no? — siguió hablando Lío con fingido interés — Creo que entonces no le molestaría saber que hay una denuncia por robo y extorsión en tu contra ¿o si?.
Aimee trataba de comprender que tanto era verdad de lo que decía aquel hombre, ¿no sería capaz de contar la verdad o sí? se preguntaba, pero al mismo tiempo su cerebro le hacía ver que el hombre frente a ella era el que menos tenía que perder, después de todo la víctima había sido él.
— No puedes decirle.
— ¿Por qué no? — Lio comenzó a caminar hacia el pasillo, se le hacía tarde y su capitán había pedido verlo para un resumen de esos días — Tu amigo me intento comprar, lo cual es un delito también.
— ¿Puedes detenerte?.
— Mi turno acabó, tengo prisa.
La joven pelinegra se detuvo cruzándose de brazos cuando se dio cuenta de que lo hacía, estaba siguiendo a aquel hombre como si de un perrito se tratara, suspiró al ver como se daba la vuelta sin siquiera mirarla, pensó en las palabras de Devon sobre hablar con él, pero sería inutil, resignada la joven se dirigió hacia el tercer piso.
En las oficinas centrales de la policía de Montreal, se encontraba un joven moreno tecleando febrilmente había estado siguiendo la actividad de Jaques Leroy, pero aquel hombre parecía mantenerse bajo perfil, como si de pronto se hubiera vuelto un buen cuidado, respetando las reglas de la sociedad. Aun así el capitán Miller insistía en tenerlo vigilado, ese hombre actuaría en cualquier momento y un descuido podía darles el triunfo.
— Hey Charlie.
Charlie Chevalier despegó la vista de los monitores al ver a su mejor amigo recargado en el marco de la entrada al laboratorio de investigación.
— Lio, Lio ¿que haces aquí hermano?.
— Me ha citado el capitán, quiere un informe de estos días pero antes — Lionnel extendió un pequeño trozo de papel con dos nombres escritos — Averigua lo que puedas de ellos, realmente pensé que no sería necesario, pero en este primer informe no hay buenas noticias.
— ¿Devon Maconi y Mitchell Betancourt?.
— Aprendete los nombres y quema el papel Charlie, no debe haber rastro.
— Hermano, soy un fantasma pero estas computadoras son de la oficina central.
Lionnel sonrió.
— Pero tu eres el mejor Charlie.
— Te costará varias cervezas.
— Hecho.
El joven detective salió de aquel laboratorio camino a la oficina del capitán Miller, no podía evitar sentirse nervioso, después de todo no había cumplido en nada aquella misión. Entró en la oficina luego de escuchar la voz que le dijera que pasará.
— Agente Dupont, me alegra verlo.
— Capitán Miller yo…— el joven rubio detuvo su hablar al darse cuenta de que no estaba solo con el capitán, un mujer de piel morena con el rostro bastante serio lo miró de manera inquisitiva antes de desviar de nuevo la vista hacia Simón Miller — Lo siento, desconocía que estaba ocupado.
— Por favor agente Dupont, tome asiento.
— ¿Señor?.
— Si tiene duda de quién es la agente que nos acompaña, se lo resolveré luego de que me diga como va la misión.
Los nudillos del joven rubio se volvieron blancos, Simón Miller estaba consciente de que no le había gustado a su agente verse expuesto de aquella manera y mucho menos cuando comenzaba su carrera como detective, pero los altos mandos le estaban presionando, necesitaba mostrar algo, se había mantenido oculto mucho tiempo, como capitán de aquella unidad, era momento de resurgir su vida estaba dentro de la política y atrapar a Jaques Leroy era un pase de oro.
— He tenido algunos inconvenientes — comenzó a hablar el rubio — Pero estoy tras una buena pista.
— Agente Dupont, el tiempo corre, han pasado días en una misión de reconocimiento que tenía que ser fácil.
— Ser un peón de mantenimiento no es la libertad que yo esperaba.
Simón Miller se levantó encendiendo aquel puro; se lo habían traído de aquella famosa ciudad en América latina, el sabor era fuerte pero con un poco de sutileza justo como su personalidad.
— Lionnel, muchacho — dijo arrojando el humo hacia aquella ventana donde podía ver a los nuevos reclutas siendo entrenados — No quiero arrepentirme de haberte dejado a cargo de esta misión, pero temo que tengo que ponerte ciertos requisitos.
— ¿A que se refiere?.
— Tendrá una semana agente Dupont, para darme algo palpable o de lo contrario la agente Dorian le suplantará, lo que ocasionará que aquella placa que tanto anhelo se le será retirada.
¿Cómo era posible que una simple misión se hubiera complicado tanto? ¿Cómo podía obtener información si cada paso que daba en aquel lugar estaba vigilado? Lionnel Dupont asintió de manera firme, tenía que adelantar los planes con su hermana, tenía que entrar en aquella oficina, no era de los que se daban por vencido, demostraría por encima de lo que fuera de lo que Lionnel Dupont era capaz.