Francis Dupont trataba de evitar que la lluvia entrara a su casa, las viejas tablas del pórtico ya estaban desgastadas y dejaban pasar el agua cuando llovía de aquella manera, había hecho desidia cuando Fiorella le solía decir que tenía que cambiarlas; Francis miró al cielo la lluvía había cesado casi por completo, pero le sorprendió ver cómo su hijo llegaba corriendo completamente empapado.
— Tu madre pondrá el gritó en el cielo.
Lionnel dejó salir un resoplido ¿como era posible que su día hubiera terminado así?.
— El capitán Miller me ha asignado una misión.
— ¿En tu primer día? — dijo sorprendido el hombre mayor.
— Tengo que estar de encubierto, trabajando como peón en una constructora.
Francis dejó salir una suave risa, mientras entraba a la casa con su hijo detrás.
— Muchacho, ¿no esperabas salir a combate en tu primer día o sí? ¿o resolver algún homicidio?.
El joven rubio se deshizo de su camisa mojada, ¿resolver un homicidio? Quizá eso era lo que había sucedido con Richard Roux.
— He visto esa mirada antes — habló Francis ganando de nuevo la atención de su hijo — No apresures las cosas Lionnel, tu ansiedad te puede llevar a cometer muchos errores.
— Tranquilo papá, solo es recabar información — Lionnel tomó las ropas mojadas — Iré a cambiarme de ropa, si llega Roxie dile que suba a mi habitación.
— Rox no viene hoy.
— Creeme, vendrá.
Lionnel entró a su habitación con su teléfono pegado al oído; por suerte se había mojado relativamente poco al igual que el uniforme nuevo; esperó pacientemente a que la otra línea contestara.
— Hey Lio, ¡felicidades hermano!.
— Charlie hey, gracias, pero te llamaba porque necesito un favor.
— Lo que quiera el nuevo detective — Charlie Chevalier era el mejor amigo de Lionnel Dupont habían entrado a la academia juntos, pero Charlie se había dedicado más a especializarse en la tecnología, la búsqueda de información a través de un monitor era lo suyo.
— Charlie encontré a la chica de ojos de zafiro.
— ¿La de bar? — la voz al otro lado de la línea sonaba asombrada — ¡Dime que la encaraste!.
— Algo así — Lio hizo una mueca mientras se colocaba ropa seca — Se llama Aimee Roux.
El rubio sonrió al escuchar como su amigo tecleaba, sacaría toda la información que pudiera y eso le ayudaría a entrometerse más en la vida de aquella mujer.
— Siento decir que no hay mucho que decir, Aimee Roux volvió hace unos meses del continente europeo tras el fallecimiento de su padre Richard Roux…— se escuchó una pausa en la que Lionnel supo que su amigo había unido puntos — ¡Tiene que ser una broma viejo!.
— Lo sé Charlie, es una mierda ahora que trabaje para ella, aunque por otro lado es matar dos pájaros de un tiro, necesito que me averigues lo que puedas sobre Aimee Roux, lo que sea, me será útil para acercarme a ella.
— Será difícil hermano.
La puerta de la habitación se abrió dejando paso a Roxanne que miraba con una interrogante hacia su hermano mayor.
— Te lo encargo Charlie, es importante — después de eso Lionnel colgó la llamada — Roxie…
— ¡Debiste haberme dicho que irías a la misma empresa que yo! — el rubio solo rodó los ojos — ¿Qué hacías ahí?.
— Trabajando, estaré de encubierto.
— ¿Por qué?.
— No te lo puedo decir.
— No me vengas con que es confidencial — Roxanne se cruzó de brazos molesta — Además trabajaré ahí, si corro peligro tienes que decirme, soy tu hermanita.
Lionnel frunció el ceño.
— Renuncia mañana.
— ¡Claro que no!.
— Entonces no fastidies Roxie, pero eso sí, tú no me conoces.
— ¿Y si algo me pasa?.
El joven rodó los ojos mientras salía de su habitación, conocía perfectamente a su hermana actuaba de aquella manera para sacarle información, pero por ahora no la quería metiendo sus narices, quizá después le pidiera ayuda despues de todo Roxanne va a estar cerca de la pelinegra.
— No te pasará nada Roxie.
Antes de que alguno dijera algo más, Fiorella Dupont apareció al final de las escaleras con una sonrisa.
— Cariño qué sorpresa — dijo la mujer extendiendo la mano hacia su hija — Tu padre ha dicho que has llegado corriendo, ¿vendrá Danilo?.
— No mamá, de hecho yo también me retiro solo he venido a traerle algo a Lio.
— O no cariño, quédate a comer hace mucho que no estamos los cuatro solos, como cuando eran pequeños ¿recuerdas?.
Lionnel sonrió a su hermana encogiéndose de hombros, lo que su madre decía era verdad habían dejado de lado aquellas tardes familiares, luego de que cada uno tomará su propia carrera, después la apresurada boda de Roxanne casi luego de salir de la universidad, ese cambio de ambiente había mejorado su humor, después de todo quién sabe cuánto tiempo duraría aquella misión.
Los cubiertos se escuchaban en aquel enorme comedor. El sol no había salido pero al menos la lluvia había cesado por completo; Devon Maconi masticaba mirando de vez en cuando a su amiga, que parecía enfrascada en una pelea silenciosa con aquella milanesa, para el castaño comer en aquella casa siempre era algo estresante, sabía a la perfección que su presencia disgustaba por completo a Donald Roux, desde que eran niños aquel hombre se había negado de manera rotunda a que su nieta mantuviera una amistad con él, desconocía el porqué y nunca quiso indagar, pero desde que Aimee había vuelto, de vez en cuando ella insistía en que la acompañara a su casa, que su abuelo ya no era el de antes, eso para Devon era una completa mentira.
— Una muy buena cena señor Donald, siempre tan…
— Hasta que no terminemos todos de cenar se hacen comentarios — Aimee rodó los ojos al escuchar a su abuelo, aun asi un atisbo de sonrisa se formo en sus labios, Devon se empeñaba en caerle bien a su abuelo y su abuelo, en que Devon, no fuera Devon.
— Abuelo, gracias por la cena pero es mejor que Devon y yo nos retiremos, con su permiso.
El castaño se levantó de inmediato, siguiendo a la pelinegra.
— No es gracioso — dijo Devon al ver que Aimee sonreía con burla.
— ¿Cómo es que no se pueden llevar bien?.
— Tu abuelo huele el miedo.
Los dos jóvenes entraron a la habitación de la pelinegra, lo anaranjado del atardecer luchaba por salir de entre las nubes grises, por lo menos la noche será despejada pensaba la pelinegra dejándose caer en su cama.
— ¿Te quedarás un rato más?.
Devon negaba con la cabeza dejándose caer al lado de la pelinegra, a veces se sentía como adolcesente de nuevo.
— No puedo, tengo que cuidar a Susie.
Aimee Roux no pudo evitar sonreír, Devon podía tener muchos defectos, pero adoraba a Susie, su pequeña hermana apenas había cumplido los cuatro años, según contaba el castaño para todos fue una sorpresa pues a sus veintiún años se había convertido por primera vez en hermano.
— Deberías presentarme ya, no la conozco.
— Eres mala influencia.
Devon sonrió al sentir el golpe de la almohada en su rostro.
— ¿Qué haremos con ese hombre? — dijo en un suspiró lleno de preocupación el castaño.
La joven sabía que su amigo se refería a Leonard Morin.
— Hable con Silver, Mitchell estará a prueba como director ejecutivo, él se encargará de Leonard Morin.
Devon Maconi abrió y cerró la boca varias veces por la impresión.
— ¿Confiarás en él?.
— Bueno, estará a prueba — dijo la joven encogiéndose de hombros — Además fuimos amigos antes.
— Aimee pasaron años, no esperes que sea el mismo Mitchell Betancourt que conocimos.
— Devon…
— No, escucha sabes que te apoyo en absolutamente todo, pero confiarle tu empresa a un hombre que apenas vuelves a conocer — Devon hizo una mueca desaprobatoria — Además, quien no te dice que el otro hombre no va a decir nada cuando lo despidan.
— Yo…
— Tienes que hablar con ese hombre Aimee, llegar a un acuerdo.
— Ya hable con él Devon, pero si tu no hubieras tomado su cartera.
— ¿Me estás echando la culpa? — Devon se levantó de la cama molesto, admitía que tomar aquel dinero no era legal, pero solo era un juego, al final aquellos hombres se lo merecían más por obscenos — Te recuerdo que engañar a aquellos hombres, fue idea tuya.
— Sabes perfectamente que no fue así, Marlene…
— Bien — dijo Devon de manera tajante — Ya sabes a quien culpar.
Aimee Roux suspiró, no quería discutir con Devon, él tenía razón siempre estaba para ella en todo momento, siempre apoyándola, era su mejor amigo.
— Lo solucionaré.
— Oye enana, lo siento, es solo esos hombres buscaban sobrepasarse con ustedes, unos cuantos dólares, no les afecta.
— Sí — dijo con una sonrisa de lado — Quizá tengas razón, aun así Mitchell prometió ayudar y le creo.
— Si insistes con ello — Devon se encogió de hombros — Una cosa más.
La joven observó a su amigo que formaba una pequeña sonrisa en su labios.
— ¿Sentiste algo al ver de nuevo a Mitchell Betancourt?.
Aimee Roux se quedó perpleja al escuchar al castaño, habían pasado muchas cosas aquel día pero su mente viajó a cuando vio a Mitchell empapado mirándola con aquellos ojos que antes la hacían flaquear las piernas, no había pensado en que había sentido al verlo, solo había sido sorpresa, pero ahora, ya que pensaba con mayor claridad, sentía como su corazón se acelera al recordar aquel encuentro, aquel cruce de miradas, negó con la cabeza quizá solo fuera emoción por el reencuentro.